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Las
palmas de Dagoberto
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) - Dagoberto
Valdés Hernández vive en una casita humilde y acogedora
en Pinar del Río. Se define como católico y hombre
de su Iglesia. Es también padre de tres jóvenes y
padrino de muchos más. Cualquier mañana puede vérsele
recoger la cosecha de amor que sembró y de la que se ocupa
de forma devota y diligente.
Doy fe de que en casa de Dagoberto se bebe muy buen
café. Cada nuevo día y cada mañana, Dagoberto
recibe el amor de sus vecinos y ahijados. Y también el de
amigos y parientes, conocidos y desconocidos que, de inmediato,
ya no lo son. No contento con ello, está afanado en la siembra
de nuevas parcelas de amor que jamás desatiende.
Parece que todo lo que rodea el entorno de este cubano
amoroso y ocupado tuviera un carácter simbólico o
una utilidad para el servicio a la tierra, a la iglesia y al pueblo,
al que está consagrado. Como es de todos conocido, la revista
Vitral, dirigida por Dagoberto Valdés, llenó un espacio
cívico vital para Cuba desde 1994 hasta abril de 2007. En
esta fecha, la alta jerarquía católica la cerró
alegando falta de fondos.
Dagoberto vive en la calle Polvorín y el número
de su casa es 8. Como si debiera minar con amor lo feo que le rodea
y tuviera un polvorín a su disposición para ello.
El número 8, que en la charada china es muerto, en su caso
preludia la partida de lo pequeño y de lo vil y la llegada
de lo grande y lo luminoso. El renuevo interrumpido de la primavera
que es transformación y que es la única forma positiva
de mirar con amor a la muerte.
Aunque uno aprende y toma sin permiso prendas de
cada entrevistado, me llevé demasiado de este contacto con
Dagoberto Valdés, que me obligó a llamarlo Dago.
Supe por él que las palmas reales de esta
tierra son mujeres. Que cada 28 días dan a luz un brote tierno,
un cogollo y a la vez cae una yagua. Que cumplen un ciclo lunar
similar al de las mujeres. Que con este ciclo aportan, entre otras
cosas, cobijo para las casas de los guajiros y embalaje ecológico
para el transporte y conservación de las hojas de tabaco.
El animador de la inolvidable revista Vitral cumple
un año sabático para la meditación y el análisis.
Dago y el equipo de Vitral que encabeza renuevan bríos con
la oración y se preparan para nuevos empeños. Se tomarán
para ello desde abril de 2007 hasta abril 2008. Dago ve este periodo
de meditación con el que está comprometido como una
etapa de necesario reciclaje. Tanto su equipo como él piensan
beneficiarse con la pausa.
En relación con esto, me dice: “Se trata
de prepararnos para servir mejor a Cuba. Hay que estar fuertes espiritualmente.
Nadie desea un cambio violento, pero hay que estar preparados para
eso en todos los órdenes. Primero espiritualmente, con mucha
fortaleza moral y sobre todo virtud cívica, para no dejarnos
arrastrar por la violencia. Pero en el mejor de los casos, es decir,
en el cambio pacífico, necesitamos entereza, perseverancia,
tolerancia y paciencia histórica, que es paciencia comprometida”.
La base de principios que sustenta a este cubano
fuera de serie, está formulada en tres afirmaciones: “Nos
quedamos en Cuba; nos quedamos en la iglesia; nos quedamos en la
sociedad civil”.
En mi intento por seguir el hilo de su discurso político,
le escuché decir:
“Pertenezco a la Iglesia Católica popular del Padre
Félix Varela y de José Antonio Echeverría,
entre otros. Soy un laico. Estoy en la calle y soy un hombre de
iglesia. Disfruto de un margen más amplio para actuar como
un ente social al servicio de los más altos intereses de
mi patria y de mi pueblo.”
Más adelante, intenté represarlo en
un marco político referencial…
“Ser un hombre de iglesia no implica ser exactamente un democristiano.
Dentro de la Iglesia Católica coexisten la mayor cantidad
de opciones políticas. Soy solamente un hombre de la sociedad
civil que aspira a ser demócrata y aspira a ser cristiano
en esta hora de oportunidades. Este es el momento que se nos echa
encima para servir a la iglesia, a Cuba, a la sociedad civil”.
Sobre su estrecha relación con la Iglesia
Católica, dijo: “Me siento en deuda con la Iglesia
Católica. Me engendró como ciudadano. Me dio vida
espiritual. En la doctrina social de la iglesia aprendí a
formarme como ciudadano”.
Formarse como ciudadano y contribuir a la formación
de una cantidad no calculable de ciudadanos, conllevó que
Valdés y su labor fueran premiados por prestigiosas y relevantes
instancias internacionales. En 1999 recibió el premio que
otorga la Fundación Príncipe Klaus para la Cultura
y el Desarrollo del Reino de los Países Bajos. Más
cerca en el tiempo, recibió en 2004 el premio Jan Karski,
otorgado en Polonia al valor y la compasión.
Impresionado, me despido de este compatriota.
El auto devora la carretera flanqueado por el verdor natural y las
palmas de Dagoberto. Le pertenecen, porque se las apropió
con amor y esta es la única forma legítima de apropiación.
No soy católico, pero si tuviera que educar o pensar en la
educación de otro hijo, trataría que se educara en
una escuela católica. Gracias Dago.
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