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POLITICA
¿Bajando la tesitura?
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El enojo
de un grupo de intelectuales cubanos ante la reaparición
de dos ex- responsables de la ejecución
de las políticas que lanzaron a las cárceles
y al ostracismo a decenas de personas vinculadas
a este sector durante el llamado Quinquenio Gris,
es hoy menos dramático que en sus inicios.
Aún se escuchan voces que anuncian la
continuidad del debate surgido a partir de debut
televisivo de Luis Pavón y Jorge Serguera,
dos ejecutores de las órdenes originadas
en la cúspide del poder. Un par de piezas
intermedias en la construcción del totalitarismo.
No se descarta el hecho de que hayan existido
aportes al guión represivo. Reinterpretar
un acápite con la finalidad de ampliar
la tragedia de las víctimas, proponer combinaciones
de torturas psicológicas más sutiles,
aumentarle la carga de trabajo a los recluidos
en los campos de trabajo forzado.
En fin, el hombre en tales circunstancias, es
decir, en regímenes sin libertades, ni
aspectos relacionados con un estado de derecho,
y desde posiciones vinculadas a su apuntalamiento
o consolidación, se inclina por conductas
que se adentran en los terrenos del sadismo y
otras manifestaciones bien alejadas de la compasión
y la mesura. Pavón y Serguera serían
una versión, salvando la distancia y la
crueldad, de quienes sirvieron al Tercer Reich.
Aunque valga no olvidar que contribuyeron a arruinarle
la vida a muchísimas personas. Suicidios,
mentes anuladas a causa del maltrato y el encierro
e inservibles para organizar cualquier esfuerzo
creativo, traumas de toda índole. Pero
y, ¿por qué ninguno de los ofendidos
se atreve a mirar más arriba en la lista
de los culpables?
Ellos fueron dos colaboradores en la destrucción
moral y física de decenas de presuntos
o declarados homosexuales. También en esa
época cayeron en desgracia los inconversos
a la nueva religión basada en el marxismo-leninismo,
sin embargo, su responsabilidad es marginal si
vemos el asunto con luz larga.
Aún la censura funciona, las penalidades
van de la marginación editorial hasta el
acoso abierto o solapado de la policía
política. El chantaje para confesos o probables
rebeldes, el favoritismo hacia los dóciles,
los viajes, publicaciones y premios utilizados
como antídoto para los críticos
con obra y reconocimiento dentro y fuera del país.
Así se mantiene el juego sin que suceda
nada extraordinario. Es cierto que hubo un paréntesis
a partir de las muestras de disgusto que se cruzaron
por la vía del correo electrónico
y por diversos encuentros acaecidos entre centenares
de intelectuales y funcionarios del Ministerio
de Cultura para esclarecer las motivaciones y
finalidades de sacar a los ex- verdugos en espacios
estelares de la televisión.
Muchos de los que ahora protestan son los mismos
que se sumaron a las recriminaciones oficiales
contra los 10 intelectuales que en la década
del 90 del siglo precedente tomaron la iniciativa
de pedir mínimas reformas al gobierno.
María Elena Cruz Varela y Raúl
Rivero, dos de los firmantes conocieron la cárcel
por mantenerse a contracorriente. Cruz Varela,
encierro y golpes como castigo por patrocinar
la petición aperturista. Rivero, un derrotero
análogo, por resistirse a ir al exilio
y continuar haciendo poesía y periodismo
dentro de Cuba sin el control de los comisarios.
Finalmente todos debieron marcharse, con el recuerdo
de haber tenido que vérselas con el encierro,
el abuso, la discriminación y el silencio
de la mayor parte de sus colegas.
César López mencionó a Reinaldo
Arenas, entre otros proscritos de las letras cubanas
en la inauguración de la última
Feria del Libro, evento que se celebra cada año
en toda la isla. No hizo nada más allá
de una alusión vacía y que viene
a salvar, en algo, la cara de una intelectualidad
que no ha estado a la altura de los tiempos que
le ha tocado vivir. Por suerte siempre hay excepciones.
Reinaldo Arenas tuvo que morir en Nueva York,
Gastón Baquero en Madrid. Lezama Lima y
Virgilio Piñera, carcomidos por el miedo
en La Habana de los 70 y 80, negados a abandonar
el país que llegó a ser parte de
sus almas.
Sería muy sano y atinado preocuparse por
los escritores y artistas, con buen currículo
y sobrado talento, cuyas obras no pueden ser presentadas
dentro de Cuba. Además, no habrá
que resucitarlos con referencias orales o salutaciones
a destiempo. Son varias decenas que viven en intramuros,
sentenciados al olvido.
Traer al presente, aunque de refilón,
algunos nombres malditos es algo. La "reivindicación"
fue un chispazo, tal vez una maniobra previamente
consensuada entre las élites políticas
y culturales.
No sé si es una percepción errada,
pero la tesitura de las protestas tiene otros
matices. ¿Se apagará definitivamente,
mantendrá el tono sobre lo bajo, o veremos
la amplificación de la señal? .Me
atrevería a afirmar que de las tres probabilidades
la última es muy difícil que prevalezca.
Quisiera, más que nunca, equivocarme. Esperemos.
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