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HISTORIA
El último presidente (II y final)
Oscar Mario González
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - La violencia
callejera y la corrupción administrativa
fueron dos males que ensombrecieron la obra de
gobierno del doctor Carlos Prío Socarrás.
La primera no ofrece lugar a dudas. Esta representada
por la violencia política cuya corriente
siempre arrastra buena dosis de agresividad civil.
No pocos grupos que originalmente hicieron causa
común en la contienda antimachadista, ahora
luchaban entre sí a punta de pistola, escenificando
enfrentamientos armados y las más diversas
formas de brutalidad y salvajismo.
El gobierno priista, cuyos máximos exponentes
habían participado en la batalla revolucionaria,
no era el más indicado para luchar contra
un mal con el cual tenía complicidad histórica.
Aunque justo es decir que los primeros grupos
de "gatillo alegre" eran anteriores
a los gobiernos auténticos. Lo más
curioso es que tales grupos se llamaban a sí
mismos "revolucionarios", como motivo
de orgullo común, y cada uno se consideraba
único depositario de tal atributo. Algunos
derivaron en vulgares asaltadores de bancos, como
forma de prolongar el hábito guerrero adquirido
en la lucha revolucionaria.
El mal no es privativo de Cuba. Son desgracias
que arrastran las revoluciones cuando no hay repartos
de piñatas entre sus protagonistas.
En cuanto a la corrupción, el fenómeno
es más complejo. Al abrigo de una libertad
de expresión reconocida hasta por sus más
enconados enemigos, los adversarios políticos
de Prío le atribuyeron a su gobierno los
más escandalosos robos, pillajes, malversaciones
y un alto grado de nepotismo. Sin embargo, fue
bajo su mandato que se aprobó la creación
del Tribunal de Cuentas, así como la ley
contra el gangsterismo.
Uno de los más furibundos acusadores de
este gobierno fue Eduardo Chibás, y lo
pagó con la vida cuando, imposibilitado
de demostrar la culpabilidad del ministro de Educación,
Aureliano Sánchez Arango, a quien acusaba
de ladrón, optó por darse un pistoletazo
en el vientre. Hasta un desconocido y recién
graduado abogado de nombre Fidel Castro acusaba
al presidente de malversador, sin que por ello
fuera molestado o perdiera un pelo del cabello.
Algunos personajes acusados de ladrones envejecieron
y murieron en el exilio, y no precisamente nadando
en riquezas, lo cual contradice la tesis de un
pasado de fraude, peculado y malversación.
Lo rigurosamente cierto es que durante el mandato
de Carlos Prío existía una absoluta
libertad de expresión, y el cubano gozaba
de todos los derechos democráticos consagrados
en la Constitución. El entonces presidente
de la República pudo decir que en su gobierno
había derecho hasta para calumniarlo. Pero
dejemos que sean los propios protagonistas quienes
hablen.
En el alegato "La historia me absolverá",
el entonces joven Fidel Castro decía:
"Os voy a referir una historia. Había
una vez una República. Tenía su
Constitución, sus leyes, sus libertades;
presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo
podía reunirse, asociarse, hablar y escribir
con entera libertad. El gobierno no satisfacía
al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo
y ya sólo faltaban unos días para
hacerlo. Existía una opinión pública
respetada y acatada, y todos los problemas de
interés colectivo eran discutidos libremente.
Había partidos políticos, horas
doctrinales de radio, programas polémicos
de televisión, actos públicos y
el pueblo palpitaba de entusiasmo".
Todo ello parece conceder legitimidad a la siguiente
invocación de Carlos Prío a José
Martí.
"Padre y Apóstol, óyeme: que
de la vacía cuenca de tus ojos corran lágrimas
de dicha, pues en esta isla tuya, en esta patria
que tu has alimentado antes de que naciera, ningún
cubano sufre persecución, ni presidio ni
tortura porque piense, porque hable: por respeto
a ti, padre y Apóstol, hasta el insulto
y la calumnia crecen libremente bajo las alas
de tu bandera".
Este 20 de mayo de 2007, cuando se cumplen 105
años del nacimiento de la República,
es fecha propicia para el recuerdo de nuestro
último presidente constitucional. Aquel
que, pese a los errores y defectos de su gobierno,
pudo decir que bajo su mandato las cárceles
estaban vacías de presos políticos,
y la familia cubana, en pleno, unida al abrigo
de las palmas y bajo el sol radiante de la patria.
El
último presidente (I)
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