PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 29, 2007

HUMOR
Nefasto, los salarios y el multioficio

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cuando el salario no alcanza para vivir, nada mejor que un son, una guaracha o un bembé. No se puede olvidar que la vida en Cuba es un carnaval y las penas se van cantando.

Sin embargo, músicos considerados de alto pedigrí cultural por ser parte de la nobleza rítmica que sacude al país como a una común maraca, dicen encontrarse heridos de sombras, perdidos en el platanal de Bartolo, y a punto de realizar una marcha de protesta desde La Habana hasta Santiago, a pie.

Sólo porque hace tres meses no se les abona el salario, quienes integran el Cuarteto Principeño, de Camagüey, han decidido cambiar su nombre por el de Los cuatro esclaviños.

Y eso no es justo, pues si tomamos en cuenta que la dirección del Centro Provincial de la Música de Camagüey está obligada a cumplir el plan técnico económico de la entidad a cualquier precio, nada más lógico que sacarlo del incumplimiento al pago de sus trabajadores.

Hay que estar conscientes de que si la patria y la guaracha están por encima de la familia, y el son y el bembé constituyen una parte importante del escudo y espada de la nación, nada mejor para salvarnos en salud mental que trabajar sin obtener un salario imaginario, aunque el bulto se desborde en las manos.

Si de nada sirve, pues no alcanza, ¿para qué lo quieren? ¿Acaso están influenciados por el afán de acaparamiento? ¿Les gusta escuchar el sonido 500 cuando saben en realidad que se convierte en 20 que a su vez se transforma en tres libras de carne, dos de quimbombó, un litro de aceite, una frazada de piso, dos tubos de desodorante y un pantalón abandonado por un tigre tamil y comercializado en una trapishoping habanera?

Pero como todo en el socialismo tiene solución, les daré algunas fórmulas que les permitan sobrevivir aunque pasen seis años sin cobrar.

Y no se rían, no. Ni finjan ponerse molestos, que no es a través de robo, pues no los concibo con los bolsillos llenos de servilletas o el estuche de los instrumentos rebosante de copas y cubiertos.

La solución está en el multioficio, que aunque no fue inventado por los cubanos, supera en pericia y diversidad a los iniciadores.

¿Qué cubano no conoce a un médico, una licenciada en inglés, un economista, una filóloga o un ex militar que en sus ratos libres no actúe de payaso, traductora, vendedor de churro, cartomántica, santero o conductor de almendrón por cuenta propia?

¿Olvidaron que músicos tan insignes como Compay Segundo, Ibrahin Ferrer y Carlos Embale se convirtieron en soperos (músico ambulante), limpia botas y mendigos, respectivamente, hasta que un extranjero y la muerte los llevaron a la fama?

Hay que ser pragmáticos y honestos para detectar al marabú que nos crecía dentro de los ojos. Valientes para reconocer que ni el salario ni la leche alcanzan. Idiotas para pensar que los atrasaos en el pago quedaron resueltos según palabras del Prieto Abel, ministro de Cultura, en su reunión con el sindicato del ramo.

Lo que deben hacer, y hacerlo ya, es poner en práctica el multioficio de acuerdo con las características del trabajo.

Si los envían a trabajar en un restaurante en moneda nacional, pueden sacarle provecho a lo siguiente:

-Dejan sin sábanas las camas de sus casas y alquílenlas como manteles. Lleven vasos de perga y sus cubos de agua para calmar la sed de los comensales.

-Consigan unas latas de cerveza o refresco para que sean usados como ceniceros en la unidad gastronómica.

-Como tampoco hay postre por culpa del bloqueo, pueden comerciar coquitos prietos, matahambres, panochas, turrón de maní, merengues y dulce de papaya.

-Por último, pueden llevar un tibor esmaltado y alquilarlo a cada comensal, pues sería un milagro que los baños no estén clausurados.

Como ven, en vez de cantar el Son de los Desesperados, es hora de que entonen la guaracha Los Reyes del Multioficio, y suenen un bembé de apaga y vámonos, porque los salarios están cumpliendo otras misiones hasta nuevo aviso.

Eso se los aseguro yo, Nefasto "El pagador".


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