PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 22, 2007

CULTURA
¿Quién le teme a Michael Moore?

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Como aquellos euroasiáticos que desembarcaron en Cuba por los siglos XIX y XX en busca de fortuna, hoy nos visitan ciertos personajes cuyas intenciones, aunque no hagan contacto con el pueblo, son fáciles de descubrir.

Este es el caso de Michael Moore, cineasta estadounidense que en días pasados voló a La Habana acompañado de un grupo de trabajadores que participaron en las labores de rescate, luego del acto terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York. Según el señor Moore, estos trabajadores no habían recibido en su país la asistencia médica requerida. Para eso los trajo a nuestra isla, para ingresarlos en centros especializados, destinados únicamente a extranjeros, y al mismo tiempo, como se dice en cubano, formar el conveniente barullo a nivel mundial.

Los interesados en el alboroto alegan que Michael Moore anda buscando no sólo atención médica, sino más bien fama, y publicidad para Sicko, su nuevo documental crítico sobre el sistema de salud de Estados Unidos, que se estrenará el próximo 29 de junio y competirá en el Festival de Cannes.

A la sensibilidad de este artista no le afecta para nada que el pueblo cubano viva sus peores momentos bajo el castrismo: sin alimento, sin la acostumbrada ropa de uso que nos viene de pulgueros capitalistas, y con más de cien mil presos, en su mayoría jóvenes negros. No le importa que en Cuba tengamos no uno, sino dos sistemas de salud: el bueno pagado en divisas, para los extranjeros, y el menos bueno, para la población. ¿Los derechos humanos? Bien, gracias, brillando por su ausencia.

Buscar fama obviando estas verdades es un verdadero crimen. Pero Michael Moore busca, entre otras cosas, fama y publicidad, a como dé lugar. Ignora Moore que la fama es un hábil duendecillo que fácilmente no se deja atrapar, un aura luminosa imposible de perseguir, mucho menos para lucirla como vulgar sombrero. Cuando realmente nos toca con su luz, nunca más desaparece. Sólo hay que esperar a que se pose como ave misteriosa sobre nuestros hombros y cuidarla de cualquier mal proceder.

El autor de Fahrenheit 9-11 y Bowling for Columbine, creyó llegar al lugar indicado para continuar su subida a la cima de la fama; al lugar donde una vieja dictadura ha tratado de imponer al pueblo, a martillazo limpio, el odio y el rechazo a todo lo norteamericano. De acuerdo a la filosofía imperial del fenecido marxismo-leninismo y según la prensa castrista, ya puede considerarse a Michael Moore una víctima más del llamado bloqueo.

Bueno fuera que mister Moore tomara la decisión de quedarse en Cuba y realizar su trabajo, como un cubano más, en las calles de nuestros pueblos y ciudades. Sólo así podría saber si llegó finalmente a la Tierra Prometida.


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