PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 29, 2007

OLA REPRESIVA
El amor todo lo puede

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press

LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - El sol va cubriéndose con el horizonte. Se despide de otra jornada, escoltado por unas nubes que imitan a un séquito de doncellas. Entre la blancura de los nimbos brotan los últimos destellos. Hay una leve sucesión de colores en la luminosidad que traza sobre el cielo un sinfín de figuras geométricas.

La naturaleza habla, sugiere, invita a un diálogo. Abajo, junto a un árbol frutal hay una dama que eleva una oración a la providencia. Está concentrada en sus intenciones.

Quiere oír la voz del universo. Tener la evidencia de que Dios escucha las peticiones que eleva al infinito con un combustible extraído de las profundidades del alma.

Murmura intensamente. Es el indicativo de la persistencia en un deseo que no acaba de concretarse. Pide fuerzas para salir airosa del fiero combate contra los insomnios. Clama porque se acabe el agrio sabor de la tristeza.

Unas lágrimas se derraman de súbito. Es la sensibilidad que se precipita incontenible por las mejillas de Alejandrina García de la Riva. Una mujer que se alza entre las malezas del dolor y logra un contacto directo y sublime con Diosdado González Marrero, el hombre con el que se casó hace más de 20 años. El padre de sus dos hijos. El hijo de Antolina, la anciana de 82 años que teme morir sin ver a Diosdado regresar de la cárcel conocida como 5 y medio.

Alejandrina cubre los casi 300 kilómetros de distancia en segundos. Desde el municipio de Perico, en la provincia Matanzas, hasta Pinar del Río. Allí está preso aquel guajiro que conocí en noviembre de 2004 en los infortunios del encierro. El itinerario se hace recurrente y dotado de ciertas connotaciones mágicas. Basta una mirada al crepúsculo, seguida de la orden que pone a calentar las baterías del amor.

El viaje le reconforta sobremanera. Puede burlar el programa de visitas familiares que sólo le permiten ver a Diosdado muy pocas veces al año. Lo ve a una cuarta de distancia. Juntos recuerdan los días en el campo compartiendo en el surco el almuerzo condimentado con la ternura y el cariño sembrado en las mejores tierras.

En estos instantes la angustia se disipa con una décima creada con los recuerdos de la yunta de bueyes, la hora de la comida en familia, los preparativos para el desayuno de la pequeña hija, la última siembra de ají y frijoles, y las vicisitudes padecidas al despejar, manualmente, un campo cubierto de marabú. Diosdado no entona bien, pero a su espectadora le parece la mejor interpretación del mundo.

Hay tiempo de sobra para juntar las manos e intercambiar preocupaciones y proyectos. La intimidad no es parpadeo, es una contemplación sin pausas, una suerte de mirada intensa e inclaudicable.

Están allí felices al margen de la condena de 20 años de prisión que un tribunal impuso a Diosdado por hacer públicos sus desacuerdos con el régimen dictatorial.

No importa que los victimarios insistan en rociar con hiel el futuro. Alejandrina sabe endulzar el trago amargo. Aprendió a pelear y a ganar en los más de 4 años que soporta la ausencia de su pareja.

Diosdado lo único que pidió fue paz, amor y libertad. Tres palabras con las que dio nombre a su agrupación contestataria. Sigue considerándose un guajiro auténtico. Un hombre humilde y honesto. Piensa que las ideas no son para envolverlas en al anonimato. Hay que pronunciarlas, ponerles nombres y apellidos sin camuflajes ni otros resguardos contra la reacción de los gerentes del poder absoluto.

Alejandrina es una extensión de Diosdado. Una mujer con valores y dispuesta a todo porque a Cuba llegue la justicia y la libertad. Sobre estas premisas descansa la certeza del retorno de los más de 200 presos políticos y de conciencia que languidecen en las cárceles de Cuba.

La primavera de 2003 aún aparece como un nubarrón entre los rezos que hacen compañía a los atardeceres de Perico. Fueron incautadas las fotos de la boda, los folletos religiosos repartidos en la iglesia católica del poblado, la recaudación para ayudar a los feligreses más pobres y hasta el alimento de los cerdos.

Lo peor fue la captura de Diosdado. "Yo lo espero todos los días", dice convencida Alejandrina como si tuviera la certeza de su repentina llegada.

 


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