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Todo
bajo control
Miguel Iturria
Savón
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) - Cuando supe que Jean
Ziegler visitaría a Cuba como Relator del Consejo de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas, imaginé los esfuerzos previos
de los mandatarios insulares para convertir la inspección
internacional sobre alimentación en una victoria del régimen,
siempre listo para enroques estadísticos y declaraciones
mañosas.
El sociólogo suizo revalidó las expectativas de las
autoridades. Sólo unos días le bastaron para afirmar
que “Cuba es un ejemplo para el mundo en materia alimenticia”,
lo cual confirmó en sus visitas a dos cárceles de
La Habana, donde debió confundir el menú de los presos
con los manjares degustados en las mansiones de Carlos Lage Dávila,
Felipe Pérez Roque y otros obsequiosos anfitriones.
No podía ser de otra forma. Cuba no debe exponerse a nuevas
sanciones por la habitual violación de los derechos de las
personas. Si no admitimos a Christine Chanet desde 1999 fue por
su culpa. La gran dama no quiso contemporizar con nuestros dioses,
quienes carecen de tiempo para suscribir las convenciones sobre
derechos sociales, económicos, civiles, políticos,
culturales y otros inventos de los humanos.
El compañero Jean Ziegler fue un Relator sensible y comprensivo.
No tuvo que visitar a los mendigos que manchan las aceras ni a los
ancianos de los deprimentes comedores populares para decir: “No
hemos visto aquí una sola persona subalimentada”.
Tal vez el grosor de sus espejuelos y el giro de sus ojos hacia
la izquierda hicieron innecesaria la revisión de las cartillas
de alimentos racionados. ¿Qué es eso de carne de res,
leche, pavo o mantequilla? ¿Acaso no es mejor el picadillo
de soja, el cerdo a sobreprecio o la malanga a tres pesos la libra?
¿Para qué consumir mariscos, jamón, chorizos
y otros productos nocivos a la salud? No es justo confundir la mesa
de hoteles y palacios con la de los hogares de un pueblo revolucionario.
El camarada Jean Ziegler acaba de marcharse a New York o a otra
ciudad mal alimentada del primer mundo. En una de ellas rendirá
su informe sobre las maravillas nutritivas del Olimpo cubano. Sus
elogiosas declaraciones entre nosotros fueron un bocadillo. Tal
vez un buen ejemplo para futuros relatores del Consejo de Derechos
Humanos. Ellos sabrán qué decir si les abrimos las
puertas de nuestras murallas.
Gracias, Jean, por tu relato culinario. Aquí todo sigue bajo
control.
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