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POLITICA
La gota de agua
Aleaga Pesant
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - La clarinada
sobre la próxima guerra fría la
dio a mediados de 2005 la revista Atlantic Monthly,
que publicó un articulo de su analista
militar, donde esboza una advertencia, respaldada
por importantes sectores norteamericanos que prevén
que el principal foco de conflicto para esa nación
se traslada desde el Medio Oriente al Océano
Pacifico. El autor asegura que China es el nuevo
y poderoso adversario de Estados Unidos.
Quizás por eso llame tanto la atención
a analistas y especialistas los muy estables contactos
entre los partidos comunistas chino y cubano,
así como el constante intercambio de visitas
entre mandos militares y funcionarios del gobierno,
que más que síntomas del estrechamiento
de las relaciones entre dos gobiernos, que tienen
dos enemigos estratégicos: la democracia
y la libertad. Pueden ser los baluartes de una
estrategia china de penetración en las
proximidades de su eventual adversario.
Hace sólo unos días fue recibido
por el general Raúl Castro y las más
altas esferas del gobierno cubano, el ministro
de Defensa y vicepresidente de la Comisión
Militar Central, Coronel General Cao Gangchuan.
Esta no es una visita aislada. El año pasado
no menos de 10 delegaciones del más alto
nivel visitaron la isla, entre ellas varias militares.
A lo anterior se une la marcada referencia a
asuntos chinos en nuestros medios de comunicación.
Un ejemplo es que en la exigua programación
televisiva cubana, todos los días se trasmite
un programa de hora y media producido en el país
asiático. Por otra parte, en el barrio
chino de La Habana, las calles son señalizadas
con ideogramas y su comunidad tiene prebendas
comerciales, impensables para el cubano común.
En el caso cubano, la historia de ponernos al
servicio de una potencia extra continental data
de 1962, cuando en el sumun de su belicosidad,
Fidel Castro prestó nuestro territorio
para que la extinta Unión Soviética
situara mísiles nucleares, erigiendo la
isla como un porta mísiles nuclear y rehén
inmediato de represalias por parte del vecino.
También se recuerda el estacionamiento
de la base de espionaje electrónico conocida
como "Lourdes". Según versiones
no confirmadas, la "estación"
fue utilizada por los rusos y mas tarde por los
chinos. En el siglo XXI, el gobierno de Irán
colocó en la Habana una antena encargada
de interferir señales norteamericanas de
comunicaciones, tema que se saldó con un
incidente diplomático. Nunca se precisó
si la instalación persa se levantó
con la aprobación antillana.
En el actual escenario, los comunistas pekineses
tienen poderes blandos y duros. A nuestros militares
y hombres de negocios les encanta la idea del
"modelo chino" (aunque el general Castro
lo desmintió). A ellos no hay que rogarles
para que intercambien visitas con pláticas
privadas y regalos. Su mezcla de autoritarismo
tradicional y economía de mercado tiene
un amplio atractivo en varias partes del mundo,
incluida nuestra elite militar empresarial. Además,
como China mejoró el bienestar general
de cientos de millones de sus ciudadanos, las
demandas de nuestros demócratas, como el
Proyecto Varela o el Todos Unidos, tienen menos
atractivos.
Según analistas internacionales, aunque
China está inmersa en un significativo
gasto militar, su marina y fuerza aérea
no estarán en condiciones de alcanzar a
las norteamericanas durante décadas. Por
lo tanto, por ahora, les puede resultar interesante
encontrar naciones cercanas, que se apresten a
coger en su suelo sistemas de enfrentamiento asimétrico.
Si como plantean algunos estrategas, la próxima
guerra fría será entre China y los
Estados Unidos, no será festinado ver cómo
los asiáticos juegan a convertir a nuestra
isla en una plaza adelantada de cara al conflicto.
Con la importante deuda que el gobierno de La
Habana mantiene con Pekín, desde época
de las inolvidables Forever (bicicletas) y de
la cual los ómnibus Yutong y las locomotoras
son la parte tangible, no es despreciable que
los asiáticos comiencen a negociar nuevos
espacios en contra de nuestra seguridad nacional,
con la paciencia de la gota que orada la piedra.
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