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CULTURA
Al fin Fresa y chocolate
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Los
mismos conductores del programa Espectador Crítico,
del canal 6 de la televisión, se encargaron
de decirlo el sábado pasado: "Después
que el filme Fresa y chocolate recorrió
el mundo durante diez años, al fin se estrenó
en la televisión cubana, para que todos
pudieran verla".
Cabe preguntarse por qué se subestimaba
de tal modo a nuestra población, mucho
más a esa que vive en apartados rincones
y pueblos del país. ¿No habíamos
quedado en que Cuba no sólo se había
alfabetizado, sino que además goza de un
alto nivel cultural y político?
Desmiente esa hipótesis el hecho de que
el régimen haya tenido hasta hace sólo
unos días un total de treinta películas
prohibidas en televisión, que reflejan
lo que ocurre en nuestra sociedad.
Hay quienes dicen que Fresa y chocolate
rompe con esquemas machistas bien arraigados entre
los cubanos. El filme pone al desnudo la barbarie
sufrida por los homosexuales, excepto unos pocos
vinculados al régimen; es, sin duda, una
llamada de alerta a aquellos que sólo le
cantan a las luces mortecinas de la revolución,
mientras sus sombras aún laceran el alma
de una población que sufre la ausencia
de sus seres queridos, los que componen un exilio
que sobrepasa los dos millones de cubanos.
Tomás Gutiérrez Alea, su director,
no tuvo temor de enfrentarse a un tema tabú,
capaz de eclipsarlo como creador: el homosexual
cubano atacado por organismos estatales con el
fin de forzarlo a abandonar el país.
Fresa y chocolate es, sin duda, un pálido
reflejo de la crueldad y la intolerancia revolucionaria
vivida en Cuba durante casi medio siglo. Mañana,
serán otros directores quienes se atreverán
a llevar al cine lo que ocurre con los opositores
pacíficos y periodistas independientes
cubanos, los que, por reclamar respeto a los derechos
de toda la población, o escribir con honestidad,
son reprimidos, difamados, golpeados y condenados
a largos años de prisión, según
decisiones directas del máximo gobernante.
Ojalá y yo tenga vida para ver esos filmes
cubanos en el televisor de mi casa y dejar que
me corran las lágrimas como cuando Diego
y David, los protagonistas de Fresa y chocolate,
finalmente se unieron en un abrazo solidario de
verdadera hermandad y comprensión.
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