| Táctica
infalible
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) –
El policía hace señas al chofer del auto, que se detiene
de inmediato.
-¿Me puede dar un empujoncito hasta Belascoaín?
–dice el agente al conductor.
-Sí, monta. Y dime, ¿tú eres
de Guantánamo?
-No, soy de Holguín, responde el policía.
-Te pregunto porque quiero encontrar a un amigo de
allá. Hace poco lo trasladaron para La Habana. Se llama Julián
Toranzo. Es policía, ¿lo conoces?
-No, no lo conozco, pero el compañero al que
voy a relevar es de Guantánamo. Le preguntamos, tal vez lo
conozca.
Al llegar el agente le dice a su colega.
-Este chofer es amigo mío. Es de tu tierra.
Pregunta por un tal…
-Julián Toranzo, de Guantánamo. Es
policía, ¿lo conoces?
La respuesta también es negativa. El taxista
da las gracias y se despide.
-Trabajo en esta ruta. Me paran sin pena alguna si
me necesitan. Adiós.
Miro al chofer instintivamente. Debió advertir
en la mirada cierto sentimiento de pena por el intento frustrado
de encontrar al amigo guantanamero, y se sintió obligado
a dar una explicación que me dejó atónito.
-¡No conozco a ningún Julián
Toranzo, ese nombre lo inventé! Tampoco soy de allá,
ni conozco a nadie en aquella provincia oriental. Pero “taxeo”
por esta ruta y es bueno hacerse amigo de los policías, si
no me acribillan a multas y hasta me pueden decomisar el carro porque
no tengo licencia de taxista.
-¿Por qué no la solicitas? –me
atreví a preguntarle.
-En 1991 dieron un puñado de licencias a cuentapropistas,
pero pronto cerraron, hasta hoy. A veces voy por las oficinas de
la ONAT, donde se hacen esos trámites y pregunto. Les digo
que soy propietario del carro, toda la documentación técnica
está en regla, que estoy apto para manejar, poseo licencia
de conducción, y que ellos conocen el alivio que representan
los transportistas privados. Me responden que tengo razón,
pero que no pueden hacer nada si el gobierno no desbloquea la orden
de no otorgar licencias.
El taxista “pirata”, como se les dice
a los que trabajan “por la izquierda”, toma un respiro
y añade:
-Si me pongo pesao con los policías me piden
el carné de identidad, y cuando vean que no tengo dirección
de La Habana, sino de Camagüey, me aplican la “ley de
la emigración interna”, me declaran ilegal en la capital
y me zumban para Camagüey, y allí sí es difícil
botear sin licencia.
Terminé mi viaje, pagué diez
pesos al taxista “pirata”, y mientras caminaba hacia
mi destino pensé que su sincera explicación, que yo
aprobaba, me convertía en su cómplice. Pensé
también en el tal Julián Toranzo, que ni siquiera
ha nacido, y en la táctica infalible del chofer al tomar
la delantera a los policías, aunque no sé por qué
intuyo que el joven agente no tragó el anzuelo, y que por
el interés del empujoncito no quiso darse por enterado de
que el auto que lo condujo no tenía pegado en el parabrisas
el sello oficial que tienen los carros autorizados a trabajar como
taxis.
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