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HISTORIA
Una experiencia para no olvidar (II y final)
Fabián D. Arcos
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) -
Durante los cinco días que duró
el alzamiento del pueblo húngaro contra
la ocupación militar soviética importantes
cambios políticos se dieron en la dirección
del país. El 25 de octubre los tanques
rusos provocaron una masacre de manifestantes
frente al Parlamento, que enalteció más
a los amotinados e hizo más cruentos los
combates callejeros.
Erno Gero fue sustituido en la dirección
del partido comunista por Janos Kadar, y el 27
de octubre Imre Nagy formó un gobierno
donde incluyó a dirigentes de los partidos
prohibidos y a algunos comunistas del anterior
régimen, incluido al nuevo primer secretario.
Anunció que iniciaría conversaciones
con Moscú para el pronto retiro de los
invasores y que disolvería a la odiada
AVH (Seguridad del Estado) tan pronto los combates
cesaran.
El 28 la lucha cesó y la AVH fue suprimida
al día siguiente. Pero el nuevo gobierno
no tenía el poder efectivo del país,
en manos de los consejos revolucionarios y de
trabajadores. El 30 de octubre se instauró
el nuevo gabinete y el señor Nagy anunció
el fin del sistema de "partido único",
medida que fue aceptaba por el señor Kadar
en esos momentos. A partir de entonces el pueblo
de Budapest se dedicó a eliminar los escombros
causados por los combates, en medio de la felicidad
por la victoria.
A partir del 1 de noviembre se iniciaron las
conversaciones con el mando militar soviético
para negociar la retirada de los ocupantes. Los
combatientes por la libertad se constituyeron
en una fuerza armada, además de la policía
y el ejército, autorizada a portar armas
para defender las conquistas alcanzadas. El Partido
Comunista inició una reestructuración
para mejorar su maltrecha imagen y pasó
a llamarse Partido Socialista de los Trabajadores
Húngaros. El nuevo gobierno se retiró
del Pacto de Varsovia y se declaró neutral,
pidiendo el apoyo de las potencias occidentales
para su mantenimiento.
No obstante, el nuevo gobierno se propuso mantener
su condición de socialista pero con carácter
democrático, decidido a mantener las conquistas
sociales alcanzadas después de la ocupación
germana.
El día 3 se reorganizó el gobierno
expulsando a tres ministros comunistas del anterior
régimen. Las conversaciones para la retirada
de las tropas soviéticas estaban a punto
de concluir. En ese momento había 2,500
tanques rusos y 1,000 vehículos auxiliares
en todo el país. Cuado ya parecía
que sólo quedaban cuestiones técnicas
para la retirada a realizar, esa noche el coronel
Maléter, nombrado ministro de defensa,
que luchó activamente con los amotinados,
se trasladó al cuartel general ruso ubicado
en Tokol, cerca de Budapest para firmar el acuerdo.
A su llegada fue detenido por agentes del NKVD
y fusilado.
Paralelamente el señor Kadar, recibiendo
orientaciones de Moscú, organizó
un gobierno paralelo, acusando al de facto de
incapaz de mantener el orden y de servir a potencias
imperialistas. En la madrugada del 4 de noviembre
los tanques rusos volvieron a avanzar hacia Budapest.
El ejército húngaro y los combatientes
por la libertad armaron barricadas pero la superioridad
de los invasores era arrolladora. Los combates
se generalizaron con su fatídica carga
de muertos.
El 7 de noviembre la mayor parte de la ciudad
estaba en manos de los rusos. El nuevo gobierno
comunista prestó juramento. No obstante,
se resistía heroicamente en los centros
industriales de Ujpest y la isla de Csepel, que
lucharon hasta el día 11. Numerosas detenciones
fueron hechas por los ocupantes y los arrestados
fueron enviados en trenes hacia la Unión
Soviética.
La experiencia sufrida por el pueblo húngaro
en 1956 no puede ser olvidada. Demostró
que los regimenes de corte estalinista no se detienen
ante lo que sea por mantener el poder y hacen
uso de la fuerza más despiadada incluso
contra su propio pueblo cuando se ven perdidos.
Recurren a la traición y el engaño
para apuntalar el poder.
En Cuba no se habla de aquellos hechos. En octubre
se celebran jornadas ideológicas para "fortalecer
la conciencia" de las masas. Pero llegará
el día que el pueblo cubano, víctima
también de los mismos verdugos, recuerde
la experiencia húngara.
Una
experiencia para no olvidar (I)
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