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CULTURA
Cubadisco: ¿otra ficción?
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Se
avecina la nueva fiesta del disco cubano, Cubadisco
2007. Ya se anuncian las nominaciones a los premios
en los distintos géneros de la música
cubana.
Las nominaciones y los premios, concedidos por
un jurado de especialistas atento a la calidad
(aunque no falten a veces las consideraciones
políticas, personales o de otra índole)
son lo más importante del evento, aunque
su importancia sea más simbólica
que real. Son un termómetro para medir
la calidad de la música cubana.
Lo demás son conciertos de artistas nacionales
y de algún que otro invitado extranjero
de no mucha envergadura.
¿Los discos? Ahí, para mirar. El
evento es una de las pocas oportunidades de comprar
discos o casetes en moneda nacional. Pero la oferta
es pobre y los precios son inaccesibles a la mayoría
de los melómanos.
En Cuba, el mercado del disco es prácticamente
inexistente. El costo de un CD en las pocas tiendas
especializadas (y en divisas convertibles) puede
ser el doble o el triple del ingreso mensual en
moneda nacional de un trabajador cubano.
Un floreciente mercado negro de discos piratas
que se venden entre 40 y 50 pesos (o dos pesos
convertibles) y del que los intérpretes
no ganan un centavo, es el principal modo de los
cubanos que disponen de computadoras o lectores
de CD para acceder a su música preferida.
Para la mayoría de los músicos,
especialmente los jóvenes que egresan de
las escuelas de música, grabar un disco
es una proeza. Necesitan dinero y relaciones.
Si es con una casa disquera foránea, tienen
que estar dispuestos a aceptar todo tipo de condiciones
onerosas a cambio de contratos, generalmente miserables.
La irrupción de las disqueras extranjeras
en Cuba en la década de los noventa, pese
a coincidir con una explosión de la creatividad
musical y significar una tabla de salvación
para algunos artistas, estuvo a punto de limitar
la música nacional a la salsa más
exitosa y el son de Buena Vista Social Club.
Hoy, el panorama es un poco más amplio
en cuanto a géneros, pero apenas se difunde
la música de mayor calidad artística.
La banalidad y el mal gusto del reggaeton, la
timba y el pop más ramplón dejan
sin espacio al jazz, los cantautores y cualquier
música con cierta elaboración.
A menudo, excelentes músicos tienen que
recurrir a las fusiones de su música con
el reggaeton o el rap para que los difundan y
ganar popularidad "con lo que más
gusta".
La mayoría de los músicos cubanos,
salvo los más populares (que suelen no
ser los mejores) y unos pocos consagrados, enfrenta
un panorama desolador.
Pueden ser virtuosos y hacer música de
primera, pero si no los difunden, no graban discos
o la gente no puede comprarlos, ni tampoco disfrutarla
en vivo, porque el pueblo no puede pagar los cinco
pesos convertibles del consumo mínimo para
asistir a los pocos lugares donde tocan; entonces,
su música no existe.
Los artistas se quejan sin ocultar su malestar,
pero los jerarcas de la cultura oficial, atentos
a las cajas contadoras, siguen sin enterarse.
Si creemos a los entusiastas funcionarios, la
música del patio goza de inmejorable salud.
De ser así, sería un caso excepcional,
en un mundo donde la música popular, permeada
por la mediocridad y el facilismo, es cada vez
más mercancía y menos arte.
Su buena salud sería tan excepcional como
la supervivencia del socialismo. Cubadisco 2007,
de no ser otra ficción, lo demostraría.
luicino2004@yahoo.com
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