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HISTORIA
Nostalgia republicana
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - En mayo de
2002, una investigadora del Instituto de Historia
de Cuba me invitó a un ciclo de conferencias
sobre el centenario de la República. No
pude evadir la propuesta, pero sólo soporté
la sesión de la mañana del primer
día. El evento era presidido por el coronel
Raúl Izquierdo Canosa, recién nombrado
al frente de esa institución, que reinterpreta
el pasado en función del presente.
Había que tener paciencia académica,
compromiso político o aspiraciones cortesanas
para permanecer en silencio bajo los muros del
vetusto Palacio de Aldama, sede del citado instituto,
adscrito al retardatario Comité Central
del Partido Comunista de Cuba, que como sabemos,
escoge a los escribas que redactan la historia
oficial entre las filas de los amanuenses con
orejeras, capaces de embellecer el rostro del
castrismo y reproducir sus dogmas historiográficos.
El ciclo de conferencias al que fui invitado
estuvo a cargo del departamento de república
neocolonial, lo cual ya implica la demonización
de un periodo convulso y progresivo y anuncia
una de las claves para descalificar casi seis
décadas de avances y retrocesos sociales,
económicos y culturales de una nación
sin tradición democrática, que decidió
construir un estado de derecho en 1902.
En las ponencias escuchadas aquel día
de conmemoración republicana en el Instituto
de Historia de Cuba, predominó el falso
entusiasmo de exaltación guerrera que contamina
desde 1959 el plano social y artístico
en nuestra Isla, a favor de la retórica
excluyente del régimen que sepultó
el imperfecto sistema democrático republicano,
pero no ha sido incapaz de edificar un modelo
más libre, humano y competitivo.
Un lustro después del centenario de la
República sigue la misma diatriba oficialista
en el ámbito académico y en los
medios informativos del país. A los propagandistas
del régimen no les basta medio siglo de
infamia contra las sombras de la República.
Al negar con alevosía los enormes avances
de la nación entre 1902 y 1958, tratan
de inhibir la búsqueda de una salida al
laberinto de involución que forjaron.
Tal vez por eso, no son capaces de hacer un análisis
serio y equilibrado de un ciclo histórico
que dicen haber superado. Van a una esquina del
problema: exaltan el lado oscuro de las relaciones
de Cuba con los Estados Unidos, el "enemigo"
que ahora carga con los errores y con las cuentas
perdidas del régimen insular. Dramatizan
ese ángulo de ayer sin hablar de las décadas
posteriores de sometimiento a la Unión
Soviética y de la pobreza niveladora que
nos impuso el irresponsable viaje involutivo hacia
la nada.
Ya Cuba no es un país próspero
que recibe a inmigrantes. Desde los años
sesenta exporta el exilio al igual que Haití,
Marruecos o la España de Francisco Franco.
Nuestra República, a pesar de sus imperfecciones
y de las consignas oficiales contra el 20 de mayo,
es un sueño que renace en el imaginario
nacional.
Parece que no basta el desprecio atroz contra
el pasado. El intento por borrar la memoria nacional
no atenúa la necesidad de reconstruir el
tejido social de la nación. La nostalgia
republicana es un mensaje.
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