|
POLITICA
Una palabra frágil
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Los medios
informativos de la Isla hablan de paz, seguridad,
equilibrio social y del terrorismo como un flagelo
contra el orden establecido y la vida de las personas.
Son palabras, sólo palabras. La verborrea
oficialista pasa por alto la praxis de la violencia
interna como instrumento de dominio sobre la sociedad.
Cuba ha sido convertida en un campamento militar.
Los voceros de la dictadura del proletariado mantienen
un discurso para consumo interno y otro para el
exterior.
Una nación silenciada y empobrecida como
la nuestra carece de alternativas de información.
Como la información es poder, los gobernantes
que secuestraron el país controlan la radio,
la televisión y la prensa escrita, lo cual
asegura la permanencia de un orden sostenido por
las armas y embellecido por la propaganda. Sabemos
solamente lo que ellos desean que sepamos a través
de un lente muy selectivo.
La paz es una palabra frágil y sonora.
Es un bien deseado. Un sueño de siglos
cargado de cruces y frustraciones. Pero la tradición
de la guerra mantiene en sus límites al
mito de la paz. Casi siempre, los guerreros que
imponen el orden excluyen al contrario y establecen
una paz uniformada, como la célebre paz
romana.
La paz del castrismo se basa en la elocuencia
de las armas, en el proselitismo sectario, en
la legislación contraria a la familia y
a las intenciones reales de la vida. Tal vez por
eso trataron de borrar las huellas divinas de
quienes soñaron con la paz del Señor.
Pero las persecuciones no sólo acabaron
con el sosiego de los religiosos. Fue reprimida
toda búsqueda de la verdad al margen del
poder, pues las comparaciones y la concertación
de las ideas se expresa en la dinámica
del debate y en la adquisición de cierta
independencia participativa y critica, que favorece
una visión cultural diferente y proclive
al dialogo.
Los voceros del régimen saben que entre
fusiles no hay sosiego. Hablan de la paz y sueñan
con la guerra. El dialogo no cabe en el diccionario
del castrismo. La nostalgia guerrillera del pasado
renace en la sobre dimensión de contiendas
actuales que laceran la imagen del "enemigo",
imprescindible y popular, capaz de cargar con
las migraciones y asumir con indiferencia las
estupideces habituales de los gobernantes insulares.
Hablaron de paz y exportaron la violencia. Crearon
grupos guerrilleros en decenas de países.
Enviaron a miles de cubanos a morir en las contiendas
bélicas de Asia y África. Penetraron
agentes secretos dentro del exilio. Derribaron
avionetas, hundieron embarcaciones, secuestraron
a opositores. Aún denigran a quienes se
atreven a disentir y encarcelan a los pacifistas
que proponen el diálogo y difunden la cultura
de la vida.
Cuando oigo hablar de paz, esa palabra frágil
y sonora, pienso en las campanas de la guerra
que agitan los sacerdotes del odio desde una isla
de luz. Los uniformados me enseñaron el
mensaje de la duda. Si de paz se trata, prefiero
la del Reino de Dios. Allí no excluyen
a nadie.
|