PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 31, 2007

HUMOR
Nefasto, S.O.S. y el Plan Mofeta Tropical

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Resulta insultante el refinamiento del olfato de algunas personas que no quieren bien a la revolución. Es abusivo el perendengue, la insidia, el chismorreo y la cantidad de papel que emplean para desacreditar unos olores patrios que inundan de bacterias los pulmones y de taquicardia rabiosa el corazón.

¿Hasta cuándo vamos a hacerle el juego al enemigo diciéndole que vivimos sobre un vertedero de desechos humanos y líquidos, en un jardín de veneno que nos agiganta y pone en el sitial de honor de los aguantones a nivel mundial?

Es hora de poner fin a tantos remilgos burgueses y comprender de una vez por todas que en nuestros propósitos se encuentra implementar el Plan Mofeta Tropical para que todos tengamos el mismo olor a humo con distintos matices al final de milenio.

Que la gente se indigne, patalee y dé tres gritos en miles de reuniones convocadas al efecto a todos los niveles de las instituciones del país, es tan derecho constitucional como el de los dirigentes a tomar notas, revisarlas cada cinco años, guardarlas y, transcurridos veinte, limpiarse con ellas.

Si hoy hago este análisis es porque algunos que prefieren quemarse (con el comité de defensa de la revolución) han puesto el grito en el cielo por una mínima contaminación ambiental que afecta a los habitantes de la barriada de Campo Florido, en La Habana del Este.

Al parecer, estos quejosos señores no viajan, pues si se dirigen al sur, al norte y al oeste de nuestra capital olfatearán el mismo tufo, dados los meritorios esfuerzos de redecorar la provincia a imagen y semejanza del vertedero de Santa Cruz.

Si bien es lógico que se preocupen por el humo asfixiante y la niebla que cubre al pueblo y le resulta imposible respirar, deben saber los señores que la desidia de los dirigentes ante el insignificante problema la motiva el afán de que ensanchen los pulmones, pongan a tope el corazón, y creen anticuerpos en cada cédula, neurona o tira de pellejo que cubre el esqueleto. Para cuando nos invadan los yanquis estar listos para vencer.

Además, si los días en que se quema el vertedero ubicado en la entrada norte de Campo Florido aumentan en un 35 por ciento las consultas de la policlínica local con pacientes afectados por problemas respiratorios, especialmente asma, deben los quejosos ser sagaces y percatarse que están en presencia de un ejercicio médico de emergencia en tiempo de guerra.

Y esto, que yo sepa, pone bien alto el servicio de atención primaria de nuestro país, aunque el de secundaria y bachillerato haya que ir a recibirlo en las cataratas del Salto del Ángel, en Venezuela, en el Altiplano de Bolivia, o en las aldeas de los misquitos nicaragüenses.

Pero como si fuera poca la estrategia de reconvertir en basureros todos los municipios de Ciudad de La Habana, existe dentro del Plan Mofeta Tropical el alentador propósito de identificar el sitio de residencia de cada ciudadano a través del olor de su localidad.

¿Ustedes se imaginan que todo cubano que se baja de un tren, camello, almendrón, ómnibus o bicicleta en la capital de todos los cubanos pueda ser un enviado de vuelta a su provincia porque lo identificó el olor?

¿Qué usted se pare, por ejemplo, en la estación de ferrocarril, le llame la atención una muchacha y pueda decirle glamoroso: "Usted llegó de Cueto, Alto Cedro o Marcané", porque los vertederos en esa región no queman plomo, plástico, aluminio, sino madera carcomida, ropa vieja y uno que otro gato víctima de un ciclón?

¿No encontraría impactante que identifique a una güinera por su olor a pájara pinta, por el efluvio que emana de su cabello (humo de fritura sin pan); y a la de Campo Florido por el perfume de plomo y aluminio que recorre su piel de arriba abajo y de cabo a rabo?

Entonces, ¿de qué se quejan estos señores cuando estamos acuñando los signos de identidad por medio del olor que despliegan, románticos, diseminados no sólo por la capital, sino también por todos los municipios del país?

El sentido de pertenencia a un lugar es sagrado para los cubanos. Tanto es así, que cuando llegan a Miami, Jibuti, Gambia, España o cualquier otro rincón del universo que los acoge para conocer la infelicidad, se aferran a su olor durante meses o años, reacios a renunciar al tufo de marras antes que a los campos floridos de la patria.

Así que dejen de lanzarnos un S.O.S. venenoso, acójanse voluntariamente al obligatorio Plan Mofeta Tropical, y sean propietarios de sus olores, y verán que no hay nada mejor.

Eso se los aseguro yo, Nefasto "El perfumista".

 

 


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