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HUMOR
Nefasto, los salarios y el multioficio
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cuando
el salario no alcanza para vivir, nada mejor que
un son, una guaracha o un bembé. No se
puede olvidar que la vida en Cuba es un carnaval
y las penas se van cantando.
Sin embargo, músicos considerados de alto
pedigrí cultural por ser parte de la nobleza
rítmica que sacude al país como
a una común maraca, dicen encontrarse heridos
de sombras, perdidos en el platanal de Bartolo,
y a punto de realizar una marcha de protesta desde
La Habana hasta Santiago, a pie.
Sólo porque hace tres meses no se les
abona el salario, quienes integran el Cuarteto
Principeño, de Camagüey, han decidido
cambiar su nombre por el de Los cuatro esclaviños.
Y eso no es justo, pues si tomamos en cuenta
que la dirección del Centro Provincial
de la Música de Camagüey está
obligada a cumplir el plan técnico económico
de la entidad a cualquier precio, nada más
lógico que sacarlo del incumplimiento al
pago de sus trabajadores.
Hay que estar conscientes de que si la patria
y la guaracha están por encima de la familia,
y el son y el bembé constituyen una parte
importante del escudo y espada de la nación,
nada mejor para salvarnos en salud mental que
trabajar sin obtener un salario imaginario, aunque
el bulto se desborde en las manos.
Si de nada sirve, pues no alcanza, ¿para
qué lo quieren? ¿Acaso están
influenciados por el afán de acaparamiento?
¿Les gusta escuchar el sonido 500 cuando
saben en realidad que se convierte en 20 que a
su vez se transforma en tres libras de carne,
dos de quimbombó, un litro de aceite, una
frazada de piso, dos tubos de desodorante y un
pantalón abandonado por un tigre tamil
y comercializado en una trapishoping habanera?
Pero como todo en el socialismo tiene solución,
les daré algunas fórmulas que les
permitan sobrevivir aunque pasen seis años
sin cobrar.
Y no se rían, no. Ni finjan ponerse molestos,
que no es a través de robo, pues no los
concibo con los bolsillos llenos de servilletas
o el estuche de los instrumentos rebosante de
copas y cubiertos.
La solución está en el multioficio,
que aunque no fue inventado por los cubanos, supera
en pericia y diversidad a los iniciadores.
¿Qué cubano no conoce a un médico,
una licenciada en inglés, un economista,
una filóloga o un ex militar que en sus
ratos libres no actúe de payaso, traductora,
vendedor de churro, cartomántica, santero
o conductor de almendrón por cuenta propia?
¿Olvidaron que músicos tan insignes
como Compay Segundo, Ibrahin Ferrer y Carlos Embale
se convirtieron en soperos (músico ambulante),
limpia botas y mendigos, respectivamente, hasta
que un extranjero y la muerte los llevaron a la
fama?
Hay que ser pragmáticos y honestos para
detectar al marabú que nos crecía
dentro de los ojos. Valientes para reconocer que
ni el salario ni la leche alcanzan. Idiotas para
pensar que los atrasaos en el pago quedaron resueltos
según palabras del Prieto Abel, ministro
de Cultura, en su reunión con el sindicato
del ramo.
Lo que deben hacer, y hacerlo ya, es poner en
práctica el multioficio de acuerdo con
las características del trabajo.
Si los envían a trabajar en un restaurante
en moneda nacional, pueden sacarle provecho a
lo siguiente:
-Dejan sin sábanas las camas de sus casas
y alquílenlas como manteles. Lleven vasos
de perga y sus cubos de agua para calmar la sed
de los comensales.
-Consigan unas latas de cerveza o refresco para
que sean usados como ceniceros en la unidad gastronómica.
-Como tampoco hay postre por culpa del bloqueo,
pueden comerciar coquitos prietos, matahambres,
panochas, turrón de maní, merengues
y dulce de papaya.
-Por último, pueden llevar un tibor esmaltado
y alquilarlo a cada comensal, pues sería
un milagro que los baños no estén
clausurados.
Como ven, en vez de cantar el Son de los Desesperados,
es hora de que entonen la guaracha Los Reyes del
Multioficio, y suenen un bembé de apaga
y vámonos, porque los salarios están
cumpliendo otras misiones hasta nuevo aviso.
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El pagador".
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