PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 18, 2007

HISTORIA
El último presidente (II y final)

Oscar Mario González

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - La violencia callejera y la corrupción administrativa fueron dos males que ensombrecieron la obra de gobierno del doctor Carlos Prío Socarrás.

La primera no ofrece lugar a dudas. Esta representada por la violencia política cuya corriente siempre arrastra buena dosis de agresividad civil.

No pocos grupos que originalmente hicieron causa común en la contienda antimachadista, ahora luchaban entre sí a punta de pistola, escenificando enfrentamientos armados y las más diversas formas de brutalidad y salvajismo.

El gobierno priista, cuyos máximos exponentes habían participado en la batalla revolucionaria, no era el más indicado para luchar contra un mal con el cual tenía complicidad histórica. Aunque justo es decir que los primeros grupos de "gatillo alegre" eran anteriores a los gobiernos auténticos. Lo más curioso es que tales grupos se llamaban a sí mismos "revolucionarios", como motivo de orgullo común, y cada uno se consideraba único depositario de tal atributo. Algunos derivaron en vulgares asaltadores de bancos, como forma de prolongar el hábito guerrero adquirido en la lucha revolucionaria.

El mal no es privativo de Cuba. Son desgracias que arrastran las revoluciones cuando no hay repartos de piñatas entre sus protagonistas.

En cuanto a la corrupción, el fenómeno es más complejo. Al abrigo de una libertad de expresión reconocida hasta por sus más enconados enemigos, los adversarios políticos de Prío le atribuyeron a su gobierno los más escandalosos robos, pillajes, malversaciones y un alto grado de nepotismo. Sin embargo, fue bajo su mandato que se aprobó la creación del Tribunal de Cuentas, así como la ley contra el gangsterismo.

Uno de los más furibundos acusadores de este gobierno fue Eduardo Chibás, y lo pagó con la vida cuando, imposibilitado de demostrar la culpabilidad del ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, a quien acusaba de ladrón, optó por darse un pistoletazo en el vientre. Hasta un desconocido y recién graduado abogado de nombre Fidel Castro acusaba al presidente de malversador, sin que por ello fuera molestado o perdiera un pelo del cabello.

Algunos personajes acusados de ladrones envejecieron y murieron en el exilio, y no precisamente nadando en riquezas, lo cual contradice la tesis de un pasado de fraude, peculado y malversación.

Lo rigurosamente cierto es que durante el mandato de Carlos Prío existía una absoluta libertad de expresión, y el cubano gozaba de todos los derechos democráticos consagrados en la Constitución. El entonces presidente de la República pudo decir que en su gobierno había derecho hasta para calumniarlo. Pero dejemos que sean los propios protagonistas quienes hablen.

En el alegato "La historia me absolverá", el entonces joven Fidel Castro decía:

"Os voy a referir una historia. Había una vez una República. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades; presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada, y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y el pueblo palpitaba de entusiasmo".

Todo ello parece conceder legitimidad a la siguiente invocación de Carlos Prío a José Martí.

"Padre y Apóstol, óyeme: que de la vacía cuenca de tus ojos corran lágrimas de dicha, pues en esta isla tuya, en esta patria que tu has alimentado antes de que naciera, ningún cubano sufre persecución, ni presidio ni tortura porque piense, porque hable: por respeto a ti, padre y Apóstol, hasta el insulto y la calumnia crecen libremente bajo las alas de tu bandera".

Este 20 de mayo de 2007, cuando se cumplen 105 años del nacimiento de la República, es fecha propicia para el recuerdo de nuestro último presidente constitucional. Aquel que, pese a los errores y defectos de su gobierno, pudo decir que bajo su mandato las cárceles estaban vacías de presos políticos, y la familia cubana, en pleno, unida al abrigo de las palmas y bajo el sol radiante de la patria.

El último presidente (I)


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