29 de noviembre de 2007
 
 
Crónica            
29 de noviembre de 2007

Táctica infalible

Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – El policía hace señas al chofer del auto, que se detiene de inmediato.

-¿Me puede dar un empujoncito hasta Belascoaín? –dice el agente al conductor.

-Sí, monta. Y dime, ¿tú eres de Guantánamo?

-No, soy de Holguín, responde el policía.

-Te pregunto porque quiero encontrar a un amigo de allá. Hace poco lo trasladaron para La Habana. Se llama Julián Toranzo. Es policía, ¿lo conoces?

-No, no lo conozco, pero el compañero al que voy a relevar es de Guantánamo. Le preguntamos, tal vez lo conozca.

Al llegar el agente le dice a su colega.

-Este chofer es amigo mío. Es de tu tierra. Pregunta por un tal…

-Julián Toranzo, de Guantánamo. Es policía, ¿lo conoces?

La respuesta también es negativa. El taxista da las gracias y se despide.

-Trabajo en esta ruta. Me paran sin pena alguna si me necesitan. Adiós.

Miro al chofer instintivamente. Debió advertir en la mirada cierto sentimiento de pena por el intento frustrado de encontrar al amigo guantanamero, y se sintió obligado a dar una explicación que me dejó atónito.

-¡No conozco a ningún Julián Toranzo, ese nombre lo inventé! Tampoco soy de allá, ni conozco a nadie en aquella provincia oriental. Pero “taxeo” por esta ruta y es bueno hacerse amigo de los policías, si no me acribillan a multas y hasta me pueden decomisar el carro porque no tengo licencia de taxista.

-¿Por qué no la solicitas? –me atreví a preguntarle.

-En 1991 dieron un puñado de licencias a cuentapropistas, pero pronto cerraron, hasta hoy. A veces voy por las oficinas de la ONAT, donde se hacen esos trámites y pregunto. Les digo que soy propietario del carro, toda la documentación técnica está en regla, que estoy apto para manejar, poseo licencia de conducción, y que ellos conocen el alivio que representan los transportistas privados. Me responden que tengo razón, pero que no pueden hacer nada si el gobierno no desbloquea la orden de no otorgar licencias.

El taxista “pirata”, como se les dice a los que trabajan “por la izquierda”, toma un respiro y añade:

-Si me pongo pesao con los policías me piden el carné de identidad, y cuando vean que no tengo dirección de La Habana, sino de Camagüey, me aplican la “ley de la emigración interna”, me declaran ilegal en la capital y me zumban para Camagüey, y allí sí es difícil botear sin licencia.

Terminé mi viaje, pagué diez pesos al taxista “pirata”, y mientras caminaba hacia mi destino pensé que su sincera explicación, que yo aprobaba, me convertía en su cómplice. Pensé también en el tal Julián Toranzo, que ni siquiera ha nacido, y en la táctica infalible del chofer al tomar la delantera a los policías, aunque no sé por qué intuyo que el joven agente no tragó el anzuelo, y que por el interés del empujoncito no quiso darse por enterado de que el auto que lo condujo no tenía pegado en el parabrisas el sello oficial que tienen los carros autorizados a trabajar como taxis.

 

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