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CRIMEN
Vandalismo
Shelyn Rojas
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El pasado
mes de abril, en el periódico dominical
Tribuna, se publicó una crónica
que narra el asalto de la ruta 9, en la madrugada
del 9, por un grupo de siete adolescentes.
Según la historia narrada en el diario,
al grito de "¡Yo soy el raspao!",
los jóvenes asaltaron el vehículo.
Rompieron los cristales, asientos, accesorios
de la guagua y amenazaron al conductor a pico
de botella.
Debido a la rápida labor de varios agentes
de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR),
los malhechores fueron capturados y llevados a
juicio. Seis fueron condenados a dos años
de privación de libertad y el "raspao",
por ser el jefe de la banda, a tres años.
No se mencionó los daños personales
que esta violencia causó a los pasajeros.
En el tribunal, la condena se basó en los
daños producidos en la propiedad estatal.
No se supo si hubo heridos. Los golpes de las
ventanillas de cristales algunos heridos, al menos
leves, deben haber ocasionado. No importa. La
propiedad estatal es lo primero.
El mensaje es que sólo nos queda acostumbrarnos
a que estos hechos se sigan produciendo. Triunfó
la marginalidad. A la policía le toca reprimir.
A nosotros, aguantar y aplaudir.
La delincuencia y el vandalismo en la ciudad
van en aumento. Los asaltos en los parques y robos
de vivienda son constantes. La PNR pocas veces
aparece y casi nunca captura al ladrón.
Mientras, en las cárceles cubanas cumplen
condenas injustas que se acercan a los 30 años,
hombres que sólo tratan de defender la
libertad de expresión y que lo único
que hacían era escribir y opinar. Los jóvenes
vándalos son condenados a sólo dos
o tres años de prisión. No serán
encerrados en celdas tapiadas ni conocerán
el rigor del presidio político.
De todos modos, condenas mayores no resolverían
nada. Ellos no son los principales culpables.
Son producto de su medio. La revolución
y su soñado "hombre nuevo" no
son ajenos a los actos de esos hombres.
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