|
Un
espejo para la cobardía
Alejandro Gómez. El
Nuevo Herald, 28 de octubre de 2007.
Probablemente el discurso del presidente Geroge
W. Bush tuvo inexactitudes. También repitió
argumentos escuchados varias veces en el pasado.
Y los bufones de La Habana, con Pérez Roque
a la cabeza, utilizaron Granma y la Mesa Redonda
para demostrar que los cubanos podían escuchar
a Bush sin ningún riesgo. Lástima
que todo el mundo sabe que, por mucho menos que
eso, hay gente purgando décadas de prisión.
Pero el centro del discurso de Bush fue la comunidad
internacional y su público principal era
el cuerpo diplomático que escuchaba en
el Departamento de Estado.
El Presidente dijo correctamente que la vergüenza
espera en el futuro a todos aquellos que han mirado
para otro lado durante casi medio siglo.
El actual gobierno argentino ha hecho de la defensa
de los derechos humanos y el juicio a los genocidas
una bandera. Derogó las leyes de amnistía
y va sentado en el banquillo a todos los criminales
que habían logrado escapar de la Justicia.
En Chile, desde la familia Pinochet hasta los
asesinos de uniforme que asolaron el país
durante 17 años están siendo llevados
a juicio y ya hay varios de ellos cumpliendo penas
de cárcel.
Y así, en todos casi todos los países
que padecieron dictaduras en el siglo pasado comienzan
los reclamos de saber dónde están
los desaparecidos y quiénes los desaparecieron.
En San Salvador hay un fuerte reclamo para derogar
la Ley de Amnistía para enjuiciar a los
asesinos de monseñor Arnulfo Romero, crimen
cuya autoría intelectual se adjudica al
fundador del partido de gobierno, Roberto D'Aubisson.
En la España de Rodríguez Zapatero
se discute la Ley de Memoria Histórica,
hecha para revisar las atrocidades del franquismo
y reinvidicar a los vencidos en la guerra civil.
Y es muy curioso que tanta gente preocupada por
derechos humanos y el castigo a sus violadores
hagan caso omiso de millones de personas que hace
casi medio siglo no vota, no puede informarse,
no puede salir de su país y no puede opinar,
entre otras tantas cosas que le están prohibidas.
Además de olvidar a las víctimas,
invitan a los victimarios a sus cumbres y fiestas,
los condecoran, los felicitan y les dan grados
honoris causa. Y hasta llegan a la infamia de
no invitar a los disidentes cubanos a las fiestas
nacionales en las embajadas en La Habana.
Con excepción de Chile, que dijo que respetaba
la autodeterminación de los pueblos pero
que exigía respeto a los derechos humanos,
la comunidad internacional ha hecho mutis por
el foro al discurso del presidente Bush.
No se trata de aportar o no al fondo de dinero
para ayudar a una Cuba libre, se trata de decir
en voz alta y sin miedo lo piensan de un régimen
oprobioso. Se trata de que no abandonen a su mala
suerte a un pueblo que no lo merece.
Se trata de que al verse en el espejo levantado
en el Departamento de Estado por Bush, sintieran
al menos un rubor en las mejillas, símbolo
de la vergüenza por su propia cobardía
moral.
|