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Entre
el sometimiento y la violencia
Vicente Echerri, El Nuevo Herald,
31 de mayo de 2007.
El cierre de Radio Caracas TV es una agresión
abierta contra la democracia venezolana que sirve
para certificar el carácter autoritario
del gobierno de ese país en perjuicio de
todos sus ciudadanos, incluidos los propios chavistas.
Si algún demócrata cuestionaba aún
la justificación del intento de golpe de
Estado que tuvo lugar en el 2002 para deponer
a Chávez, la acción de este fin
de semana debe haberlo aliviado de ese escrúpulo.
Por muy electo que sea, Chávez es un violador
del contrato social en que se fundamenta la democracia
y, en consecuencia, merece la deposición.
El que los venezolanos que se le oponen lleguen
a ver en la violencia una salida, sólo
puede tildarse de patriotismo.
Se engañan, por otra parte, los que piensen
o sueñen que el atentado contra la libertad
de prensa en Venezuela se termina con esta expropiación
(porque según decreto judicial del pasado
viernes, el Estado se incautará de la infraestructura
y equipos de la emisora). Si el grotesco socialismo
del siglo XXI, que tan idóneamente encarna
el facineroso de Hugo Chávez, progresa
(quiero decir se impone, ''progreso'' y ''socialismo''
constituyen una antinomia y, si van juntos, un
oxímoron), el resto de los medios de difusión
lo seguirá necesariamente: la dinámica
del proceso terminará por exigirlo, aunque
el mismo Chávez vea hoy tal radicalización
como innecesaria. El régimen venezolano
está empeñado en la fabricación
de una sociedad totalitaria --no importa que muchos
chavistas sinceros se espanten ante tal definición--
, y ese designio es, por naturaleza, abarcador,
porque cualquier proyecto o empresa que no responda
enteramente a él ha de contarse en el bando
de los que se le oponen.
De ahí que me parezca lamentable y patética
la actitud obsecuente de Venevisión y de
su presidente Gustavo Cisneros quien, por puro
interés personal, ha pactado con Chávez
y apuesta por su supervivencia empresarial. Me
hace acordar de Felipe de Orleáns, a quien
su coqueteo con la Revolución Francesa
lo llevó al extremo de votar a favor de
la ejecución de Luis XVI para terminar
él mismo en la guillotina poco después.
El socialismo que ha empezado a construirse en
Venezuela es un absoluto frente al cual un tipo
como Cisneros está previamente condenado
por muchas avenencias que haga y por muchas componendas
en que participe. Lo único sabio e inteligente
que podría hacer este magnate --y no creo
que sea el único-- es financiar un cambio
de régimen, sin excluir el magnicidio.
Así de drásticas se pintan las opciones.
Confieso que, al tiempo que lamento el ingreso
de Venezuela en la intemporalidad totalitaria
--que lleva consigo inevitablemente fracaso, miseria
(material y moral), corrupción y represión--
me alegro al pensar en algunos señoritos
venezolanos que solían burlarse de nosotros
los cubanos (o juzgarnos unos reaccionarios exagerados)
y quienes, desde la protección que les
daba el dinero en un país libre, hasta
profesaban una secreta, y a veces no tan secreta,
admiración por Fidel Castro. Este diario
no me permite poner aquí la palabrota con
que me gustaría saludarlos ahora que la
tragedia los ha llamado a ser protagonistas.
Mientras escribo, las noticias recogen las protestas
de estudiantes y trabajadores en varias ciudades
de Venezuela por este atentado a la libertad de
expresión --garante fundamental de la democracia--;
pero, a menos que desemboquen en un estado de
insurrección general, estos actos no van
a descarrilar la dictadura de Hugo Chávez
ni a disipar la ''unánime noche'' que se
cierne sobre ese país. En mi opinión,
frente al pueblo venezolano se abren tan sólo
dos caminos, el del sometimiento o el de la violencia.
A ellos les toca decidir.
©Echerri 2007
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