|
POLITICA
Transferencia emocional
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) -
En su última reflexión, Fidel Castro
aseguró que el presidente de los Estados
Unidos, George W. Bush, "está obsesionado
con Cuba". Resulta curioso, pero todo parece
indicar que quien está obsesionado con
el presidente norteamericano es Fidel Castro.
En esta misma reflexión, Castro se refirió
a lo que harían los enemigos de su régimen,
en caso de que este fuese derrocado. De acuerdo
con el Comandante, estos se dedicarían
a fusilar a los castristas vencidos. Quizás
Fidel Castro piensa sinceramente que la mejor
forma de estrenar el poder es fusilar adversarios
políticos. A fin de cuentas, eso fue exactamente
lo que él ordenó hacer en enero
de 1959.
A esta conducta los psicólogos y los psiquiatras
la llaman transferencia emocional. El sujeto desplaza
características propias y sentimientos
a otra persona o grupo de personas. Simplemente
se transfieren determinados rasgos de un sujeto
a otro, o de un grupo o conjunto a otro. De forma
simplificada, es más o menos así.
Es comprensible que Castro y quizás otros
de su clase piensen como lo hacen. A fin de cuentas
se formaron o se deformaron así. No tiene
caso esperar algún elemento nuevo demostrativo
de que evolucionaron o se humanizaron algo más
con el paso del tiempo.
Las revoluciones son sangrientas y siempre innecesarias.
No existe mejora o cambio en la evolución
social, económica o política de
un pueblo que no salga mejor de cualquier otra
forma. En una revolución no existen vías
para atajar la efusión de sangre.
Sin embargo, si se trata del castrismo vale la
pena aclarar algo: lo que fue históricamente
la revolución duró apenas cinco
años. Digamos desde 1957 hasta 1962. En
este periodo murió poca gente. Antes de
1959, menos de 3000 según un cálculo
muy conservador. Lo peor vino después.
Peor que la revolución más sangrienta
es una dictadura totalitaria. La confrontación
que existe hoy en el mundo es la confrontación
de la democracia y sus valores eternos contra
sus enemigos. No se trata de izquierda vs. derecha.
Más que esto, se trata de democracia vs.
totalitarismo.
Lo triste y negativo del castrismo no es si se
ubica más o menos a la derecha o a la izquierda.
Es su carácter deshumanizador, su tiránica
actividad dirigida contra el hombre y sus más
caras aspiraciones.
No es válido que Castro en su senilidad
transfiera las características de su revolución
y de los revolucionarios a los demócratas.
Todos los demócratas o al menos la inmensa
mayoría tenemos familiares (más
o menos allegados) militantes del Partido Comunista
o en los Comités de Defensa de la Revolución
(CDR).
No somos los demócratas los que aconsejamos
abroquelar el corazón frente a la compasión.
Esta pieza diabólica está presente
entre los órdenes del Comandante en Jefe
al Ministerio del Interior. Es de la autoría
del propio Fidel Castro. No hay que olvidar en
la víspera de la Crisis de Octubre de 1962,
que el propio Castro pidió al gobierno
soviético atacar el territorio continental
de los Estados Unidos con armas atómicas.
Cosa de revolucionarios es y ha sido inspirarse
en el odio. Aspirar a ser frías y eficientes
máquinas de matar, y además, invitar
a un poeta rumano a presenciar un fusilamiento.
Hasta donde sé, los demócratas preferimos
mostrar bibliotecas independientes a los visitantes.
Los demócratas cubanos dentro y fuera
de la Isla actuamos motivados por el amor. Lo
de programar fusilamientos y venganzas es propio
de castristas. A fin de cuentas ellos y sólo
ellos afirman la necesidad de la pena de muerte.
La segunda alternativa que reservan a los cubanos
siempre ha sido y será esa la muerte.
|