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SOCIEDAD
Amor por cuenta propia
Juan González Febles
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Parejas jóvenes
y no tan jóvenes de ambos sexos, tomaron
las calles. No se trata de una protesta política
o de cualquier otra índole. Sólo
se hace el amor. Yaciendo o de pie, amor vertical
y horizontal. Se copula en plena vía pública
o a la vista de todos en azoteas y balcones.
Este vouyerismo colectivo no es un fenómeno
que se circunscriba a la capital. Sucede que La
Habana, como dice la añosa guaracha, marca
el compás y El Cerro tiene la llave.
En Cuba no existen nidos para el amor transitorio.
Luego del paso de los últimos ciclones,
cerraron sus puertas los moteles dedicados a estos
fines. Alguien tomó la decisión
de convertirlos en albergues familiares para personas
sin casa o los "sin tierra", como también
se les llama.
Esos establecimientos, también llamados
albergues o posadas, estaban consagrados para
dirimir episodios galantes efímeros. Formaron
parte del folklore y de los mejores recuerdos
de muchos habaneros y habaneras.
Son el recuerdo de otra época. Cuando
sobraban tiempo y expectativas para romancear
y hacer el amor. Algunos comentan que todo se
acabó, cuando se acabó el querer.
Hoy la vida obliga a copular, como y donde se
puede. Quizás por esto Cuba envejece. La
gente se cuida de la descendencia no deseada,
pero amarse se impone: "No hay más
ná".
Los nidos para el amor de ocasión o para
la ocasión del amor, se desplazaron a monumentos,
paradas de ómnibus, parques y otros oscuros
sitios. También a oficinas e incluso a
cementerios. Jóvenes desaprensivos y necesitados,
han habilitado panteones anónimos y carentes
de celebridad, como nidos emergentes para urgencias
eróticas diurnas.
Una ciudad con una crónica y no resuelta
situación de falta de viviendas, arrastra
lastres. Estos crean combinaciones de problemas
que como reza la canción "se agolpan
unos con otros y por eso no nos matan". Copular
es uno de ellos.
Desde un edificio de Centro Habana, lo suficientemente
alto para señorear la calle Belascoaín,
un buen amigo con un telescopio clandestino ve
las parejas hacer el amor en las azoteas situadas
en niveles más bajos.
El primero o el último monumento a los
presidentes, en la avenida consagrada a éstos
en el Vedado, se llena con la complicidad de la
noche y la falta de alumbrado, de parejas jóvenes
que se aman. Entre ellas, las hay ortodoxamente
heterosexuales, pero no faltan travestis y gays
en la historia.
El monumento se encuentra en la confluencia de
la calle G y la calle 29. Está en el centro
y es uno de los más bellos conjuntos arquitectónicos
de la capital. Se consagró a José
Miguel Gómez, el presidente liberal. El
famoso Tiburón, predecesor del Egregio,
del Hombre y del hoy maltrecho Caballo.
Por supuesto, en esto como en todo, la igualdad
es relativa. Entre el catálogo de soluciones
a esta problemática están los particulares
que alquilan habitaciones, sin tributar para ello
al exigente fisco cubano. Las tarifas oscilan
entre los 60 y los 100 pesos por tres horas. El
servicio incluye de forma regular, ¡aire
acondicionado, agua, sabanas y toallas limpias!
Los extranjeros, por supuesto no tienen mayores
dificultades, para ellos, vale aquello expresado
por el poeta Nicolás Guillén, ellos
tienen lo que nosotros teníamos que tener
y nos quitaron.
Otros que transitan por el carril de Guillén
son los miembros de la nomenclatura y los militares
de cierta graduación. Esos también
tienen lo que teníamos que tener. Ellos
disponen, en el caso de los militares, de discretos
"hotelitos" para las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) y para el infaltable Ministerio
del Interior (MININT).
Los "hotelitos" están situados
al este y el oeste de la capital. También
los hay en los "barrios fríos"
(zonas congeladas) y en ellos los caballeros de
la Contra Inteligencia y la Inteligencia se relajan
de la Batalla de Ideas. También usan para
estos fines, las casas de Seguridad. Las mismas
donde entrevistan, amenazan y chantajean a los
disidentes, o al menos tratan de hacerlo.
Como todo lo que se hace para la vida, amar por
cuenta propia también tiene su encanto.
Esto conlleva un precio, y por qué no,
riesgo. Así que ojo avizor, cuando transite
por alguno de los lugares oscuros aquí
reseñados e incluso por otros, que los
hay, mire bien hacia abajo. No sea que pise a
alguno o lo embarren.
jgonzafeb@yahoo.com
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