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HUMOR
Nefasto, los millonarios y la atención al hombre
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Pelencho
"pica-pica" es un típico millonario
cubano. Si bien su nombre no aparece en la revista
Forbes, ni ha estrechado la diestra de Bill Gates,
sus riquezas y hazañas enaltecen las amarillentas
páginas del semanario La Demajagua.
Hay que ver con qué dignidad su figura
se perfila desde un campo de cañas (mocha
en mano y porrón con agua a sus pies),
tan irreconocible como en un cuadro cubista de
Picasso.
Tal vez no tenga un yate anclado en el fondeadero
de su mansión, pero sí una vaca
y una chiva prietas en el desértico patio,
que hacen las delicias de los comedores de queso
por la izquierda en esa apartada zona.
A diferencia de Gates, su casa no semeja un álbum
de falsas maravillas que alimentan la ostentación
y el mal gusto, sino un almacén ilegal
de desechos reciclables abandonado por los trabajadores
por cuenta propia ante el aviso de la llegada
de los inspectores o de la policía.
Por eso es feliz en su tierra. Ama esta isla,
es del Caribe, y jamás podrá pisar
tierra firme, porque se inhibe, como Pablito Milanés
allá en España.
Nunca presumió de ser el dueño
y señor de dos pantalones nuevos, tres
camisas remendadas y de un par de zapatos todo
terreno que se adaptan para homenajes, velorios
y canturías.
Es increíble la humildad que demuestra
y tiene pese a ser millonario desde la zafra del
70. Nunca se le han subido a la cabeza los millones
de arrobas cortadas para el enriquecimiento del
país y el suyo propio, pese a ser merecedor
de una vivienda de bajo costo con agujeros alternativos,
y varios fines de semana en un campismo.
Hasta la carrocería de su auto Lada (a
falta de gomas, chasis, motor), fue convertida
en criadero de gallinas de la tierra para el autoconsumo
de la comunidad.
Pero basta de elogios y vayamos al tema que nos
llevó a rememorar las hazañas, logros
y felicidad actual del millonario Pelencho "pica-pica".
El problema radica en que otros integrantes del
Club de Millonarios Cubanos se quejan de que la
atención al hombre es deficiente y esto
entorpece su productividad en las zafras.
Según revelan "las limas, las mochas
y los guantes son de muy mala calidad". Pero
como si fuera poco, añaden que las normas
que regulan la durabilidad de esos medios de trabajo
establecen que cada 6 mil arrobas cortadas se
debe utilizar una mocha, y cada 6 mil 500 una
lima y un par de guantes; pero sólo duran
algo más de la mitad de esas cifras.
¿Y el resto del tiempo qué? ¿Cómo
tumbamos la caña? ¿Con las manos,
a patadas, a cabezazos?, se preguntan los emberrenchinados
millonarios ante un problema viejo no captado
ni resuelto por dirigentes y otras hierbas que
enredan el cumplimiento de las metas.
"Y ni hablar de otras carencias causadas
por las desatenciones, pues no tendríamos
para cuándo acabar", murmuró
alguien escondido debajo de un plantón.
Pero de acuerdo a la experiencia y los consejos
de Pelencho, la atención al hombre es más
que ideal, ideológica.
Porque, ¿cómo sin estos impedimentos
se puede crecer el hombre a la par de la mala
hierba y la pica-pica? ¿Sería honesto
hablar de proeza laboral si las mochas no fueran
blandas, las limas tuvieran filo, el albergue
fuera acogedor y la alimentación suficiente?
¿De qué tipo de millonarios estuviéramos
hablando si cuando concluyera la zafra no tuvieran
que volver a la libreta de racionamiento, la bicicleta
china, cargar el agua en cubos, sufrir un apagón
y recibir diez medallas por el esfuerzo junto
con un estímulo alimenticio de plátanos
burros pintones, dos libras de arroz y un sobrecito
de refresco instantáneo?
Un auténtico millonario cubano no se debe
quejar ante estas naderías, y en cuanto
culmine su labor montará en la locomotora
cañera de la desilusión que pita
y pita en cada zafra sin llegar a la meta, por
culpa de unos esquimales que renunciaron al agua
con azúcar.
Eso sí, nunca deben entonar aquella cancioncita
subversiva que decía: Yo no tumbo caña,
/ que la tumbe el viento, / que la tumbe Lola
/ con su movimiento. Porque esa individua nos
abandonó y vive en Miami, como aseguro
yo:
Nefasto "El millonario".
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