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Irak:
Del café cubano al heroísmo
Por Beatriz Parga. Diario
Las Américas, 26 de mayo de 2007.
Cualquiera que esté acostumbrado en Miami
a recargar energías con un buchito de café
cubano seguramente se imagina la nostalgia que
siente un cubano en Irak cuando le quitan la costumbre
de un tajo. A fin de cuentas, algunos dicen que
es el dulce brebaje capaz de despertar a un muerto,
una agradable costumbre y una pausa en el trajín
diario. Para un ejecutivo cubanoamericano llamado
a prestar servicio en Irak, el café contribuye
a romper el hielo y ganar aliados.
Así lo comprobó por propia experiencia
Otto Padrón, Vicepresidente de Programación
de la cadena Univisión , quien como reservista
del ejército de Estados Unidos descubrió
que la costumbre de tomar café le brindaba
la oportunidad de estrechar los vínculos
con los oficiales iraquíes con los que
compartía las barracas y la vida militar.
Y es que el café, tan popular en Miami,
en Irak es una rara curiosidad ya que en el lejano
país la gente no toma café sino
té chai. "No me menciones la palabra
chai. Tomé tanto chai en Irak que se me
pusieron los dientes rojos, parecían oxidados",
explica Padrón, quien se llevó a
Irak una pequeña cafetera para hacer café
cubano, esa bebida caliente y muy dulce que tanto
se parece al expreso de los europeos.
Pronto el momento de colar café se convirtió
en una costumbre casi diaria para aliviar las
tensiones y extender lazos de amistad. "Mi
familia y algunos amigos me enviaron algunas cajas
de café Bustelo y cuando empecé
a prepararlo, a los iraquíes les gustó
mucho", recuerda Padrón quien conserva
como testimonio una fotografía en la que
soldados norteamericanos e iraquíes hacen
un alto a su jornada diaria para compartir un
buchito de café.
La pausa aromática comenzó a incorporarse
en la rutina diaria de un país en el que
las horas parecen más largas por el peligro
latente de las emboscadas suicidas de fanáticos
religiosos y de los insurgentes.
"Como en las películas, el miedo
que no ves es el peor miedo", dice Padrón
sobre este territorio de Irak en el que, afuera
de las barracas militares, el calor y la falta
de aire acondicionado son dos factores que condicionan
la jornada de trabajo, que incluye una necesaria
siesta a mediodía. En compensación
del tiempo en que se resguardan del sol, los iraquíes
trabajan hasta la medianoche y algunos extienden
a la madrugada su jornada laboral.
"La gente se levanta temprano y empieza
a trabajar hacia las 7 a.m. Después de
la siesta del mediodía se levantan de nuevo
y siguen hasta las 3 a.m. La cafeína del
chai los mantiene alerta y les permite trasnochar.
Tienen un horario más europeo ya que cenan
a las 9 p.m. a pesar de que en Mogul y en la mayoría
de ciudades iraquíes no hay electricidad
de noche debido a que muchos tendidos eléctricos
y grandes generadores fueron destruidos por la
Guerra del Golfo y por insurgentes que ocasionalmente
les colocan bombas a las torres.
En las noches, la falta de electricidad no se
siente, debido a que la temperatura refresca y
con el termómetro a 20F hasta se siente
frío. En cambio, a partir del mediodía
el calor puede resultar agobiante con 115F a la
sombra y un sol calcinante en el verano, que se
prolonga por siete meses.
"Por causa del calor la gente suspende todas
las actividades a mediodía, las construcciones
se paran al igual que cualquier trabajo físico;
las ciudades parecen pueblos fantasmas por varias
horas porque la gente se va a descansar. Tal vez
por eso los iraquíes son más lentos;
no son hiperactivos porque con el calor se agotarían
mucho y sus cuerpos perderían mucha agua
y se deshidratarían", comenta Padrón.
Cuando el calor cede, alrededor de las 4 p.m.,
la ciudad vuelve a cobrar vida. A las 5 p.m. oscurece.
"En octubre ellos adelantan la hora para
tener más horas de sol. Pero por causa
del calor aprovechan la noche y no parecen cansarse
ni sentir sueño".
Para el ejército, las horas de trabajo
eran flexibles. Tampoco existía el eterno
mito de levantarse en las barracas a la madrugada.
"Si nos acostábamos tarde trabajando,
podíamos levantarnos a las siete de la
mañana y hasta un poco más tarde.
Además teníamos aire acondicionado.
El ejército cuida bien a su tropa todo
el tiempo", afirma el ejecutivo de la cadena
televisiva.
Padrón formaba parte de un grupo de diez
oficiales con una brigada de 43 en la división
de alrededor de 120 soldados, a las afueras de
una base americana flanqueada por otra base iraquí.
También había un grupo de boinas
verdes y un equipo de albanos que se ocupaban
de la seguridad de la base.
Y cuando se hablaba de seguridad, la expectativa
de una emboscada siempre estaba presente. De hecho,
Padrón tuvo su bautizo de fuego el 19 de
octubre del 2006 en la región oriental
del valle del río Tigris, en una operación
con ocasión del Ramadán, mientras
se desplazaba en una misión conjunta con
el ejército iraquí. Mientras avanzaban
se escuchó el llamado de una estación
de policía Iraquí, que había
sido atacada por la insurgencia.
Padrón iba al frente de un convoy de cinco
vehículos cuando a pocos metros explotó
una bomba detonada por un asaltante suicida que
se había propuesto detener la caravana
militar para evitar su avanzada hacia el cuartel
de policía iraquí que se encontraba
sitiada por los insurgentes. Sin embargo, en vez
de retroceder, Padrón tomó la decisión
de continuar en medio de una lluvia de ataques
de morteros, ametralladoras y explosivos, sobrepasando
las líneas de fuego con la que el enemigo
intentaba detener las fuerzas aliadas.
"Sin dudarlo, el mayor Padrón le
ordenó a su fuerza retornar el fuego",
dice el documento que acompaña la Medalla
de Bronce de reconocimiento a su valor.
El cruce de fuego continuó por varias
horas. En un momento dado, un cuerpo de ingeniería
fue atacado aproximadamente 500 metros al sur
de donde Padrón combatía. "Bajando
del vehículo sin temor a su seguridad personal
y expuesto al fuego enemigo, el Mayor Padrón
y otros integrantes de las fuerzas norteamericanas
e iraquíes se dirigieron a un edificio
de la longitud de una cuadra, dándole claridad
a la operación al igual que despejando
uno de los caminos más peligrosos de Mogul,
con el propósito de cerrar y destruir las
fuerzas enemigas, que eran superiores a las suyas",
se lee en el documento en inglés.
La heroica acción de Padrón desbandó
el ataque enemigo forzando a las fuerzas rebeldes
anti-iraquíes a retirarse y neutralizando
el más largo ataque realizado por los grupos
insurgentes como parte de la Ofensiva del Ramadán,
que se dio coincidiendo con el mes del ayuno musulmán.
No espere, sin embargo, escuchar al heroico personaje
contar con vehemencia sus hazañas militares.
Y es que tanto en el campo de batalla o en su
alta posición en la cadena hispana más
poderosa de los Estados Unidos, Padrón
es un hombre modesto.
Fue difícil convencerlo de dar una entrevista.
Finalmente, la petición pudo concretarse
cuando se le explicó que muchas familias
hispanas de Norteamérica tienen a sus hijos,
padres y esposos en la guerra, y quisieran tal
vez conocer un testimonio de primera mano por
parte de alguien que tuvo que abandonar temporalmente
una posición importante para formar parte
de las fuerzas con las que el Ejército
Norteamericano se propone encauzar a Irak por
las vías democráticas.
Por eso cuando se le pregunta sobre el resultado
de su viaje, no duda al dar una respuesta:
"Creo que todo lo que hice valió
la pena, a pesar del sacrificio de dejar a mi
familia, mi trabajo y amistades por un año.
Si con eso Irak consigue ser libre y en Estados
Unidos estamos menos expuestos a que en los próximos
años tengamos un ataque como el de las
Torres Gemelas, volvería a hacerlo".
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