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Diciembre
en clave de dos
Odelin Alfonso Torna
LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - No se puede determinar
a ciencia cierta a que especie de cercopitecos pertenece el nuevo
proyecto confederativo latinoamericano del siglo XXI. Hasta hoy,
es una alianza bajo la tutela del macaco rojo, experto que inhala
con su largo hocico los precios prohibitivos del crudo a nivel mundial.
La referencia es válida hasta para los ineptos
crónicos. Cualquiera con cinco dedos de frente descubre quienes
son los monos catarrinos con mesa y cubierto en el palacio de Miraflores.
Mi apunte es sobre la futura coalición compuesta por Hugo
Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y el próximo sultán
de la “Cuba Revolucionaria”.
El domingo 2 de diciembre será un día
de júbilo para el binomio Castro-Chávez. Estará
en su apogeo el referendo constitucional en Venezuela y las elecciones
de diputados provinciales en Cuba, al unísono con el aniversario
51 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Lo de la confederación es una entelequia,
tan inalcanzable como la promesa de Fidel Castro de abastecer la
canasta básica con sardinas y atunes enlatados del ALBA.
Los futuros confederados estarán atentos al
polvorín de Chávez. De salir airoso el SÍ,
como prevén algunos analistas, es posible que se acelere
con gasolina bolivariana la alocada idea de la confederación.
Si triunfa el NO, está en juego la integración y la
banana prometida.
La mayoría de los cubanos, ajenos al proceso
bolivariano y escépticos por las elecciones fantasmales de
la Asamblea Popular en la isla, se inclinan por el controversial
partido dominical entre Industriales y Santiago de Cuba, en la apertura
de la 47 Serie Nacional de Béisbol.
A pesar de las inconformidades de “la oligarquía”
y las selváticas marchas por el SÍ, el arrogante espécimen
guerrero lanzará el referendo desde el maltrecho gajo del
que pende Venezuela. La propuesta prevé modificar 69 de los
350 artículos de la Carta Magna de 1999.
Un 2 de diciembre, pero de 1956, desembarcaron por
Las Coloradas 82 expedicionarios al mando de Fidel Castro. No fue
con plumazos ni referendos que hicieron la revolución. Cañones
y plomo se encargaron del orden, o el desorden. Liberaron al pueblo
de una dictadura, ofreciéndole otra más prolongada
y despótica.
Después de 51 años, los absolutistas
y creadores del mañoso Poder Popular en Cuba, sesionarán
en el plenario para elegir a los diputados provinciales a la candidatura
nacional.
Y es que el libreto sobre el proyecto confederativo de Chávez
tiene su antecesor en la guerra de guerrillas en Latinoamérica,
auspiciadas por “especialistas en rebeldía de la Revolución
Cubana”. Confederar en armas y a golpe de madreselva fue la
tesis frustrada de los que hoy figuran como perros falderos del
atún y los petrodólares de Chávez.
Eliminar los límites a la reelección
del presidente es condenar a la nación venezolana con la
réplica del absolutismo cubano y sus estamentos fosilizados
en un falseado “poder del pueblo”.
Ampliar la reforma socialista del siglo XXI es diluir
la doctrina chavista en los cimientos de la cultura latinoamericana.
Despojar al Banco Central de su autonomía
puede ser un exterminio de activos, que depare en la falsa maqueta
del Banco del Sur.
De cualquier forma, los especimenes están
ahí, intentando mutar el continente con crisis y esquizofrenias
mediáticas. Son hábiles de fabricar bombas de bolsillo.
Y no lo digo por la bufonada chavista de llevar consigo neutrones
y protones en su encuentro con el mandatario iraní. Me refiero
a los 69 artículos de la Carta Magna previstos a modificar,
tan volátiles como una granada de mano.
Lo de diciembre será una clave de dos, un
binomio presto a canjear soberanía por populismo. Si el siglo
XXI despunta con cercopitecos irracionales y de hocico largo, entonces
los cubanos no estaremos solos en la desgracia.
Espero que los venezolanos no tengan que festejar
el aniversario 50 de la perpetuidad de Chávez. De triunfar
el SÍ, les aconsejo presenciar un buen partido inaugural
de béisbol amateur.
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