PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 31, 2007

POLITICA
¿Bajando la tesitura?

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El enojo de un grupo de intelectuales cubanos ante la reaparición de dos ex- responsables de la ejecución de las políticas que lanzaron a las cárceles y al ostracismo a decenas de personas vinculadas a este sector durante el llamado Quinquenio Gris, es hoy menos dramático que en sus inicios.

Aún se escuchan voces que anuncian la continuidad del debate surgido a partir de debut televisivo de Luis Pavón y Jorge Serguera, dos ejecutores de las órdenes originadas en la cúspide del poder. Un par de piezas intermedias en la construcción del totalitarismo.

No se descarta el hecho de que hayan existido aportes al guión represivo. Reinterpretar un acápite con la finalidad de ampliar la tragedia de las víctimas, proponer combinaciones de torturas psicológicas más sutiles, aumentarle la carga de trabajo a los recluidos en los campos de trabajo forzado.

En fin, el hombre en tales circunstancias, es decir, en regímenes sin libertades, ni aspectos relacionados con un estado de derecho, y desde posiciones vinculadas a su apuntalamiento o consolidación, se inclina por conductas que se adentran en los terrenos del sadismo y otras manifestaciones bien alejadas de la compasión y la mesura. Pavón y Serguera serían una versión, salvando la distancia y la crueldad, de quienes sirvieron al Tercer Reich. Aunque valga no olvidar que contribuyeron a arruinarle la vida a muchísimas personas. Suicidios, mentes anuladas a causa del maltrato y el encierro e inservibles para organizar cualquier esfuerzo creativo, traumas de toda índole. Pero y, ¿por qué ninguno de los ofendidos se atreve a mirar más arriba en la lista de los culpables?

Ellos fueron dos colaboradores en la destrucción moral y física de decenas de presuntos o declarados homosexuales. También en esa época cayeron en desgracia los inconversos a la nueva religión basada en el marxismo-leninismo, sin embargo, su responsabilidad es marginal si vemos el asunto con luz larga.

Aún la censura funciona, las penalidades van de la marginación editorial hasta el acoso abierto o solapado de la policía política. El chantaje para confesos o probables rebeldes, el favoritismo hacia los dóciles, los viajes, publicaciones y premios utilizados como antídoto para los críticos con obra y reconocimiento dentro y fuera del país.

Así se mantiene el juego sin que suceda nada extraordinario. Es cierto que hubo un paréntesis a partir de las muestras de disgusto que se cruzaron por la vía del correo electrónico y por diversos encuentros acaecidos entre centenares de intelectuales y funcionarios del Ministerio de Cultura para esclarecer las motivaciones y finalidades de sacar a los ex- verdugos en espacios estelares de la televisión.

Muchos de los que ahora protestan son los mismos que se sumaron a las recriminaciones oficiales contra los 10 intelectuales que en la década del 90 del siglo precedente tomaron la iniciativa de pedir mínimas reformas al gobierno.

María Elena Cruz Varela y Raúl Rivero, dos de los firmantes conocieron la cárcel por mantenerse a contracorriente. Cruz Varela, encierro y golpes como castigo por patrocinar la petición aperturista. Rivero, un derrotero análogo, por resistirse a ir al exilio y continuar haciendo poesía y periodismo dentro de Cuba sin el control de los comisarios.

Finalmente todos debieron marcharse, con el recuerdo de haber tenido que vérselas con el encierro, el abuso, la discriminación y el silencio de la mayor parte de sus colegas.

César López mencionó a Reinaldo Arenas, entre otros proscritos de las letras cubanas en la inauguración de la última Feria del Libro, evento que se celebra cada año en toda la isla. No hizo nada más allá de una alusión vacía y que viene a salvar, en algo, la cara de una intelectualidad que no ha estado a la altura de los tiempos que le ha tocado vivir. Por suerte siempre hay excepciones.

Reinaldo Arenas tuvo que morir en Nueva York, Gastón Baquero en Madrid. Lezama Lima y Virgilio Piñera, carcomidos por el miedo en La Habana de los 70 y 80, negados a abandonar el país que llegó a ser parte de sus almas.

Sería muy sano y atinado preocuparse por los escritores y artistas, con buen currículo y sobrado talento, cuyas obras no pueden ser presentadas dentro de Cuba. Además, no habrá que resucitarlos con referencias orales o salutaciones a destiempo. Son varias decenas que viven en intramuros, sentenciados al olvido.

Traer al presente, aunque de refilón, algunos nombres malditos es algo. La "reivindicación" fue un chispazo, tal vez una maniobra previamente consensuada entre las élites políticas y culturales.

No sé si es una percepción errada, pero la tesitura de las protestas tiene otros matices. ¿Se apagará definitivamente, mantendrá el tono sobre lo bajo, o veremos la amplificación de la señal? .Me atrevería a afirmar que de las tres probabilidades la última es muy difícil que prevalezca. Quisiera, más que nunca, equivocarme. Esperemos.

 


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