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HISTORIA
Una experiencia para no olvidar (I)
Fabián D. Arcos
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cuando
el 24 de octubre de 1956 los tanques soviéticos
irrumpieron en las calles de Budapest a fuego
y metralla contra los manifestantes húngaros,
se daba inicio a una de las páginas más
bochornosas de la historia contemporánea.
Hungría, al igual que la mayoría
de los países de Europa Oriental, había
sido liberada de la ocupación nazi fascista
en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial.
Los nuevos ocupantes del país, en virtud
de los acuerdos de Postdam, organizaron elecciones
generales para elegir a los nuevos gobernantes
en 1945. Cinco partidos alcanzaron representación
parlamentaria y los cuatro mayores formaron una
coalición para gobernar.
Los comunistas, que sólo obtuvieron el
tercer lugar en la votación, fueron aumentando
su influencia, y en 1948 los militantes de los
restantes partidos fueron silenciados y sus dirigentes
tuvieron que huir al extranjero. En 1949 el país
se convirtió oficialmente en una "Democracia
Popular" y el poder se concentró en
manos de Mátyás Rákosi, un
comunista formado en Moscú.
La dictadura impuesta fue mayor que la precedente
germana. Se suprimieron las libertades de expresión
e individuales. Se realizaron purgas y numerosos
encarcelamientos, tanto dentro de las filas del
propio Partido Comunista como de toda la sociedad.
El entonces ministro de Relaciones Exteriores,
Lázló Rajk, fue detenido y ahorcado.
Un verdadero reino de terror se estableció
en la nación.
En 1956, al calor del informe central del XX
Congreso del Partido Comunista de la Unión
Soviética, y la denuncia de los crímenes
cometidos por Stalin, se produjo un movimiento
dentro de las filas de los comunistas húngaros
y en julio de ese año fue destituido Rákosi.
Erno Gero, un comunista purgado por Rákosy
ocupó su cargo, pero el pueblo pedía
la restitución de Imre Nagy, que había
sido primer ministro entre 1953 y 1955 y había
liberalizado los controles impuestos por Rákosi.
En el otoño de 1955 los escritores húngaros
publicaron artículos críticos contra
el poder impuesto. En el verano de 1956 fundaron
el Club Petofi, auspiciado por la DISZ, la organización
juvenil comunista. El 19 de octubre de1956 estudiantes
de la Universidad de la Industria y Técnica
de la Construcción aprobaron un listado
de 16 demandas entre las que se exigía
el fin de la obligatoriedad de estudiar ruso en
las escuelas. También pedían el
retiro inmediato de las tropas soviéticas
estacionadas en el país, así como
la reorganización del gobierno bajo la
jefatura de Nagy, la celebración de elecciones
libres, libertad de expresión, cambios
radicales en la situación de los obreros
y campesinos y la restauración de los partidos
políticos.
El 22 de octubre los estudiantes se reunieron
en manifestaciones pacíficas, y antes de
las seis de la tarde las manifestaciones que habían
recorrido la capital se congregaron frente al
edificio del Parlamento, donde se reunieron 250
mil ciudadanos, la mayoría de ellos obreros
y hasta militares de uniforme. Por la noche los
estudiantes derribaron la estatua de Stalin.
Al otro día los estudiantes se dirigieron
a la emisora nacional para dar a conocer sus demandas,
pero los censores se negaron a radiarla. Fuerzas
de la impopular AVH (Seguridad del Estado) ubicadas
en el edificio de la emisora, abrieron fuego matando
e hiriendo a numerosos manifestantes. A partir
de ese momento el levantamiento fue inevitable.
Los estudiantes arremetieron contra los AVH y
se hicieron de las primeras armas. Enterados los
trabajadores de la situación, montaron
en los camiones de sus fábricas y se dirigieron
al centro de la ciudad. Por el camino numerosos
militares húngaros les suministraron armas
y se sumaron a la revuelta.
En la madrugada del 24 de octubre fuerzas blindadas
soviéticas estacionadas en el país
irrumpìeron en las calles de Budapest.
En horas de la mañana la radio nacional
anunció que el gobierno había solicitado
la intervención de las fuerzas soviéticas
para controlar la situación.
Cinco días duraron los sangrientos combates.
Los trabajadores y estudiantes se organizaron
en grupos pequeños y con combas caseras
incendiaban los tanques rusos, carentes del apoyo
de la infantería. El ejército húngaro
se pasó en su mayoría a los alzados
y les suministró las armas necesarias para
la rebelión. Solamente apoyaban a los invasores
las fuerzas de la seguridad AVH. En casi todo
el país las administraciones burocráticas
del estado fueron sustituidas por consejos revolucionarios
y consejos de trabajadores.
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