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POLITICA
Contra todo pronóstico
Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Algunos,
dentro de Cuba, esperaban la aparición
del Comandante en el desfile del primero de mayo
que tuvo lugar en la Plaza de la Revolución.
Digo algunos para aclarar que, en general, la
población de la Isla no esperaba nada,
y muchos menos alentaba expectativas. Acostumbrados
durante casi medio siglo a obedecer, a ir y venir
como bueyes mansos, envueltos en sus miserias
y arropados en sus temores, a los cubanos lo mismo
les da "chicha que limoná", ocho
que ochenta y ocho; que aparezca el comandante
o que se lo lleve el viento como una vez hiciera
con Matías Pérez.
Las razones para hacer realidad tal posibilidad
se fundaban en las declaraciones del presidente
boliviano Evo Morales antes de viajar a Venezuela
para participar en la quinta cumbre de ALBA: "Estoy
seguro, hermanos de Cuba, que el primero de mayo
el compañero Fidel se va a integrar a seguir
gobernando Cuba y Latinoamérica".
Si a ello agregamos la aseveración de
Hugo Chávez en la clausura del evento,
el 29 de abril: "Fidel está al mando",
existían suficientes razones para alimentar
las expectativas.
Es cierto que el presidente del parlamento cubano,
Ricardo Alarcón, y el ministro de Economía,
José Luis Rodríguez, se habían
pronunciado de manera ambigua ante la posible
reaparición del Comandante durante el desfile
del primero de mayo. Pero ante las declaraciones
de Evo Morales y Hugo Chávez, la posibilidad
se interpretaba como segura.
Lamentablemente, el cubano ha sido relegado con
respecto al extranjero, no sólo en el disfrute
de las riquezas naturales del país y en
el goce de los más elementales derechos
ciudadanos, sino también en la información
sobre la salud de sus gobernantes. Bolivianos,
venezolanos, colombianos y chinos aparecen en
las páginas de la prensa oficial junto
al máximo líder. Sólo a través
de los extranjeros el pueblo conoce de algo trascendental
para los destinos de Cuba, como la salud del comandante
Fidel Castro.
Pasó el primero de mayo con menos asistencia
de ciudadanos que otras veces. Simplemente porque
así lo quiso el gobierno. Pudo haber duplicado
o triplicado la cantidad de habérselo propuesto.
No lo hizo, y en mi opinión, es algo interesante.
No apareció el Comandante ni pasó
nada curioso para la mayoría de la población,
inmune e indiferente luego de casi cincuenta años
de apariciones y desapariciones, desde aquella
vez en que se perdió Raúl Castro
para luego aparecer, hasta la desaparición
de Camilo Cienfuegos, que nunca apareció.
La comidilla periodística se hará
eco durante dos o tres días de la no reaparición
de Castro. Después nadie hablará
del asunto, como ha sucedido en otras ocasiones
en este mundo insular de palmas, cocoteros y negros
que bailan rumba como no lo hace nadie en este
planeta.
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