|
RELIGION
Los vidrios rotos
Juan González Febles
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Ningún
hombre está obligado a ser valiente. Pocos
consiguen tener una vida suficientemente inmaculada
como para convertir este detalle en obligación
general. En Cuba, cuando se opta por la distancia
frente al gobierno, o por el enfrentamiento, se
hace necesario el valor personal, y además,
la fuerza de la virtud.
El púlpito y la tribuna tienen cosas en
común. A los clérigos de Cuba se
les impone que además de tener fe, sean
buenos cubanos, hombres bragados frente a la adversidad
y que sólo hinquen ante Dios sus rodillas,
para pedir fuerza, amor y sabiduría para
servir.
Monseñor Pedro Meurice y Monseñor
Siro Bacallao fueron valientes y buenos cubanos,
sólo Dios pudo ponerles de rodillas. Otros
curas de fila, desde el anonimato de sus parroquias
y la humildad de su servicio, también llenan
estas expectativas. Sólo que ellos no toman
decisiones. Cuba ha tenido y aún tiene
poca suerte con la iglesia de Roma.
Atrás en la historia, Cuba vio a la iglesia
bendecir las armas que se oponían a la
libertad. Más recientemente ha visto rogativas
por la vida de un tirano y ahora ve abortar uno
de los más hermosos y necesarios proyectos
editoriales. La jerarquía eclesiástica
de la Iglesia Católica Romana abortó
Vitral. Dicen y nadie lo cree, que por falta de
recursos materiales.
Tal actitud, quizás les proporcione licencias
para reconstruir los templos o edificar otros
nuevos. También espacios en la poco escuchada
emisora radial CMBF. Es posible que tarde en la
noche y en uno de los llamados canales educativos
de televisión (con una oferta irresistible
rodando en otro canal) aún tengan la oportunidad
de balbucear algo, que muy pocos oirán.
La jerarquía eclesial retiró a
dos dignos obispos. Lo hizo en los espacios católicos
más respetados por la forma en que defendieron
a Cuba, a su pueblo y a su sociedad civil. Aunque
tenía destinos vacantes en otros sitios
de la Isla, se retiró a Monseñor
José Siro y a Monseñor Pedro Meurice.
Cuba y el mundo conocen el ejemplo de estos sacerdotes
tan valientes. Pero como ya dije, nadie está
obligado a mostrar valor, y al cardenal Jaime
Ortega parece faltarle esta virtud. Dispondrá
de muchas prendas divinas de otra índole,
pero valor e integridad no. Quizás así
también se llega al cielo, lo único
que en silencio y por la puerta trasera.
Los vidrios rotos de Vitral, destrozados por
cobardía y por falta de compromiso con
la libertad del pueblo cubano, quedan en la memoria.
Como también quedan la hidalguía
y la dignidad de Monseñor Meurice y Monseñor
Siro. Como brilla rutilante la humildad y el trabajo
serio y edificante de Vitral y su animador Dagoberto
Valdés.
Atrás quedó en la memoria aquel
mensaje pastoral de "El amor todo lo puede".
Como se quedó el ascendente y el prestigio
entre los fieles católicos de Monseñor
Ortega. Hoy las prioridades del Vaticano son otras.
Los vidrios rotos de Vitral son una victoria
política indiscutida para la dictadura.
Aunque ya se tenía el indicio de que algo
pasaría. Ahí están las declaraciones
de Ricardo Alarcón el pasado noviembre
ante la prensa española. Mencionó
Vitral como hito de una supuesta tolerancia de
la dictadura militar frente a un pensamiento opuesto.
Pero dicen que las cosas no van a quedar ahí.
Otros espacios cívicos de la iglesia cesarán,
según los pesimistas. A todo esto se sumará
la victoria política que la diplomacia
española entregó a la dictadura
en la última visita de su canciller. Dicen
que se hizo a cambio de la devolución del
Centro Cultural y de mayores espacios para sus
inversionistas. También se habla de un
acuerdo sobre respeto a los derechos humanos en
Cuba
Hace más de un siglo, Cuba también
enfrentaba sola a sus enemigos. La única
ayuda llegó del norte. Todavía queda
tiempo. Es posible que en los próximos
cien años la iglesia católica encuentre
tiempo para rectificar y repetir este último
recurso de pedir perdón. También
es posible un reencuentro con España y
otro Papa como Juan Pablo II. Dios lo quiera.
jgonzafeb@yahoo.com
|