PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 15, 2007

CORRUPCION
Acariciar a la fiera

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Fray Álvarez Moya le pone amplificación a sus lamentos. No puede domar a la bestia que ahora se pasea por vaquerías y también deja sus huellas en varias empresas de productos lácteos.

El animal tiene malas pulgas, ataca con virulencia. Es taimado y conoce a la perfección la hora y el lugar para el ataque.

Quieren asesinarlo con una ráfaga de palabrerías. Al menos causarle un par de contusiones en una zona vital, por medio de una guardia obrera en la que se deposita toda la confianza del mundo.

Finalmente, la derrota. La fiera, haciendo estragos en Holguín, La Habana, Camagüey, Pinar del Río y en cualquier resquicio de Cuba. Un terreno que ha tomado como el ideal para su hábitat. En esta jungla es dueña y señora, campea a sus anchas. Además, aquí aprendió la teoría del camuflaje y otros ardides para saciar sus apetitos.

Decía que ahora se le persigue debido a su pasión por la leche. En 2006 bebió un promedio de 28 millones de litros. Para cubrir las pérdidas, el estado tuvo que multiplicar las compras en el mercado internacional con un desembolso de varios millones de dólares. De no haberlo hecho, la avitaminosis hubiera propiciado una catástrofe social de graves connotaciones.

¿Los potenciales afectados? Miles de coterráneos entre los que sobresalen los niños entre 0 y 7 años; personas que reciben cuotas del producto a causa de su enfermedad; ancianos bajo cierta cobertura de un limitado programa de protección, y pacientes recluidos en hospitales e infantes internados en círculos infantiles.

No necesito prismáticos ni reflectores para observar los paseos de ese furibundo animal que mantiene al país en vilo. Las mordidas han puesto en extinción la moral. En su glotonería se evapora la ética, el control no pasa de ser un entrante exquisito y la eficiencia un postre para saborear con gusto.

La corrupción ya tiene manadas donde la depredación cobra matices de escándalo. Ese es el engendro al que el socialismo le afila los colmillos y después le desata el amarre del bozal.

Alguien, periódicamente, lanza una advertencia. Se ponen pasquines con rótulos que llaman a la cacería como parte de un rito que lleva la marca del teatro. En conclusión, nada objetivo. Los desfalcos a la orden, la rapiña en su mejor momento, los desvíos de recursos en plena efervescencia, el fraude en la categoría de ejemplar.

En esas coordenadas retrocede la nación, se hunde en un marasmo de monsergas y poses que invitan a pensar en algunas de las comedias del gran Chaplin.

Con las insuficiencias productivas que tiene su origen en lo arcaico de las gestiones que el estado diseña para alcanzar el desarrollo, se manifiestan patrones de conducta que marchan en sentido contrario a las premisas sobre las cuales se forjó "el hombre nuevo". Ese ser humano, puntualmente sacrificado, revolucionario, ajeno a la deslealtad, estricto cumplidor de cuanta exigencia se vierte en las tribunas.

En las postrimerías de un intento por mudar el Edén a una isla de algo más de 11 millones de habitantes y azotada por el clima tórrido del Caribe, se nota que los planes fallaron.

Aquí no hay gloria, ni vestigios celestiales. Nada que haga soñar con las maravillas donde Adán y Eva se paseaban desnudos y dieron al traste con el pecado en aquel jardín exuberante que recrea la Biblia en su primer capítulo.

Me basta con releer el artículo aparecido recientemente en el periódico Granma: El potencial oculto.

Aunque se exponen un rosario de irregularidades en relación al sector dedicado a la producción láctea, las puertas de una solución viable permanecerán cerradas.

La fiera tendrá el mismo amparo, el follaje idóneo para prolongar su radio de acción sin sufrir ni un rasguño. Fray Álvarez Moya, desde su responsabilidad como viceministro de la Industria Alimenticia, ideará algún plan para atenuar los destrozos. No le auguro éxitos.

La corrupción reirá como una hiena o lanzará una flatulencia en señal de regocijo después de una nueva cena en algún centro de producción de víveres.

Es la misma película de hace 48 años. En vez de latigazos, la bestia va a sentir en su pelambre el tacto suave de las caricias. Se trata de otro delirio de totalitarismo.


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