| Lo que
me faltó decir sobre Lenin
Luis Cino
LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) - Hace
varios días una muchacha de mi barrio me pidió que
le escribiera algo sobre Lenin. Se acercaba el aniversario 90 de
la revolución bolchevique y su tarea escolar era investigar
sobre la vida de Vladimir Ilich.
Obviamente, ella no sabía nada de Lenin.
Ni le interesaba. Su fuerte no es la historia. Le bastaba con decir
que fue “un patriota ruso”. “Un calvito feo ahí”.
Mi vecinita no sabe mucho de patriotas. Sólo sabe que son
“los tipos que salen en los billetes”. En los pesos,
los cuc y los dólares. Da la casualidad que ninguno de ellos
es ruso.
De mala gana y por salir del paso, le apunté
varios renglones con sus datos biográficos esenciales.
Nació en 1870. Su verdadero nombre era Vladimir
Ilich Ulianov. Se hizo marxista en 1888. Estuvo 3 años deportado
en Siberia y luego se exiló en Suiza. En 1903, sus seguidores
formaron la facción bolchevique opuesta a la menchevique.
En abril de 1917 regresó de Suiza, a través de Alemania,
a San Petersburgo, para dirigir la revolución de Octubre.
Fue el fundador del estado Soviético. Murió en 1924.
- Coño, Luis, pero esto está muy corto,
parece un telegrama -protestó la muchacha con un encantador
mohín. Le dije que no tenía más datos sobre
Lenin y le di un sano consejo: “busca en los libros”.
Ojalá me haya hecho caso y le hayan dado una buena calificación
a su tarea.
No podía decirle más. Sospecho que
no me iba a entender. Fue mejor así. Los jóvenes deben
leer y llegar a conclusiones por sí mismos. Además,
¿para que iba a buscarle problemas con su profesor?
Lo que no dije de Lenin es que fue un asesino de
la patología revolucionaria más extrema. Otro cruel
dictador más. Ahora que andamos por los días del cumpleaños
90 de la revolución de octubre, uno de los mayores fraudes
de la historia, es buen momento para recordarlo.
Lenin, el estratega, no fue el artífice del
golpe de estado de San Petersburgo, sino Trostky. Mientras los destacamentos
de choque de Lev Davidovich se apoderaban de los centros vitales
de la ciudad, Lenin permaneció oculto y disfrazado. Afeitado
y con peluca. No penetró en la sala de congresos del Instituto
Smolny hasta que Trostky le increpó:
- Camarada Vladimir Ilich, los vencedores no se
esconden.
Llevaba 24 horas de retraso.
Bajo la consigna “Todo el poder para los soviets”,
Lenin impuso su interpretación caprichosa y distorsionada
de las ideas de Marx. El Poder Soviético que instauró
no fue el de los Consejos Obreros como proclamó, sino la
dictadura del Partido Comunista contra el proletariado. Luego, Lenin
logró imponer su tiranía sobre el Politburó.
Para construir el monstruoso súper estado
policial que fue la Unión Soviética, la principal
herramienta de Lenin fue el terror.
En diciembre de 1917, para implantar un “riguroso
orden revolucionario” exigió “aplastar sin misericordia
los brotes de anarquía entre gamberros, borrachos, vagos
y contrarrevolucionarios”. Un mes después, proclamó
que su objetivo único era “limpiar la tierra rusa de
todo bicho nocivo”.
No se refería a los piojos. Eso fue después,
cuando advirtió que los piojos que trasmitían el tifus
podían acabar con su revolución. Lenin vivió
obsesionado con los bichos. Debido a esa obsesión, sus guardias
rojos y chekistas asesinaron a decenas de miles de opositores, mencheviques,
eseristas, aristócratas, burgueses, sacerdotes, creyentes,
intelectuales. Para el inefable camarada Vladimir Ilich, sólo
eran bichos.
Los aportes leninistas al marxismo fueron el cuerpo
legitimador de las dictaduras comunistas. Todas, no importa las
nobles intenciones anunciadas por la retórica propagandística,
con campos de concentración para “antisociales”,
cárceles llenas y tenebrosa policía política.
Tales encantos se los debemos al “genial guía del proletariado”.
Todo eso y más fue lo que me faltó
decirle a mi joven vecina sobre Lenin. Tampoco pude decirlo en mis
tiempos de estudiante. Por entonces, la criatura de Lenin, el País
de los Soviets que aparecía en las revistas rusas con que
forraba las libretas escolares, era un paraíso aburrido y
plomizo, pero paraíso al fin, al que se dirigía inexorablemente
la humanidad.
Quizás de aquí a un par de años,
para alguna tarea universitaria de mi vecinita, pueda decirle todo
sobre Lenin. Eso, si no se entera antes. Tal vez siguió mi
consejo y buscó en los libros. Me refiero a libros que digan
la verdad. Ojalá.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores,
y autoriza la reproducción de este material, siempre que
se le reconozca como fuente
|