|
POLITICA
Carlos contra Carlos
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) -
Tuve el privilegio de conversar por teléfono,
hace unos días, con el patriota Adolfo
Fernández Sainz, un colega preso político
desde la primavera negra de 2003.
Actualmente, Fernández Sainz cumple su
injusta condena en una cárcel de Ciego
de Ávila, a más de 600 kilómetros
de La Habana. Su estado de ánimo es optimista,
como quien ve desde la profundidad (o la altura)
donde se encuentra, la sencillez del camino escogido
por la nación cubana y el planteamiento
estratégico hacia la reforma.
Lejos de las oscuras celdas y los desagradables
ruidos de las prisiones, amplificados por la caja
de sonido que provocan en las paredes desnudas
el chirriar de barrotes y la insoportable levedad
del no ser, se está dando un reagrupamiento
estratégico de las fuerzas comunistas sobre
la base de dos líneas fundamentales: continuismo
o reformismo.
Olvidando las escaramuzas internas dadas a conocer
a través de los medios de comunicación
y concentrados en una de las grandes enseñanzas
de los procesos de transición, los comunistas
del gobierno toman el diferendo generacional como
punto de apoyo para el lanzamiento de las estrategias
a largo plazo representadas por Carlos Lage Dávila
por los reformistas y Carlos Valenciaga por los
conservadores.
La sencillez de la disputa nace de la misma polémica
existente a nivel de población, que intuyó
que el camino a la modernización ya empezó,
debiéndose decidir el rumbo a tomar y la
velocidad a aplicar.
Si el tembloroso Carlos Valenciaga Díaz
supo levantar su discurso y convertirse en fórmula
de compromiso generacional entre el liderazgo
real de los conservadores, atesorado por los Machado-Balaguer-Lazo,
no es por su carisma o aceptación popular,
sino por ser la cara "menos fea y agresiva"
de los que optan por el continuismo, toda vez
que la poca gracia de Felipe Pérez o Hassan
Pérez (este último fuera de escena
hace tiempo, por obra y gracia de Julio Martínez
y los hermanos Lage) hace impensable la presentación
de ese rostro malcarado y chillón de la
"dictadura del proletariado".
Por el lado reformista está el también
impopular Carlos Lage Dávila, cabeza prominente
de un clan familiar, con un hermano y dos hijos
en la primera línea de la proyección
política, sobre todo, en esa posta de relevos
que es la Unión de Jóvenes Comunistas.
Carlos Lage Dávila, con más recursos
políticos que su tocayo, dio instrucciones
a su hijo, Presidente Nacional de la Federaron
Estudiantil Universitaria, para promover un discurso
afirmando la compatibilidad entre el socialismo
y las necesidades materiales de los ciudadanos.
Se proyectó de esa manera sobre un proceso
de análisis y propuestas que ocurre hacia
el interior de la mayor organización política
del país.
El "llamamiento" a la discusión
del discurso del General Castro, el pasado 26
de julio, está marcando una impronta, más
allá de la retórica, por el nivel
de los planteamientos de los comunistas de base,
quienes según fuentes fidedignas, se concentran
en cuatro puntos: lo impostergable del sexto congreso
comunista por la necesidad de hacer un planteamiento
estratégico a la nación cubana;
la urgencia de unificar la moneda y la liberación
de las trabas para entregar licencias de operación
a los cuentapropistas (pequeños negocios
personales o familiares) dentro del espacio económico
para empezar a salir de la crisis y la libertad
para viajar al exterior.
El tono en esas reuniones de base subió
hasta el punto de comparárseles con las
asambleas realizadas en 1990 a raíz del
"Llamamiento de Baraguá" y el
IV congreso comunista, en medio de un escenario
pro perestroika de la sociedad cubana. Como se
sabe, los planteamientos reformistas de los ciudadanos
fueron condenados por Jorge Lezcano Pérez,
a la sazón capo comunista en Ciudad de
La Habana, motivo principal y sin lugar a dudas,
de la entrada del país en el eufemístico
"periodo especial".
Con el rumor en La Habana de la muerte de Juan
Almeida, el todo o nada del enfrentamiento entre
Carlos Valenciaga, por los continuistas y Carlos
Lage Dávila por los reformistas, apunta
estratégicamente a un punto en el calendario
del próximo año, en el que las filas
de los históricos se haya debilitado aún
más, y se esclarezca lo impostergable de
las reformas económicas.
|