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HUMOR
Nefasto y los nietos del general Resoplez
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) -
La irrupción a todo galope en Madrid del
coronel Elpidio Valdés y su heroico caballo
Palmiche, ha llenado de zetas y de jotas el futuro
de miles de cubanos.
Los vivas y los hurras lanzados al paso del insurgente
mambí y su escolta por la Puerta del Sol,
son muestras de que la fabada y el potaje, las
claves y las castañuelas, la gaita y el
bongó, el euro y el cuc, se encuentran
hermanados.
La integración es un hecho. Cuba-España,
España-Cuba, son de un caldero las dos
asas.
Un responso en la catedral de Madrid, seis convenios
económicos y culturales, más la
real posibilidad de que miles de isleños
se conviertan en cubano-españoles, bastan
para enterrar bajo siete candados los alaridos
y los tambores de guerra.
No se podía seguir con el rencor que dejó
en las tropas españolas el ataque del coronel
Valdés al cuartel de Jutía Dulce,
si desde que nos aliamos a los peninsulares en
Contra dólar y cañón, frente
a los yanquis, éramos uno los nietos del
mambí y los del general Resoplez.
Además, ya era hora de que los cubanos
tiráramos un cabo a los españoles
y les suministráramos una inyección
de cubanos en su árbol genealógico,
al adoptar las dos nacionalidades.
Fíjense si no hay diferencias, si nos
confundimos tanto por la manera de hablar, sentarnos,
comer, mentir, que se ha hecho cotidiano escuchar
en La Mancha o Manatí diálogos como
el siguiente.
-¿Usted es española de Madrid?
-le preguntaron a una turismulata que andaba en
el séquito del coronel Valdés y
Palmiche por la estación Atocha.
-No, señor, soy española de Caimanera.
-¿Y esa aldea dónde está
ubicada? ¿En la zona roja de Navarra?
-No, en la negra de churre de Guantánamo
-contestó la joven con más acento
y fervor que La Pasionaria.
Y así, día tras día, escuchamos
diálogos del mismo corte, llenos de amor
a la patria, de lucha por mantener la identidad,
lo nuestro, en cada hogar cubano que busca en
los archivos llenos de comején, en las
gavetas, los techos, el piso y cualquier hueco
de un juzgado municipal desde los polvorientos
Remates de Guane (pasando por el de la 5ta. Avenida
de Miramar) hasta los lodazales de Maisí,
algo que los vincule a un abuelo español,
o lo que es igual, al club "Los nietos del
general Resoplez".
Por eso no me extraña que hasta Elpidio
Valdés y su carnal Palmiche les tiendan
un ramo de marabú a los españoles.
Y nadie ponga en dudas que por ayudar a los españoles
a salir de su crítica realidad y darles
un espaldarazo en sus intenciones de desarrollo,
los perdonemos del todo y les permitamos ser parte
de nuestra casta, que no es ñuelas, sino
bongó.
¿Alguien puede dudar que en un gesto de
hermanamiento Resoplez y Valdés jueguen
al dominó o al tejo?
¿Dudan de lo que andan diciendo por ahí,
que la visita fue para unir en matrimonio al caballo
Palmiche y la yegua andaluza La relinchos, y así
tener retoñitos de un árbol genealógico
bullanguero?
Tal vez los españoles no sepan valorar
lo que les caerá encima con tantos miles
de cubanos queriendo tener ambas ciudadanía.
Ese privilegio nunca lo han tenido ni lo tendrán
nuestros abuelos de África, Asia o América
Latina (la de al sur del Río Bravo, por
supuesto), por muchos lazos que nos aten y parientes
que nos animen.
El problema es que España es nuestra madre
patria, ¿y quién niega o rechaza
a una madre en apuros si no los desmadrados, o
los huérfanos de corazón?
Salvaremos a España llenándole
sus calles y tablaos de hijos putativos y putañeros.
Y no dude si ve bajar por las escalerillas de
un Iberia el feliz matrimonio de Palmiche y La
Relinchos, secundados por Elpidio Valdés
tocado con boina y armado de arcabuz, canjeados
frente al Bazar Inglés por su machete y
el sombrero mambí, a un nieto del general
Resoples.
Eso se lo aseguro yo, Nefasto "El Manigüero".
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