PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 24, 2007

HUMOR
Nefasto y el Llanto de mi guitarra

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Los que aseguran que la Escuela de Guitarra está en peligro de extinción, desafina, no da la nota exacta y se le quiebra el diapasón de tanto ruido, no saben apreciar la magia de un concierto para sordos izquierdos.

Si bien no podemos negar que muchos profesores no cuentan con el nivel adecuado, y existen carencias severas de guitarras de calidad, cuerdas, partituras, banquitos para el pie o soportes, atriles y otros recursos, contamos con la voluntad de adecuar las reglas del instrumento a una tuba o a un fagot.

¿Se imaginan ustedes cómo revolucionaría la concepción y alcance de la guitarra que se anuncie el Concierto de Aranjuez, del mítico Joaquín Rodrigo, y se suba Pepe "La sopa" al escenario con una tuba despampanante que sólo da el sí sostenido?

¿Han interiorizado las olas de fervor y admiración que levantaría en el auditorio de un concierto para guitarras que María "La sorda" anuncie la interpretación del número para piano y guitarra "Se me perdió la chiva", de nuestro Pimpo La O, y lo acometa con un fagot acompañado de tumbadoras?

Eso sería crecerse ante las dificultades, demostrar el amor por un instrumento que, aunque por ahora fantasma, diezmado o hecho polvo, forma parte de la tradición y el acervo musical de los cubanos, no importa si convertido en una tuba-guita o un fago-tarra.

En un final, si los Beatles compusieron El llanto de mi guitarra ante la falta de presupuesto para obtener aunque fuera una de calidad, no seremos menos y haremos conciertos para el instrumento hasta con un guayo y un cubanismo, par de maracas.

¡Nadie se ofenderá en Cuba porque le anuncien un concierto para guitarra, y se despeloten las notas de una tuba o un fagot en medio del escenario!

¿Cuántas veces nos anunciaron liebre y nos dieron gatos? ¿Respeto y nos llegaron atropellos a lo largo de casi 50 años?

No podemos amilanarnos porque la importación estatal de guitarras de conciertos no exista, ni que el Concurso y Festival Internacional de Guitarra de La Habana haya desaparecido, o que haga sólo cinco años que se busca la fórmula para pagar al luthier Dioscorides Borges, de Las Tunas, las dos buenas guitarras que construyó por encargo del Instituto de la Música.

La cuestión es que suenen o hagan ruido hasta tanto nos lleguen las limosnas que bajo el nombre de donaciones recibimos de conmovidos luthiers de Japón, España, Francia, Grecia, Suiza y Haití, aferrados a que sustituyamos la tuba alternativa y el fagot de ocasión por la guitarra.

Por entre cuerda y cuerda: ¡tubazos! Entre puente y diapasón: ¡fagot y maracas! Todo por una escuela diferente, cubana, que revolucionó al mundo de la guitarra. Talento para esperar nos sobra, y carencias también.

Así que mientras nos llega el día. Tómala tú, guitarrero, / límpiale de alcohol la boca / y en esa guitarra toca: el son del sepulturero.

Eso lo digo yo, Nefasto "El concertista".


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