|
SOCIEDAD
"Bomba
atómica" en San Germán
Yosvani Anzardo Hernández, Jóvenes
sin Censura
HOLGUÍN, Cuba - Marzo (www.cubanet.org)
- Ciencia y tecnología no siempre van de
la mano. Por lo general la tecnología va
delante. Pero existe un tipo de ciencia parcialmente
esotérica, capaz de prescindir de la tecnología
para hacer valer su utilidad práctica.
Sin los estudios de Niels Bohr y sus predecesores,
no hubiese podido construirse la bomba atómica.
Pues bien, los comunistas descubrieron (algunos
dicen que sin pretenderlo) una bomba de mayor
capacidad destructiva, y casi imperceptible. Esta
bomba fue lanzada en el país en 1959. Su
efecto progresivo y de larga duración mutila
todo lo que existe.
Por ejemplo, el pulso electromagnético
del artefacto nos dejó sin corriente eléctrica
durante muchos años, y aún los apagones
no cesan. En algunos lugares, el problema es más
serio que en otros.
Por otra parte, las caídas y subidas repentinas
de voltaje destruyen cuanto equipo electrodoméstico
existe. Y lo mejor: la empresa eléctrica
jamás responde por los daños. Reto
a que alguien diga lo contrario a los que han
pasado por situaciones semejantes.
Además, en San Germán el efecto
de la onda expansiva dejó al parque Las
Américas sin luces, y la linda zarza roja
de antaño se fue a bolina. Y aún
así, sigue siendo un parque bonito, de
día.
Subiendo por el crucero ya no está el Gallito,
pues su antiguo dueño, César Hernández,
lo trasladó un poco más arriba,
en la misma calle, justo a tiempo para que se
lo confiscaran. Ahora es un comedor para ancianos
que pelean diariamente por un plato de chícharos.
El Danubio Azul es más bien una laguna
oxidada, con mucha porquería en venta,
donde se oferta colonia del callejón a
precio de Chanel.
El hotel Europa hace tiempo cerró, por
derrumbe. La compañía de ómnibus
desapareció por arte de magia. En su lugar
hay un pequeño establecimiento que vende
raciones de pollo a un dólar y centavos.
¡Son pollos raros! No tienen pechuga, y
sí un alto rendimiento. Con uno toma sopa
una familia durante una semana. A ese precio no
podía ser de otra manera.
La antigua fonda de los chinos de al lado también
voló como Matías Pérez, con
los chinos incluidos. En su terreno hay un gimnasio
que se cae a pedazos, y que funciona como burdel
informal.
La estructura del antiguo comercio de Miguel Fung
sobrevivió, pero ahora sólo venden
los productos de la libreta de racionamiento.
El antiguo restaurante Oriental, tampoco tiene
mucho que vender.
Y como esta historia tiene sabor a poco, lo mejor
es no continuar por hoy. Espero que en el futuro
este pueblo sea como los pañales desechables:
que no lo cagan dos veces.
|