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HUMOR
La vuelta al mundo en 80 días
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Las
aventuras y peripecias descritas por Julio Verne
para darle La vuelta al mundo en 80 días,
no son dignas de ser recogidas en el Libro de
Record Güines, que compila el historiador
Ambrosio "El sediento", desde las ruinas
de la terminal de ómnibus de esa localidad.
Mucho menos las que comulgan con ese llamado a
la globalización viajera que pide Julio
Cortázar en su obra La vuelta al día
en 80 mundos.
Estos Julios, al parecer, no sabían las
verdaderas vueltas que traería un enero.
Y no es que vayamos a comentar sobre las posibilidades
de viajar en la Isla, pues todos saben y están
convencidos de que como está el transporte,
para darle una vuelta a Cuba se necesitarían
80 meses.
El hecho es que nuestros especialistas en volteretas
sobre las vueltas que da la vida, concibieron
levantar algunas edificaciones en la ciudad de
Holguín, que pese a no estar conectadas
a la red hidráulica local, no se les planificó
cisterna.
Y no fue por olvido, negligencia o falta de recursos,
sino porque la comisión evaluadora, con
el optimismo, la fe y el nivel de información
característicos en los revolucionarios,
apostó que con el deshielo de los polos
y los glaciares que flotan al norte del edificio
de marras como sus animales, prendas de vestir
y útiles del hogar, flotarían en
cristalinas aguas.
"¡Beberán el agua desde los
balcones y las azoteas! ¡Necesitarán
piraguas ante el exceso del preciado líquido!
Y las viandas y hortalizas se cultivarán
en las nubes", anunciaban los meteorólogos
holguineros desde chalanas y taburetes instalados
en la Loma de la Cruz.
Pero el disgusto de La Niña con El Niño,
más otras tonterías entre la madre
naturaleza y el papá destino, enviaron
una sequía y un calor para el territorio
que los habitantes se aseaban con saliva y freían
los ochos huevos de la cuota en medio de la calle
y sin sartén.
Y como esto no estaba entre los planes quinquenales
de los acueductos de Holguín, quienes,
además, pensaban que el hombre nuevo, despojado
de ripios capitalistas, no necesitaría
ni el agua para vivir feliz, no tomaron en cuenta
que los delgados del Poder Popular proponen, y
las empresas disponen el incumplimiento.
Pero por esta bobería no puede llegar el
agua al río -que no tiene la ciudad- y
armar una polvareda como la de las 80 familias
del reparto Villa Nueva ante el noble ejercicio
de tener que subir las escaleras cada día
y cubo en mano, para aunque sea bañar a
la jicotea que aleja las desgracias del hogar.
Eso sí, no es justo que para obtener el
cubo de agua vuestro de cada día tengan
que salir a la ciudad de Holguín y dirigirse
a San Andrés, Floro Pérez, Velasco,
Cacocún y Gibara, municipios menos sedientos,
al menos de agua, en ese territorio oriental.
Si para tomar agua le tienen que dar la vuelta
al edificio 80 veces, sería lógico
que sean estimulados con la orden de Primer Grado
"El Gorgojo Mayor", y así, mientras
esperan por el líquido, se toman la tinta
del diploma y un jugo de maní que les calme
la sed.
De lo que sí pueden estar seguros los inquilinos
de Villa Nueva, es que no morirán sin tomarse
un buen baño de agua y optimismo.
Puede ser que para que resuelvan tengan que dar
la vuelta al día en 80 mundos, o la vuelta
al edificio 80 veces con un cubo en la mano. Pero
estoy convencido de que cuando lleguen a dar la
vuelta a los organismos 80 años, la cisterna
se desbordará.
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El aguador".
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