|
HISTORIA
Las voces lejanas de la microfracción
Luis Cino
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) -
En octubre de 1967, cuando anunciaron en Cuba
la muerte de Ernesto Ché Guevara en Bolivia,
ya habían empezado los arrestos contra
los implicados en el proceso contra la microfracción.
Todos eran militantes del Partido Comunista de
Cuba. Muchos de ellos provenían de las
filas del histórico Partido Socialista
Popular. El propio máximo líder
los acusó de revisionistas y sectarios
y de "conspiración pro soviética.
Lo primero que se habló oficial y públicamente
de ellos, lo dijo el Raúl Castro, en enero
de 1968, durante un pleno del Comité Central:
"A mediados de 1966, concurre información
de varias vías, todas confiables, que nos
hacían suponer la existencia de una corriente
de oposición ideológica a la línea
del Partido. No provenía precisamente de
las filas enemigas, sino de gente que se movía
dentro de las propias filas de la revolución,
actuando desde supuestas posiciones revolucionarias".
La purga fue severa. Muchos cumplieron años
de cárcel. Ninguno fue rehabilitado.
Han pasado 40 años de la muerte de Guevara
y del inicio del proceso contra la microfracción.
El General Raúl Castro, que sustituye al
convaleciente máximo líder, ha llamado
a los cubanos a ser críticos y expresarse
sin temor sobre los problemas del país
en las asambleas que convoca el Partido.
Y se vuelven a escuchar las voces lejanas de
la microfracción. Las cosas que dicen ahora
mismo los cubanos en las asambleas, con más
o menos temor, no difieren mucho de las que decían
los viejos militantes comunistas que fueron satanizados
en 1968.
Critican la excesiva centralización, el
voluntarismo, el improductivo monopolio estatal,
la burocracia asfixiante, las penurias que sufre
la población. Se habla de liberar las fuerzas
productivas. De entregar la tierra a los que la
viven y la trabajan. Señalan que la propiedad
socialista sobre los medios de producción
no tiene necesariamente que ser estatista.
40 años atrás, Pedro Campos Santos,
un ex funcionario comunista que ha presentado
un plan de reformas de 15 puntos al Comité
Central, hubiera ido a parar a prisión.
Los medios oficiales gustan decir por estos días
que "el país es un hervidero de ideas".
Advierten que "el enemigo pretende introducir
su agenda en el debate de los revolucionarios".
Casualmente, la agenda disidente se parece mucho
a la del resto de los cubanos.
Por los periódicos y en la TV, nos bombardean
y abruman con el indescifrable socialismo del
siglo XXI. En la calle se habla de otras cosas.
De trotskismo, del NEP, del XX Congreso del Partido
Comunista Soviético, de la necesidad de
amnistiar a los presos políticos, del modelo
chino, la Perestroika, los Estados Generales y
hasta de la toma de la Bastilla.
Parece ser que al fin empieza a agotarse el argumento
paralizante de que "criticar el socialismo
es darle armas al enemigo". Hace un par de
semanas, escribía en su blog (luisexto.blogia.com)
el periodista Luis Sexto: "El enemigo está
contento cuando nosotros no criticamos
Ciertos
errores sin crítica pública siguen
haciendo daño". Calificar de enemigo
a todo el que no opina igual es uno de los más
graves.
No me gusta crearme falsas expectativas. Conozco
el viejo proverbio bengalí: "El que
cabalga un tigre, no puede descabalgar".
Prefiero pensar que los dirigentes cubanos han
aprendido algo de las duras lecciones de la historia.
Que, por el bien de todos, no van a desaprovechar
también esta oportunidad.
|