| Surgen
contradicciones
Fabian D. Arcos
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cuando el
vicepresidente cubano Carlos Lage declaró que en Cuba había
dos presidentes, refiriéndose a Hugo Chávez, la mayoría
de los cubanos lo interpretaron como un agasajo al mecenas económico,
o en términos de buen cubano, "de chicharronería".
Luego del último viaje del mandatario venezolano lo que parecía
un eufemismo toma ahora aires de tanteo.
En la emisión 298 de su programa Aló
Presidente, desde Santa Clara, en el sitio donde se venera a Ernesto
Guevara, el presidente venezolano declaró que "somos
un solo gobierno, vamos hacia la confederación de repúblicas
bolivarianas, martianas, caribeñas, suramericanas".
Y enfatizó sus ideas afirmando que "ambas naciones podrían
conformar una confederación de repúblicas, dos repúblicas
en una, dos gobiernos en uno".
Algunos, con cautela, han calificado esas expresiones
como "entusiasmo desmedido" y "excesos retóricos",
propio del presidente Chávez.
Por su parte, la reacción de la dirigencia
cubana es cautelosa. Los recibimientos y agasajos al mandatario
venezolano se ven corroborados por el aguante mostrado en el programa.
El colofón lo puso el General Raúl Castro cuando se
limitó a declarar que "con la firma de estos acuerdos
hacemos una significativa contribución al proceso de unión
e integración entre Cuba y Venezuela".
Integración no significa una "confederación
de repúblicas". Pero algo más que un rejuego
de palabras y significados, están implícitos la dirección
y el objetivo de cada parte.
Chávez, el principal portavoz del estado
de salud del Comandante en estos quince meses, sabe muy bien que
su sillón quedará pronto vacío. Una confederación
entre Venezuela y Cuba lo situaría a él por encima
del General, con mucho menos carisma que el venezolano. Y en la
proyección de Chávez el valor agregado más
valioso es la reputación política a heredar.
La variable de la confederación conlleva
a numerosos y obligatorios cambios. Se trataría de que Cuba,
la veterana del socialismo en América, pasara del modelo
del socialismo real estalinista, al llamado socialismo del siglo
XXI. En su propia alocución en Santa Clara el presidente
venezolano defendió la propiedad privada, algo inimaginable
para los que hoy detentan en poder en Cuba. Y claro, ese fragmento
no fue retransmitido en el extracto brindado en el espacio de la
Mesa Redonda para el pueblo cubano.
Ese socialismo de nuevo tipo conlleva la existencia
de diversos partidos políticos, en especial los de la oposición,
y elecciones libres, supervisadas y certificadas como ha ocurrido
en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. ¿Estaría
de acuerdo el gobierno cubano a hacer esos cambios consustanciales
a la nueva imagen del marxismo del siglo actual?
Y no hablemos de la existencia de medios alternativos
de difusión. El fantasma de la Glasnot quita el sueño
a los gobernantes cubanos, si no que lo digan las interferencias
a Tele y Radio Martí y los bloqueos a los sitios contrarios
al gobierno en la red de redes, incluso para los privilegiados que
a ella tienen acceso.
Afloran las contradicciones. Los teóricos
de izquierda las señalarán como "no antagónicas".
Algunos, los más idealistas, creerán que para sostener
el socialismo en Cuba las reformas, de corte chino o venezolano,
son inevitables. Pero lo que sí resulta a todas luces es
que por lo menos Raúl Castro no es tan optimista como Chávez.
Bien lo definió el General cuando le dijo a su amigo Hugo
que él habla "menos que Fidel y mucho menos que Chávez".
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