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DISIDENCIA
El doctor Biscet
Guillermo Fariñas Hernández,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, Cuba, octubre (www.cubanet.org)
- Existen quienes afirman que la primera víctima
de la gran ola represiva de 2003 fue el doctor
Oscar Elías Biscet.
Los valiosos hombres y mujeres que se integran
a la oposición pacífica, ven, entre
los opositores más carismáticos,
al doctor Biscet, presidente dentro de la prisión
de la Fundación Lawton de Derechos Humanos.
El activista Biscet llegó a llamar con
su actitud la atención de los analistas
de la policía política, cuando dio
sus primeros pasos dentro de la disidencia.
Oscar Elías es un hombre con arraigadas
convicciones cristianas, valentía personal
e integridad moral. Seguidor consecuente de los
métodos de la desobediencia civil, modo
de lucha que lo ha llevado a la cárcel
en varias ocasiones. Es hogareño, familiar,
y un negro casado con una mujer blanca, lo que
es un sacro delito para el fidelismo racista.
El médico residente en el capitalino barrio
de Lawton ha marcado hitos en los eventos contestatarios
al régimen. Él fue el primero en
denunciar los asesinatos a través del aborto
que ocurren a diario en el hospital materno infantil
Hijas de Galicia.
Otra de sus victorias sobre el totalitarismo
fue el ayuno de Tamarindo 34, que convirtió
a Biscet en una suerte de intocable ante los costos
políticos de la represión contra
él.
Oscar Elías se consagró en la Cumbre
Iberoamericana de 1999, donde acaparó la
atención de la opinión pública
internacional, con los sucesos del Parque Butari.
A pesar de su costo político y diplomático,
y sin saberse todavía el primer detenido
del Grupo de los 75 de la Primavera Negra de Cuba,
a Oscar Elías, que sólo llevaba
37 días de supuesta libertad, la venganza
le llegó de repente, cuando pretendía
realizar una actividad cívica por el 10
de diciembre de 2002, Día de los Derechos
Humanos, lo que le costó una condena de
25 años.
Oscar Elías es un caso especial debido
al color de su piel, algo contrastante con una
mentalidad racista como la del comandante en jefe,
quien ha expresado en público: "De
racismo no hablemos en Cuba, porque existe lo
mismo de los blancos hacia negros, como de los
negros hacia blancos
mejor me cayo la boca,
para no ofender a los negros".
Dicho por el dirigente de un gobierno que lleva
47 años en el poder, adquiere una connotación
de verdad absoluta e irrebatible. Anunciado por
el propio Castro, dado el carácter personalista
de la revolución cubana, hace que su alusión
racista se convierta en santa palabra.
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