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OLA
REPRESIVA
Puños, botas y rejas
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - octubre (www.cubanet.org) -
Esa es la cosecha. La materia prima para deshumanizar,
exprimir, martirizar. En esas latitudes marcadas
por el puñetazo vil, la patada rompe hueso
y una hilera de barrotes deformes, vive Orlando
Zapata Tamayo.
No eligió esas zonas donde se le trata
como un depredador, una alimaña a la que
hay que domesticar a cualquier costo. Simplemente
cumple una retahíla de años a causa
de su rebeldía. No acata el silencio en
la profundidad de su celda. Clama, entre golpiza
y golpiza, porque en Cuba se acabe la dictadura.
Exige sus derechos. Los mismos que le arrebataron
a la mayoría de los cubanos hace medio
siglo.
Por tal actitud sufre los peores castigos. Se
le golpea con alevosía. Lo han convertido
en un objeto de entrenamiento para un tipo de
pugilismo donde se cumple la máxima de
"todos para uno". Es así como
le tratan de inocular el socialismo, en el que
no cree, un pelotón de esbirros siempre
solícitos y briosos para la función.
Los golpes se estrellan hoy en una pobre anatomía.
Dice la madre que su peso corporal apenas llega
a las 100 libras. Él se niega a ingerir
los alimentos que le proporcionan en ese infierno
conocido como Prisión Provincial de Holguín.
Solo acude a las ligeras provisiones que le entrega
Reina Luisa Tamayo Ranger cada vez que puede visitarlo.
Una madre que exclama con ira y dolor: ¡Me
lo van a matar!".
Zapata Tamayo se levanta entre el hambre y la
probable orden para aporrearlo. Esa es la tónica
que marca los días de este prisionero de
conciencia. Un calvario que asume con la voluntad
de un guerrero que saborea la victoria entre el
ardor sádico de sus victimarios.
Lo sé porque no claudica a pesar de que
el abuso es constante y abrumador. Resiste en
el tiempo, vuelve a exponer sus vértebras
al suplicio. Los verdugos persisten en cortar
su voz. Anestesian su conciencia golpeándole
el cráneo sin piedad. Cae, se derrumba,
pero se niega a morir. Una y otra vez hace públicas
sus disidencias. Acusa, sin miedo, a sus posibles
asesinos.
Grita contra la tiranía y piensa que la
muerte digna es mejor que una vida de rodillas.
Las angustias de Reina Luisa son tangibles. Es
una madre que teme perder a su hijo entre la rabia
de unos profesionales de la brutalidad.
A pesar de todo tiene fuerzas para denunciar.
Enferma y al margen de sus escasos recursos se
le nota combativa y dispuesta a no cesar en sus
exigencias de justicia.
Tras enterarse de la nueva golpiza, va al combate
con las únicas armas de su arsenal: la
denuncia firme y un temperamento a prueba de adversidades.
¿Perderá la vida en la cárcel
Orlando Zapata Tamayo?
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