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HUMOR
Nefasto y el Llanto de mi guitarra
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Los que aseguran
que la Escuela de Guitarra está en peligro
de extinción, desafina, no da la nota exacta
y se le quiebra el diapasón de tanto ruido,
no saben apreciar la magia de un concierto para
sordos izquierdos.
Si bien no podemos negar que muchos profesores
no cuentan con el nivel adecuado, y existen carencias
severas de guitarras de calidad, cuerdas, partituras,
banquitos para el pie o soportes, atriles y otros
recursos, contamos con la voluntad de adecuar
las reglas del instrumento a una tuba o a un fagot.
¿Se imaginan ustedes cómo revolucionaría
la concepción y alcance de la guitarra
que se anuncie el Concierto de Aranjuez, del mítico
Joaquín Rodrigo, y se suba Pepe "La
sopa" al escenario con una tuba despampanante
que sólo da el sí sostenido?
¿Han interiorizado las olas de fervor
y admiración que levantaría en el
auditorio de un concierto para guitarras que María
"La sorda" anuncie la interpretación
del número para piano y guitarra "Se
me perdió la chiva", de nuestro Pimpo
La O, y lo acometa con un fagot acompañado
de tumbadoras?
Eso sería crecerse ante las dificultades,
demostrar el amor por un instrumento que, aunque
por ahora fantasma, diezmado o hecho polvo, forma
parte de la tradición y el acervo musical
de los cubanos, no importa si convertido en una
tuba-guita o un fago-tarra.
En un final, si los Beatles compusieron El llanto
de mi guitarra ante la falta de presupuesto para
obtener aunque fuera una de calidad, no seremos
menos y haremos conciertos para el instrumento
hasta con un guayo y un cubanismo, par de maracas.
¡Nadie se ofenderá en Cuba porque
le anuncien un concierto para guitarra, y se despeloten
las notas de una tuba o un fagot en medio del
escenario!
¿Cuántas veces nos anunciaron liebre
y nos dieron gatos? ¿Respeto y nos llegaron
atropellos a lo largo de casi 50 años?
No podemos amilanarnos porque la importación
estatal de guitarras de conciertos no exista,
ni que el Concurso y Festival Internacional de
Guitarra de La Habana haya desaparecido, o que
haga sólo cinco años que se busca
la fórmula para pagar al luthier Dioscorides
Borges, de Las Tunas, las dos buenas guitarras
que construyó por encargo del Instituto
de la Música.
La cuestión es que suenen o hagan ruido
hasta tanto nos lleguen las limosnas que bajo
el nombre de donaciones recibimos de conmovidos
luthiers de Japón, España, Francia,
Grecia, Suiza y Haití, aferrados a que
sustituyamos la tuba alternativa y el fagot de
ocasión por la guitarra.
Por entre cuerda y cuerda: ¡tubazos! Entre
puente y diapasón: ¡fagot y maracas!
Todo por una escuela diferente, cubana, que revolucionó
al mundo de la guitarra. Talento para esperar
nos sobra, y carencias también.
Así que mientras nos llega el día.
Tómala tú, guitarrero, / límpiale
de alcohol la boca / y en esa guitarra toca: el
son del sepulturero.
Eso lo digo yo, Nefasto "El concertista".
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