| HISTORIA
Saratoga
Yosvani Anzardo Hernández, Jóvenes sin Censura HOLGUÍN,
mayo (www.cubanet.org) - En 1938, Arturo Cid era dueño del Hotel Europa.
La esposa, Eva Ortiz, la mujer de su vida. Y no quiero caer en errores semánticos,
pues ya me dijeron que ella antes fue 'mujer de la vida'. No sé lo que
eso significa, ni me importa, por lo que tampoco debe importarles a ustedes. Eva
era puertorriqueña y una excelente esposa. Junto al perro Tocolo y dos
pericos, decidieron viajar a España. Llevaron consigo tres botellas: una
bebida amarga como la vida; otra suave como la muerte; y por último, una
dulce como la venganza. No sé si tendrían ascendencia árabe.
Al parecer resumían la filosofía de sus vidas en aquellas botellas.
Dejaron en el hotel a Carlos Doce y a José Ramón Martínez.
Felicia, la esposa de José Ramón era del Ferrol, Galicia, y como
no quiero problemas con los descendientes de la gallega, diré que las aventuras
de José Ramón con Rebeca, aprovechando la noche y a través
de la baranda de su casa, sucedieron antes de conocerla. La gente es muy
mal hablada y aseguran haber visto cosas que tal vez Rebeca sintió, pero
nunca vio. El día del incendio al lado del almacén de madera,
propiedad de Bidoche, el vestido de rayas azules y rojas de Rebeca se rompió
y chamuscó el empeño de Ramón por salvarla, cubriéndola
con su cuerpo, única oportunidad que tuvo de romper la malvada baranda,
a pesar de que el incendio nunca llegó hasta su casa. Cuando Arturo
regresó de España, Carlos Doce y Ramón pasaron a administrar
la tienda de ropas Los Estados Unidos. Dicen que debajo de la pintura actual aún
se conserva ese nombre. Luego la compraron para convertirla en el Nuevo Hotel
Europa, pues Arturo acababa de construir el hotel Saratoga, que sirvió
durante años como refugio en temporada ciclónica. Manuel Milia era
el cocinero. Con el tiempo Arturo Cid lo vendió a la Asociación
de Colonos y fundó el hotel Saratoga, en Holguín, en la calle Maceo. Los
colonos trasladaron sus oficinas al antiguo hotel y también establecieron
una clínica para atender a los campesinos accidentados. Etayo era el médico;
y el jefe de enfermeros Elio Gelpi. Y a pesar de que al Saratoga le destruyeron
el segundo piso, dicen que porque se escuchaban conversaciones y risas, aún
de las paredes que le quedan, y que constituyen el actual museo de San Germán,
se escuchan suspiros y gemidos. Y no es para menos, pienso yo, después
de tanto tiempo de maltratos y abandono. La vida para los que se mantienen
cerca del recinto ha sido amarga. Aunque los fallecidos también han encontrado
suavemente a la señora de la guadaña. Por cierto, dicen algunos
por acá, esos que evidentemente le deben tiempo al otro mundo, que han
visto a esta señora y pueden asegurar que lo de la guadaña es un
cuento, porque lo que lleva consigo es una hoz y un martillo. Puede ser,
aunque si sigue "aplatanándose" pronto la verán con una
bandera roja y negra y cantando la marcha, para así dulcemente cumplir
lo que ya muchos llaman la maldición del Cid. Cuando caiga totalmente
el Saratoga, caerá también el sistema que condenó su existencia.
Y si la creencia persiste, por primera vez atentaré contra el pasado y
rezaré por el fin del Saratoga. |