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HUMOR
Nefasto, los juegos de play off y la República
Coral
Víctor Manuel Domínguez
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La
masificación de la cultura, la Ley de Peligrosidad
y el precio de la malanga y la carne de cerdo,
han convertido a los cubanos en los más
acoplados corifeos de una cantata gigante por
los éxitos de la revolución.
Lo mismo entonan la Oda a la alegría anegados
en llanto que un Sálvese Liborio en una
balsa o Mueran los intermediarios que enlutan
el fogón.
Y nada de que sólo son las masas quienes
practican un canto coral por la irrevocabilidad
del socialismo, el sorteo de visas y las licencias
para vender coquitos prietos, raspaduras y langostas
con sabor a tilapia en un paladar.
Para orgullo de Cuba y felicidad de nuestras
cuerdas vocales y del resto del cuerpo, también
contamos con agrupaciones corales a cualquier
nivel de la nación, ya sea en el parlamento,
un congreso obrero, una descarga cultural, la
elección de un vanguardia, la entrega de
ollas en un comité y tantos sitios más
donde se pone de manifiesto que ninguna nota puede
desentonar, so pena de suprimir del coro a quien
se le escape el gallo.
Pero donde ni la Scholars Cantorum Coralina,
el Orfeón Santiago ni el Coro Nacional
de Cuba alcanzan tonos tan agudos, graves, y sobre
todo bajos, es en el desenlace de una serie de
play off en cualquier estadio del país.
¡Ahí sí ni la Cantata profana
de Bartok puede emular!
¡Nada iguala el coro gigante de un estadio
desbordado por más de 50 mil personas con
sólo un paquete de maní en el estómago
a lo largo de 12 horas!
Hay que oír con qué finura, animación
y entrega dedican las notas de su talento a un
ampaya cundo canta un out, una bola o un strike
que resulte dudoso a los fanáticos.
Es increíble el nivel de acople, la respetuosa
y sublime proyección de la voz cuando miles
de gargantas entonan desde las estremecidas gradas
el madrigal del ampaya titulado Recuerdos de tu
madre, que dice así: Ampaya, ¡hijo
de pu
ra!, / ¡Hijo e Pan
cha!
Aunque siempre con la consonante T por aquellos
de tono y la tónica del partido, en un
coro que puede durar hasta que finalice el encuentro
de béisbol o cambie la decoración
del juego a favor del equipo de los coristas y
las coristas.
Y como muestra de que la masificación
es una realidad a todo lo ancho y largo de la
isla, no existe ningún estadio que se libre
de una horda cantora que arde jubilosa como fuego
en las pajas resecas de un cañaveral.
Pero como siempre hay matices en los corifeos,
no en la voz, es bueno señalar que la educación
formal y el sentido de pertenencia a una zona,
ya sea la del oriente o la del occidente de la
nación, dividen los coros en dos, con sus
respectivos temas llenos de frases solidarias,
respetuosas, enaltecedoras de nuestros valores
revolucionarios.
Cuando el play off es en el Latinoamericano,
el coro de las leonas -como lo llaman los santiagueros-,
aparte del madrigal del ampaya, Recuerdos de tu
madre, entona un cántico que lo particulariza
por su sabor a sionismo tropical contra los orientales
sin altos cargos en el poder.
¡Fuera palestinos, eh, uh!, / ¡fuera
palestinos, oh, ah! / Industriales, campeón:
palestinos pal cajón, ih, uuuuu!
Por su parte, si el juego es en Guillermón
Moncada, en Santiago de Cuba, el espíritu
de conga revolucionaria y el respeto por la inclinación
sexual de cualquier ciudadano los llevar a entonar
contra los peloteros rivales esta canción
de amor por la salud de los animales:
¡Ruge, leona, pam, pam, pam, pam, pam!
/ ¡Ruge, Leona, pam, pam, pam, pam, pam!
/ ¡Ruge, leona: Santiago campeón,
las leonas pal latón!
Estos actos de vandalismo coral, de amor por
el terruño, son una muestra de que los
juegos de play off constituyen una fiesta mayor
de la cultura cubana, un ejemplo aleccionador
de que el béisbol aficionado -ningún
pelotero trabaja- tiene mayor calidad y seguidores
que el rentado, sobre todo cuando no se puede
acceder por solidaridad ni a los entrenamientos
de los peloteros víctimas de la explotación
que genera el dinero de la "gran carpa".
En estas muestras de confraternidad y respeto
por el contrario, o simplemente por los visitantes
o residentes de otra región que no sea
la del aficionado, se nota bien que nuestra cubanía,
la república coral que significa nuestro
civilizado comportamiento, tiene muchos puntos
de contacto con la democracia, pachangas, pan
y circo de los coliseos romanos.
No hay dudas de que no existe espectáculo
masivo que se disfrute más que un play
off. Si no, pregúntele a los ampayas y
a sus progenitoras, y des seguro me darán
la razón.
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