PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 2, 2007

CRIMEN
Fiestas y tragedias

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - La violencia juvenil avanza como un duende travieso los fines de semana en el capitalino municipio Cotorro, cuyos limites con Arroyo Naranjo, Guanabacoa y San Miguel del Padrón favorecen las reyertas entre los jóvenes que salen a divertirse y los guapos de oficio que acuden a los centros nocturnos de la comarca industrial del sudeste de La Habana.

Según Eduardo M. López Pérez, karateca contratado como custodio de centros nocturnos locales, "los guapos se trasladan al Cotorro desde La Cuevita, La Corea, Reboredo, Cambute y La Güinera. Vienen a fiestar a "Brisas del Bosque", El "Oasis", "Bello Palmar", la "Apontuco" y otros restaurantes y lugares festivos, que contratan a expertos en artes marciales para imponer el orden los fines de semana".

El también karateca Abel López Rodríguez agrega al respecto: "Las fiestas terminan en tragedia, no faltan disparos, puñetazos y cuchilladas. A veces interviene la policía, pero los patrulleros son apedreados por los guapos mas conflictivos".

Otra fuente consultada aclara que "los hechos de sangre parecen tener un carácter racial, pues en algunos clubes nocturnos predominan los negros juramentados y numerosos abakuas, nanguee y elitance, quienes confunden el origen étnico y fraternal de esas denominaciones con el escándalo y la guapería".

Todo parece indicar que existen causas mas profundas, como la droga, el alcoholismo, los conflictos sociales, familiares y regionales, así como la presencia habitual de prostitutas y "muchachas vividoras" que "consumen y no pagan". Se aprecia, además, la discriminación de los orientales albergados en Cambute, quienes bajan a tomar y se quedan de ronda en las calles de la localidad.

Hace poco, a un tal Yoldan le dispararon dos balazos al salir del "Bello Palmar", donde a veces vuelan las sillas, los platos y las botellas. Un testigo aseguro que "Yoldan debía una suma considerable de dinero y se hacia el sueco".

La violencia es menos frecuente en el Círculo social de la Antillana de Acero, sede de fiestas, bodas y actividades por invitación. Su contrapartida radica en la mencionada "Apontuco", antigua fábrica de tubos convertida en discoteca y luego en área de recreación, ferias agropecuarias y encuentros políticos ocasionales. Las noches de fin de semana son insólitas en este sitio por las broncas desatadas por aceres enardecidos al compás del ron, la música y los puñetazos.

Según Esperanza Fernández, vecina de la calle 222, los que apuñalearon a su esposo, alias Papaíto, fueron jóvenes que se emborracharon en la "Apontuco" y le entraron a piedras cuando conducía su ómnibus por la carretera central, el sábado a la una de la mañana. Lo esperaron en 101 y 8, frente a la "Campana". Al sentir las piedras detuvo el vehículo y bajo con el machete para asustarlos, pero no le dieron tiempo; lo dejaron tendido con 18 punzonzazos, tres dientes en el piso y golpes por todo el cuerpo.

Hay otras tragedias de fin de semana en los centros festivos del Cotorro y sus alrededores. Suceden en las presas la "Palma" y el "Cacao", en los limites rurales y despoblados de Guanabacoa, donde acuden los obreros orientales albergados en contingentes cercanos, quienes a veces se inmiscuyen en el "Show", junto a motoristas con sed de aguardiente y residentes de la comuna "Arlequín", ex sede de una escuela de pesca, ocupada por los parias que vienen desde el extremo oriente de Cuba. En las presas se imponen los tipos con pistolas, machetín y unos tragos de más.

El rostro de la violencia cabalga también en los karaokes de entidades fabriles que organizan fiestas "house", cubanizadas en los ochenta y los noventa por los hijos de altos funcionarios en las residencias de sus padres. "Venimos del house, vamos al karaoke, bailaremos desnudos alrededor de la piscina", dicen aun algunos "niños bien" acostumbrados a la magia del alcohol, la danza y la exhibición. Las fuentes consultadas aclaran que en tales fiestas "las tragedias son raras: sólo disparos al aire libre y discusiones provocadas por el ron y las drogas".

Las fiestas y las tragedias juveniles preocupan por igual a las familias y a las autoridades policiales y administrativas, pues la mayoría de los casos no son denunciados por la administración de los centros nocturnos, interesadas en mantener el funcionamiento de los mismos. A los tribunales solo llegan dramas puntuales. El resto queda en el limbo de la indiferencia social y en los rumores entretejidos por los protagonistas de escándalos y rabietas de fin de semana.


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