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Auténtico,
solitario y musical
Raúl Rivero, 28 de octubre
de 2007.
Pedro Luis Ferrer es un músico cubano.
Tiene una excelente opinión de sí
mismo. Se considera un cruce de Luciano Pavarotti
y el maestro Paco de Lucía.
Por fortuna no es así. Es sólo
un guajiro (paleto) de una zona del centro de
Cuba que se llama Yaguajay. Campo adentro, bien
adentro, donde la guitarra es tan importante como
el agua fresca. Las décimas, que llegaron
allá directamente desde Ronda, las improvisa
cualquiera en una canturía, unas fiestas
que pueden durar tres días y se acaban
porque los cantantes se quedan roncos, se acaba
el ron y los laúdes pierden las cuerdas
y se queda muda la caja de resonancia.
La verdad es que canta bien, se defiende con
la guitarra y está en Madrid, en el Café
Central. Ha llegado con sus viejas canciones que
lo hicieron popular en la Isla y con otras que
también le dieron mucha fama, pero -caprichos
del socialismo- lo sacaron de las emisoras de
radio y de televisión.
Es un compositor que se siente cómodo
en cualquier casa. Es un maestro de la ironía
y el humor de altura. A veces le quita el traje
de la música a sus textos y escribe sonetos,
décimas, versos conversacionales y novelas.
Se le trata de encasillar y presentarlo ungido
a una yunta de bueyes o dormido bajo un palmar,
pero es un artista universal, con excelentes canciones
de amor y piezas antológicas en tiempos
de son o de guaguancó. Ha escrito música
para cine y ha ofrecido conciertos de guitarra
en su país y en el extranjero.
En los últimos años se hace acompañar
en sus actuaciones por su hija Lena, una voz que
tiene una base de miel y de cenizas.
Ferrer ha sido el representante de las protestas
de las vacas criollas por la introducción
de la inseminación artificial. Le ha cantado
a las mariposas, a los santeros, las jineteras,
los jubilados y se ha metido en temas complejos
para los parámetros de los farsantes del
poder en Cuba. Pero está ahí. Con
su música, a veces, en otra parte. En una
guardarraya de libertad que nadie más que
él sabe dónde tiene los pelos de
alambre.
Pedro Luis Ferrer es un poeta.
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