PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 30, 2007

REPRESION
La otra azotea

Luis Cino

LA HABANA, mayo (www.cubane.org) - Los poetas ya no se reúnen los jueves en la azotea de Reina María Rodríguez. Ahora la cita, de carácter oficializado, es, también los jueves, pero al mediodía y en otra azotea: la del Palacio del Segundo Cabo. Allí, dentro del redil del Instituto Cubano del Libro, están mejor vigilados.

Los comisarios evitan así a los poetas la molestia de tener que vocear el nombre de Reina María o su mamá en plena calle Ánimas. El peligro de que les lancen, desde un balcón o por una ventana, la llave de la puerta. La ascensión por la escalera y la tentación de leer las inoportunas inscripciones en las paredes. Las goteras en el techo de madera. El susto de que la gata Djuna o cualquier otro de sus felinos cómplices y con nombres de literatos, salten sobre su regazo mientras declaman un poema.

Muchas cosas más evitan los comisarios. Lo mejor de todo: lo hacen sin prohibiciones. Apenas las necesarias. Basta con arquear una ceja o señalar con un dedo. Es mejor así, no vaya a haber una nueva tormenta de e-mails. A intelectuales y artistas hay que tratarlos con pinzas. Tampoco hay que regalárselos al enemigo.

La poetisa Reina María Rodríguez ya apenas da uso a las tazas de porcelana que cambió por los búcaros de Baccarat. En su azotea ya no se reúnen las decenas de escritores que acudían los jueves a su oasis contra la rutina, los apagones y otros desastres. Unos se fueron, otros tienen miedo. Ahora los desastres son los mismos pero sólo vienen cuatro o cinco amigos.

No son iguales las dos azoteas, aunque en la del Palacio del Segundo Cabo también estén Reina María Rodríguez y Jorge Miralles. Con Antón Arrufat editan la revista "Trazado de Letras". Es cuanto queda del proyecto Casa de Poesía y de una azotea que, antes de la mudanza, fue el centro literario alternativo más importante de La Habana.

Ahora, los escritores se acomodan con prudencia los jueves, convocados por una campana, en las sillas, las mesas o un sofá de la azotea del Palacio del Segundo Cabo. Allí todo es previsible y dentro de la revolución. Lo que tiene que pasar lo anuncia un pizarrón. Lo que no anuncia -no es necesario ni de buen gusto- es que en esta azotea también acecha el peligro. Un peligro peor que los gatos de Reina María o sus invitaciones a comer.

Todos lo saben. Leen sus textos acechados por policías disfrazados de poetas (o viceversa). Hacen señas al oír un epigrama que sólo entienden unos pocos iniciados. Fruncen el ceño ante alusiones ambiguas. Hacen críticas a la frágil estructura de algún relato, al pecado de colocar versos que no suenen mal.

Cuando se aburren de haikus, postmodernismo e intertextualidad, y piensan en el futuro que no se ve, bajan la vista a la calle. Abajo están la bahía, el Morro, las copas de los árboles de la Avenida del Puerto, el tinglado bullicioso de los artesanos para atrapar turistas incautos, la aglomeración de personas que esperan guaguas que no pasan. Es mejor alzar los ojos al cielo y pensar un nuevo verso.

Los poetas afectan desenfado y beben té, comprado en pesos convertibles en una tienda de la calle Obispo, que en realidad no es té, sino cualquier otra cosa. Como la tertulia de los jueves, al mediodía, en el Palacio del Segundo Cabo.

luicino2004@yahoo.com


CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.


PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster