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CULTURA
Un hombre afortunado
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Michael Moore
está en problemas. Vino a Cuba sin permiso
y quizás deba desembolsar unos cuantos
dólares de multa por violar la ley que
impide la visita de ciudadanos norteamericanos
a Cuba. Es la letra y el espíritu del embargo
impuesto a la última dictadura del hemisferio
occidental.
El cineasta, conocido por su irreverente obra,
estuvo por la isla rodando algunas escenas de
un nuevo documental donde intenta mostrar comparativamente,
los problemas del sistema de salud en los Estados
Unidos.
No se le cuestiona la temática, ni la forma
de abordarla, siempre con un estilo descarnado
que revela su inclinación por desacreditar
un modelo de gobierno en el que no cree o considera
injusto, retrógrado, inhumano. Es su versión,
que a pesar de su parcialidad y afilada crítica,
puede expresar sin que nadie lo acuse de subversivo
y tenga que comparecer ante un tribunal bajo cargos
de conspiración u otras figuras delictivas
concernientes a la seguridad del estado.
Puede que algún coterráneo le endilgue
epítetos que hieran su moral, otros le
anuncien por el teléfono la inminencia
de un linchamiento, pero ahí está
en plenitud de facultades para continuar cámara
en mano sin que los temores le priven del ejercicio
de la libertad de expresión.
Moore vive de espaldas a una realidad que debería,
al menos levemente, sonrojarlo. Es ciudadano de
un país libre, puede verter cualquier criterio,
grabarlo, exhibirlo, sin consecuencias fatales.
Puede replicarle a sus detractores, oralmente
o por otros medios, así sea el presidente
de la nación, un congresista o cualquiera
que se oponga a sus puntos de vista.
Nada lo detiene a no ser la pereza, la falta de
tiempo, nunca una orden de la policía o
un requerimiento de la fiscalía para comunicarle
una acusación por delitos de conciencia
o criminales, a tenor de sus realizaciones cargadas
de invectivas.
En Cuba hubiese bastado con su primer documental
Fahrenheit 9/11 para que conociera los calabozos
de Villa Maristas, el cuartel general de la policía
política. Allí, le aseguro que no
tendría que hacer dieta para adelgazar;
en un mes saldría con decenas de libras
de menos y quizás con manifestaciones psíquicas
propias de un orate. Aunque conservara la cordura
se enfrentaría a un juicio sumarísimo,
una condena ejemplarizante y los rollos o las
cintas de la obra quemados en la hoguera.
Ya, de acuerdo a fuentes cercanas a Moore, los
posibles espectadores no se quedarán privados
de la muestra audiovisual. Una copia fue enviada
fuera de Estados Unidos ante la posibilidad de
cualquier percance que impida el debut, así
lo describe una información de Europa Press.
El próximo 19 de mayo, Sicko, que es el
título del documental, se estrenará
en el célebre festival de Cannes. Moore
debe estar tranquilo, con su obra concluida, esperando
para ser mostrada en las pantallas del cónclave
francés, disfrutará de los aplausos
y la adulación. Tal vez hasta un premio
que lo impulse a realizar otro periplo por las
zonas donde el capitalismo cojea.
Todo parece indicar que Cuba estará presente
en la película con las credenciales de
una "salud pública envidiable"
y el gesto humanitario y profesional hacia los
norteamericanos que Moore trajo en marzo a La
Habana a aliviar sus dolencias. Eso y más
con vistas a ampliar el golpe de efecto que ridiculice
el status quo que rige en la superpotencia.
Estoy seguro de que faltarán referencias
a la insalubridad presente en casi la totalidad
de los hospitales en Cuba, los destrozados edificios,
la carencia de personal calificado, los baños
como chiqueros, los pésimos alimentos para
los enfermos, los robos, la corrupción.
Por otro lado, estará el embargo como justificante
y Moore llamándole bloqueo. La misma cantinela
sin matices que soslaya un análisis objetivo
de la medida restrictiva puesta en vigor a causa
de las arbitrariedades y la sistemática
vulneración de los derechos económicos,
sociales y políticos del pueblo cubano
por parte de sus gobernantes.
No puedo creer en Michael Moore. Mis aplausos
los guardo para los cubanos que sufren en las
cárceles por ejercer la libertad de palabra
o exigir una participación real en los
destinos del país, independientemente de
su signo ideológico. También para
los que soportan en las calles el asedio de las
brigadas de respuesta rápida, la persecución,
las alusiones infamantes.
Acertada o reprobable, la prohibición
para visitar Cuba es un asunto menor. Moore puede
optar por infinidad de itinerarios, filmar temas
sensibles de la realidad circundante, y dormir
tranquilo. Yo, y la mayoría de los cubanos,
no podemos realizar esos sueños.
Nuestra pesadilla no es una multa por visitar
un país prohibido; es vivir condenados
al silencio y a la injusticia por un régimen
que gobierna con el garrote.
Lástima que no vea más allá
de sus resentimientos. Audaz, cáustico,
persistente, Moore es todo eso, y además
un enemigo acérrimo de la objetividad.
Es libre para decir lo que piensa. Un hombre,
a pesar de todo, afortunado.
oliverajorge75@yahoo.com
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