PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 21, 2007

POLITICA
Una palabra frágil

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Los medios informativos de la Isla hablan de paz, seguridad, equilibrio social y del terrorismo como un flagelo contra el orden establecido y la vida de las personas. Son palabras, sólo palabras. La verborrea oficialista pasa por alto la praxis de la violencia interna como instrumento de dominio sobre la sociedad. Cuba ha sido convertida en un campamento militar. Los voceros de la dictadura del proletariado mantienen un discurso para consumo interno y otro para el exterior.

Una nación silenciada y empobrecida como la nuestra carece de alternativas de información. Como la información es poder, los gobernantes que secuestraron el país controlan la radio, la televisión y la prensa escrita, lo cual asegura la permanencia de un orden sostenido por las armas y embellecido por la propaganda. Sabemos solamente lo que ellos desean que sepamos a través de un lente muy selectivo.

La paz es una palabra frágil y sonora. Es un bien deseado. Un sueño de siglos cargado de cruces y frustraciones. Pero la tradición de la guerra mantiene en sus límites al mito de la paz. Casi siempre, los guerreros que imponen el orden excluyen al contrario y establecen una paz uniformada, como la célebre paz romana.

La paz del castrismo se basa en la elocuencia de las armas, en el proselitismo sectario, en la legislación contraria a la familia y a las intenciones reales de la vida. Tal vez por eso trataron de borrar las huellas divinas de quienes soñaron con la paz del Señor.

Pero las persecuciones no sólo acabaron con el sosiego de los religiosos. Fue reprimida toda búsqueda de la verdad al margen del poder, pues las comparaciones y la concertación de las ideas se expresa en la dinámica del debate y en la adquisición de cierta independencia participativa y critica, que favorece una visión cultural diferente y proclive al dialogo.

Los voceros del régimen saben que entre fusiles no hay sosiego. Hablan de la paz y sueñan con la guerra. El dialogo no cabe en el diccionario del castrismo. La nostalgia guerrillera del pasado renace en la sobre dimensión de contiendas actuales que laceran la imagen del "enemigo", imprescindible y popular, capaz de cargar con las migraciones y asumir con indiferencia las estupideces habituales de los gobernantes insulares.

Hablaron de paz y exportaron la violencia. Crearon grupos guerrilleros en decenas de países. Enviaron a miles de cubanos a morir en las contiendas bélicas de Asia y África. Penetraron agentes secretos dentro del exilio. Derribaron avionetas, hundieron embarcaciones, secuestraron a opositores. Aún denigran a quienes se atreven a disentir y encarcelan a los pacifistas que proponen el diálogo y difunden la cultura de la vida.

Cuando oigo hablar de paz, esa palabra frágil y sonora, pienso en las campanas de la guerra que agitan los sacerdotes del odio desde una isla de luz. Los uniformados me enseñaron el mensaje de la duda. Si de paz se trata, prefiero la del Reino de Dios. Allí no excluyen a nadie.


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