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POLITICA
Asambleas de lamentaciones
Oscar Mario González
LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Cada día
se habla menos de las reuniones organizadas por
el Partido Comunista que se vienen celebrando
en centros laborales, de estudio y comunidades
de vecinos.
En realidad, tales eventos nunca merecieron mayor
interés por parte de una población
inmersa en el desaliento y en esta permanente
modorra, que por ser tan añeja, sume a
la población en un estado de inercia e
indiferencia; que enerva voluntades y sitúa
al individuo en una posición donde le da
lo mismo chicha que "limoná".
Los que más se calientan la cabeza con
el asunto son los intelectuales, disidentes, opositores,
"segurosos", y oficiales del ejercito.
El hombre común y corriente que anda tras
los frijoles y el picadillo de soya para darle
de comer a los muchachos no gasta neuronas en
tales asuntos.
No es la primera vez que se le pide al cubano
abrir la boca fuera de la consulta del dentista.
Algo similar se hizo en l992. En aquella época
suscitó mayores expectativas en tanto era
reciente la caída del campo socialista.
Los resultados de todas aquellas deliberaciones
y lamentaciones son de sobra conocidos. Aquello
dio menos aceite que un ladrillo. Aunque resulta
cierto que en l994 se iniciaron algunos amagos
de mercado libre y surgieron más de doscientos
mil cuentapropistas, la mayoría han sido
defenestrados. Ahora también podrían
aparecer algunas pinceladas de capitalismo en
el lienzo nacional. Pero nada más. Eso
no es lo que Cuba necesita.
La convocatoria del gobierno en esta ocasión
es más insistente. Raúl Castro ha
urgido a la ciudadanía para que hable con
"valentía" y "sinceridad".
Pero también ha alertado para que no se
hagan "muchas ilusiones" porque según
él los miembros del gobierno "no son
magos". ¡Qué lástima!
También dijo que hablaran "sin miedo
de todo lo que quisieran". Y es aquí
donde veo la principal dificultad que encaran
estas reuniones. Porque la gente tiene un terror
de medio siglo acumulado que no es imaginario
sino concreto, tangible y manifiesto en múltiples
ocasiones, y cuya evidencia más sobresaliente
fue en la primavera de 2003, cuando se repartieron
más de mil quinientos años de prisión
entre setenta y cinco patriotas cuyo único
delito fue hablar y escribir con sinceridad y
valentía. O sea, lo mismo que se le está
pidiendo al ciudadano ahora.
No en balde los temas más reiterativos
en estas asambleas son el transporte, la vivienda,
la alimentación y los insuficientes salarios.
Otras cuestiones, cierto es, se han tocado pero
sólo por parte de los más osados
(derecho a Internet, potenciación del mercado
libre y algún estímulo a la inversión
extranjera). Todo ello, claro está, dentro
del sacrosanto esquema socialista-revolucionario
del siglo XXI acaudillado por los Castro. Y hasta
ahí llegó el río. De "ahí
palante" no hay más pueblo. Ahí
se cayó el dinero. Porque todos sabemos
que mas "pallá" esta el mono
y usted puede jugar con la cadena pero no con
el animalito. ¡Dígamelo a mí!
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