5 de noviembre de 2007
 
 
Cronica             VOLVER AL INICIO
5 de noviembre de 2007

Lo que me faltó decir sobre Lenin

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) - Hace varios días una muchacha de mi barrio me pidió que le escribiera algo sobre Lenin. Se acercaba el aniversario 90 de la revolución bolchevique y su tarea escolar era investigar sobre la vida de Vladimir Ilich.

Obviamente, ella no sabía nada de Lenin. Ni le interesaba. Su fuerte no es la historia. Le bastaba con decir que fue “un patriota ruso”. “Un calvito feo ahí”. Mi vecinita no sabe mucho de patriotas. Sólo sabe que son “los tipos que salen en los billetes”. En los pesos, los cuc y los dólares. Da la casualidad que ninguno de ellos es ruso.

De mala gana y por salir del paso, le apunté varios renglones con sus datos biográficos esenciales.

Nació en 1870. Su verdadero nombre era Vladimir Ilich Ulianov. Se hizo marxista en 1888. Estuvo 3 años deportado en Siberia y luego se exiló en Suiza. En 1903, sus seguidores formaron la facción bolchevique opuesta a la menchevique. En abril de 1917 regresó de Suiza, a través de Alemania, a San Petersburgo, para dirigir la revolución de Octubre. Fue el fundador del estado Soviético. Murió en 1924.

- Coño, Luis, pero esto está muy corto, parece un telegrama -protestó la muchacha con un encantador mohín. Le dije que no tenía más datos sobre Lenin y le di un sano consejo: “busca en los libros”. Ojalá me haya hecho caso y le hayan dado una buena calificación a su tarea.

No podía decirle más. Sospecho que no me iba a entender. Fue mejor así. Los jóvenes deben leer y llegar a conclusiones por sí mismos. Además, ¿para que iba a buscarle problemas con su profesor?

Lo que no dije de Lenin es que fue un asesino de la patología revolucionaria más extrema. Otro cruel dictador más. Ahora que andamos por los días del cumpleaños 90 de la revolución de octubre, uno de los mayores fraudes de la historia, es buen momento para recordarlo.

Lenin, el estratega, no fue el artífice del golpe de estado de San Petersburgo, sino Trostky. Mientras los destacamentos de choque de Lev Davidovich se apoderaban de los centros vitales de la ciudad, Lenin permaneció oculto y disfrazado. Afeitado y con peluca. No penetró en la sala de congresos del Instituto Smolny hasta que Trostky le increpó:

- Camarada Vladimir Ilich, los vencedores no se esconden.

Llevaba 24 horas de retraso.

Bajo la consigna “Todo el poder para los soviets”, Lenin impuso su interpretación caprichosa y distorsionada de las ideas de Marx. El Poder Soviético que instauró no fue el de los Consejos Obreros como proclamó, sino la dictadura del Partido Comunista contra el proletariado. Luego, Lenin logró imponer su tiranía sobre el Politburó.

Para construir el monstruoso súper estado policial que fue la Unión Soviética, la principal herramienta de Lenin fue el terror.

En diciembre de 1917, para implantar un “riguroso orden revolucionario” exigió “aplastar sin misericordia los brotes de anarquía entre gamberros, borrachos, vagos y contrarrevolucionarios”. Un mes después, proclamó que su objetivo único era “limpiar la tierra rusa de todo bicho nocivo”.

No se refería a los piojos. Eso fue después, cuando advirtió que los piojos que trasmitían el tifus podían acabar con su revolución. Lenin vivió obsesionado con los bichos. Debido a esa obsesión, sus guardias rojos y chekistas asesinaron a decenas de miles de opositores, mencheviques, eseristas, aristócratas, burgueses, sacerdotes, creyentes, intelectuales. Para el inefable camarada Vladimir Ilich, sólo eran bichos.

Los aportes leninistas al marxismo fueron el cuerpo legitimador de las dictaduras comunistas. Todas, no importa las nobles intenciones anunciadas por la retórica propagandística, con campos de concentración para “antisociales”, cárceles llenas y tenebrosa policía política. Tales encantos se los debemos al “genial guía del proletariado”.

Todo eso y más fue lo que me faltó decirle a mi joven vecina sobre Lenin. Tampoco pude decirlo en mis tiempos de estudiante. Por entonces, la criatura de Lenin, el País de los Soviets que aparecía en las revistas rusas con que forraba las libretas escolares, era un paraíso aburrido y plomizo, pero paraíso al fin, al que se dirigía inexorablemente la humanidad.

Quizás de aquí a un par de años, para alguna tarea universitaria de mi vecinita, pueda decirle todo sobre Lenin. Eso, si no se entera antes. Tal vez siguió mi consejo y buscó en los libros. Me refiero a libros que digan la verdad. Ojalá.


CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente

 
 
 
 
 
 
 
 
Archivos
 
CubaNet no se responsabiliza por el contenido de las páginas externas