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POLITICA
Myanmar: la luz al final del túnel
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - octubre (www.cubanet.org) -
El pánico cunde en Myanmar. No son los
activistas pro-democráticos quienes exhiben
las pruebas del miedo. El temblor es de los verdugos.
En un rapto de desesperación y aturdimiento
disparan a las multitudes que exigen un nuevo
país. Hay resistencia a la cúpula
militar que detenta todas las prerrogativas gubernamentales.
Se ha roto la inercia y miles de birmanos claman
por el fin de una era signada por el abuso y la
censura.
El clima se torna tenso y ya se anuncian las
primeras víctimas mortales. Los fusiles
insisten en robarle el protagonismo a la muchedumbre
que esgrime un lenguaje donde las palabras cardinales
son tolerancia y respeto a los derechos humanos.
¿Es tan excesiva la petición para
la nomenclatura castrense? Obviamente que resulta
una herejía a pagar con la vida. Miles
de disidentes languidecen en las cárceles
por ser portavoces de una filosofía que
descansa en la razón y la necesidad de
libertad.
Otros han muerto en el transcurso de la lucha.
Ahora se alarga la lista de mártires nacionales
y extranjeros. El camarógrafo japonés
Kenji Nagai fue privado de la vida tratando de
filmar una arista de los sucesos. Se dice que
cayó abatido por el fuego de las fuerzas
de seguridad en las cercanías del Hotel
Tarder, en el centro de Yangon, la capital.
El número de cadáveres crece a
medida que la crisis se extiende a otras ciudades
y el pulso del conflicto civil va revelando su
crispación. Ninguno de los implicados cede.
Las autoridades mantienen su natural obcecación
y los manifestantes apuestan por llevar sus demandas
hasta las últimas consecuencias.
Este podría ser parte del capítulo
final de uno de los regímenes más
represivos del universo.
Las expectativas de que ocurra lo deseado por
la mayoría de la población birmana,
es decir, el cese de la represión y de
disposiciones muy vinculadas al pensamiento esclavista
decimonónico, son reales.
Tales probabilidades no se asientan en una presunta
debilidad de los generales al mando del estado
y el gobierno. El asunto es que el nivel de contradicciones
políticas, económicas y sociales
llega a un punto crítico sin que aparezcan
soluciones ligadas al pragmatismo o alguna vía
fuera de la voluntad del dictatorial Consejo de
Restauración de la Ley Estatal y el Orden.
La exclusión del diálogo entre
el gobierno y sus oponentes y las limitaciones
rayanas en el absurdo con el fin de controlar
a la población, podrían enumerarse
como ejemplos de una vasta cadena de imposiciones
que redundan en estallidos a partir de hechos,
aparentemente simples, pero que sintetizan las
aspiraciones populares silenciadas por el terror.
En Myanmar todo comenzó por el alza del
precio del combustible. Los primeros manifestantes
fueron un grupo de monjes budistas, días
después la marea humana eleva su caudal
hasta niveles impensables en un totalitarismo
de sobradas credenciales.
Las ideas de las personas que han tomado las
calles en el país asiático guardan
empatía con las pretensiones de sus pares
cubanos. Aunque haya sido imposible expresar el
descontento a la manera birmana. Los cubanos detestan
el mandato del partido único que soportan
hace más de 47 años, las leyes que
impiden el ejercicio de los derechos fundamentales,
el encarcelamiento por pensar de manera diferente
y las golpizas de las turbas pro-gubernamentales
a causa de cualquier demanda fuera del margen
establecido por la dinastía insular.
Por el momento hay calma en La Habana. Los mecanismos
represivos aún ostentan la eficacia necesaria
para evitar un incendio social. Sin embargo, esto
no es un indicador de que la situación
continúe sin señales masivas de
descontento.
Yangon y Mandalay están lejos, pero la
inspiración, el coraje y las tribulaciones
de sus moradores son notas cercanas.
Es preferible fijar la vista en la reconciliación
y en la búsqueda de opciones que destierren
la violencia. Tirotear a los protagonistas de
una protesta pacífica puede constituir
el camino más fácil, alentador y
ejemplarizante para los represores, pero en cualquier
sitio eso es un acto genocida. Veremos, definitivamente,
como es que llega la democracia a esta pequeña
porción del Caribe.
Creo que no son espejismos, pero entre los tiros
y las refriegas brilla la esperanza de los birmanos
comprometidos con la refundación del país.
Desde la prisión domiciliaria que sufre
la luchadora pro-democrática y premio Nóbel
de la Paz Aung San Suu Kyi, quizás se vea
con mayor nitidez la luz al final del túnel.
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