31 de octubre de 2007
 
 
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31 de octubre de 2007

Surgen contradicciones

Fabian D. Arcos

LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cuando el vicepresidente cubano Carlos Lage declaró que en Cuba había dos presidentes, refiriéndose a Hugo Chávez, la mayoría de los cubanos lo interpretaron como un agasajo al mecenas económico, o en términos de buen cubano, "de chicharronería". Luego del último viaje del mandatario venezolano lo que parecía un eufemismo toma ahora aires de tanteo.

En la emisión 298 de su programa Aló Presidente, desde Santa Clara, en el sitio donde se venera a Ernesto Guevara, el presidente venezolano declaró que "somos un solo gobierno, vamos hacia la confederación de repúblicas bolivarianas, martianas, caribeñas, suramericanas". Y enfatizó sus ideas afirmando que "ambas naciones podrían conformar una confederación de repúblicas, dos repúblicas en una, dos gobiernos en uno".

Algunos, con cautela, han calificado esas expresiones como "entusiasmo desmedido" y "excesos retóricos", propio del presidente Chávez.

Por su parte, la reacción de la dirigencia cubana es cautelosa. Los recibimientos y agasajos al mandatario venezolano se ven corroborados por el aguante mostrado en el programa. El colofón lo puso el General Raúl Castro cuando se limitó a declarar que "con la firma de estos acuerdos hacemos una significativa contribución al proceso de unión e integración entre Cuba y Venezuela".

Integración no significa una "confederación de repúblicas". Pero algo más que un rejuego de palabras y significados, están implícitos la dirección y el objetivo de cada parte.

Chávez, el principal portavoz del estado de salud del Comandante en estos quince meses, sabe muy bien que su sillón quedará pronto vacío. Una confederación entre Venezuela y Cuba lo situaría a él por encima del General, con mucho menos carisma que el venezolano. Y en la proyección de Chávez el valor agregado más valioso es la reputación política a heredar.

La variable de la confederación conlleva a numerosos y obligatorios cambios. Se trataría de que Cuba, la veterana del socialismo en América, pasara del modelo del socialismo real estalinista, al llamado socialismo del siglo XXI. En su propia alocución en Santa Clara el presidente venezolano defendió la propiedad privada, algo inimaginable para los que hoy detentan en poder en Cuba. Y claro, ese fragmento no fue retransmitido en el extracto brindado en el espacio de la Mesa Redonda para el pueblo cubano.

Ese socialismo de nuevo tipo conlleva la existencia de diversos partidos políticos, en especial los de la oposición, y elecciones libres, supervisadas y certificadas como ha ocurrido en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. ¿Estaría de acuerdo el gobierno cubano a hacer esos cambios consustanciales a la nueva imagen del marxismo del siglo actual?

Y no hablemos de la existencia de medios alternativos de difusión. El fantasma de la Glasnot quita el sueño a los gobernantes cubanos, si no que lo digan las interferencias a Tele y Radio Martí y los bloqueos a los sitios contrarios al gobierno en la red de redes, incluso para los privilegiados que a ella tienen acceso.

Afloran las contradicciones. Los teóricos de izquierda las señalarán como "no antagónicas". Algunos, los más idealistas, creerán que para sostener el socialismo en Cuba las reformas, de corte chino o venezolano, son inevitables. Pero lo que sí resulta a todas luces es que por lo menos Raúl Castro no es tan optimista como Chávez. Bien lo definió el General cuando le dijo a su amigo Hugo que él habla "menos que Fidel y mucho menos que Chávez".



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