PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 1, 2007

HUMOR
Nefasto, los juegos de play off y la República Coral

Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La masificación de la cultura, la Ley de Peligrosidad y el precio de la malanga y la carne de cerdo, han convertido a los cubanos en los más acoplados corifeos de una cantata gigante por los éxitos de la revolución.

Lo mismo entonan la Oda a la alegría anegados en llanto que un Sálvese Liborio en una balsa o Mueran los intermediarios que enlutan el fogón.

Y nada de que sólo son las masas quienes practican un canto coral por la irrevocabilidad del socialismo, el sorteo de visas y las licencias para vender coquitos prietos, raspaduras y langostas con sabor a tilapia en un paladar.

Para orgullo de Cuba y felicidad de nuestras cuerdas vocales y del resto del cuerpo, también contamos con agrupaciones corales a cualquier nivel de la nación, ya sea en el parlamento, un congreso obrero, una descarga cultural, la elección de un vanguardia, la entrega de ollas en un comité y tantos sitios más donde se pone de manifiesto que ninguna nota puede desentonar, so pena de suprimir del coro a quien se le escape el gallo.

Pero donde ni la Scholars Cantorum Coralina, el Orfeón Santiago ni el Coro Nacional de Cuba alcanzan tonos tan agudos, graves, y sobre todo bajos, es en el desenlace de una serie de play off en cualquier estadio del país.

¡Ahí sí ni la Cantata profana de Bartok puede emular!

¡Nada iguala el coro gigante de un estadio desbordado por más de 50 mil personas con sólo un paquete de maní en el estómago a lo largo de 12 horas!

Hay que oír con qué finura, animación y entrega dedican las notas de su talento a un ampaya cundo canta un out, una bola o un strike que resulte dudoso a los fanáticos.

Es increíble el nivel de acople, la respetuosa y sublime proyección de la voz cuando miles de gargantas entonan desde las estremecidas gradas el madrigal del ampaya titulado Recuerdos de tu madre, que dice así: Ampaya, ¡hijo de pu…ra!, / ¡Hijo e Pan… cha! Aunque siempre con la consonante T por aquellos de tono y la tónica del partido, en un coro que puede durar hasta que finalice el encuentro de béisbol o cambie la decoración del juego a favor del equipo de los coristas y las coristas.

Y como muestra de que la masificación es una realidad a todo lo ancho y largo de la isla, no existe ningún estadio que se libre de una horda cantora que arde jubilosa como fuego en las pajas resecas de un cañaveral.

Pero como siempre hay matices en los corifeos, no en la voz, es bueno señalar que la educación formal y el sentido de pertenencia a una zona, ya sea la del oriente o la del occidente de la nación, dividen los coros en dos, con sus respectivos temas llenos de frases solidarias, respetuosas, enaltecedoras de nuestros valores revolucionarios.

Cuando el play off es en el Latinoamericano, el coro de las leonas -como lo llaman los santiagueros-, aparte del madrigal del ampaya, Recuerdos de tu madre, entona un cántico que lo particulariza por su sabor a sionismo tropical contra los orientales sin altos cargos en el poder.

¡Fuera palestinos, eh, uh!, / ¡fuera palestinos, oh, ah! / Industriales, campeón: palestinos pal cajón, ih, uuuuu!

Por su parte, si el juego es en Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba, el espíritu de conga revolucionaria y el respeto por la inclinación sexual de cualquier ciudadano los llevar a entonar contra los peloteros rivales esta canción de amor por la salud de los animales:

¡Ruge, leona, pam, pam, pam, pam, pam! / ¡Ruge, Leona, pam, pam, pam, pam, pam! / ¡Ruge, leona: Santiago campeón, las leonas pal latón!

Estos actos de vandalismo coral, de amor por el terruño, son una muestra de que los juegos de play off constituyen una fiesta mayor de la cultura cubana, un ejemplo aleccionador de que el béisbol aficionado -ningún pelotero trabaja- tiene mayor calidad y seguidores que el rentado, sobre todo cuando no se puede acceder por solidaridad ni a los entrenamientos de los peloteros víctimas de la explotación que genera el dinero de la "gran carpa".

En estas muestras de confraternidad y respeto por el contrario, o simplemente por los visitantes o residentes de otra región que no sea la del aficionado, se nota bien que nuestra cubanía, la república coral que significa nuestro civilizado comportamiento, tiene muchos puntos de contacto con la democracia, pachangas, pan y circo de los coliseos romanos.

No hay dudas de que no existe espectáculo masivo que se disfrute más que un play off. Si no, pregúntele a los ampayas y a sus progenitoras, y des seguro me darán la razón.


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