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HUMOR
Nefasto, S.O.S. y el Plan Mofeta Tropical
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Resulta insultante
el refinamiento del olfato de algunas personas
que no quieren bien a la revolución. Es
abusivo el perendengue, la insidia, el chismorreo
y la cantidad de papel que emplean para desacreditar
unos olores patrios que inundan de bacterias los
pulmones y de taquicardia rabiosa el corazón.
¿Hasta cuándo vamos a hacerle el
juego al enemigo diciéndole que vivimos
sobre un vertedero de desechos humanos y líquidos,
en un jardín de veneno que nos agiganta
y pone en el sitial de honor de los aguantones
a nivel mundial?
Es hora de poner fin a tantos remilgos burgueses
y comprender de una vez por todas que en nuestros
propósitos se encuentra implementar el
Plan Mofeta Tropical para que todos tengamos el
mismo olor a humo con distintos matices al final
de milenio.
Que la gente se indigne, patalee y dé
tres gritos en miles de reuniones convocadas al
efecto a todos los niveles de las instituciones
del país, es tan derecho constitucional
como el de los dirigentes a tomar notas, revisarlas
cada cinco años, guardarlas y, transcurridos
veinte, limpiarse con ellas.
Si hoy hago este análisis es porque algunos
que prefieren quemarse (con el comité de
defensa de la revolución) han puesto el
grito en el cielo por una mínima contaminación
ambiental que afecta a los habitantes de la barriada
de Campo Florido, en La Habana del Este.
Al parecer, estos quejosos señores no
viajan, pues si se dirigen al sur, al norte y
al oeste de nuestra capital olfatearán
el mismo tufo, dados los meritorios esfuerzos
de redecorar la provincia a imagen y semejanza
del vertedero de Santa Cruz.
Si bien es lógico que se preocupen por
el humo asfixiante y la niebla que cubre al pueblo
y le resulta imposible respirar, deben saber los
señores que la desidia de los dirigentes
ante el insignificante problema la motiva el afán
de que ensanchen los pulmones, pongan a tope el
corazón, y creen anticuerpos en cada cédula,
neurona o tira de pellejo que cubre el esqueleto.
Para cuando nos invadan los yanquis estar listos
para vencer.
Además, si los días en que se quema
el vertedero ubicado en la entrada norte de Campo
Florido aumentan en un 35 por ciento las consultas
de la policlínica local con pacientes afectados
por problemas respiratorios, especialmente asma,
deben los quejosos ser sagaces y percatarse que
están en presencia de un ejercicio médico
de emergencia en tiempo de guerra.
Y esto, que yo sepa, pone bien alto el servicio
de atención primaria de nuestro país,
aunque el de secundaria y bachillerato haya que
ir a recibirlo en las cataratas del Salto del
Ángel, en Venezuela, en el Altiplano de
Bolivia, o en las aldeas de los misquitos nicaragüenses.
Pero como si fuera poca la estrategia de reconvertir
en basureros todos los municipios de Ciudad de
La Habana, existe dentro del Plan Mofeta Tropical
el alentador propósito de identificar el
sitio de residencia de cada ciudadano a través
del olor de su localidad.
¿Ustedes se imaginan que todo cubano que
se baja de un tren, camello, almendrón,
ómnibus o bicicleta en la capital de todos
los cubanos pueda ser un enviado de vuelta a su
provincia porque lo identificó el olor?
¿Qué usted se pare, por ejemplo,
en la estación de ferrocarril, le llame
la atención una muchacha y pueda decirle
glamoroso: "Usted llegó de Cueto,
Alto Cedro o Marcané", porque los
vertederos en esa región no queman plomo,
plástico, aluminio, sino madera carcomida,
ropa vieja y uno que otro gato víctima
de un ciclón?
¿No encontraría impactante que
identifique a una güinera por su olor a pájara
pinta, por el efluvio que emana de su cabello
(humo de fritura sin pan); y a la de Campo Florido
por el perfume de plomo y aluminio que recorre
su piel de arriba abajo y de cabo a rabo?
Entonces, ¿de qué se quejan estos
señores cuando estamos acuñando
los signos de identidad por medio del olor que
despliegan, románticos, diseminados no
sólo por la capital, sino también
por todos los municipios del país?
El sentido de pertenencia a un lugar es sagrado
para los cubanos. Tanto es así, que cuando
llegan a Miami, Jibuti, Gambia, España
o cualquier otro rincón del universo que
los acoge para conocer la infelicidad, se aferran
a su olor durante meses o años, reacios
a renunciar al tufo de marras antes que a los
campos floridos de la patria.
Así que dejen de lanzarnos un S.O.S. venenoso,
acójanse voluntariamente al obligatorio
Plan Mofeta Tropical, y sean propietarios de sus
olores, y verán que no hay nada mejor.
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El perfumista".
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