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SOCIEDAD
50 años no es nada
Yosvani Anzardo Hernández
HOLGUÍN, Cuba - Marzo (www.cubanet.org)
- Después de escuchar el tango de Gardel-Lepera
se siente un soplo de vida. Hasta hoy nunca entendí
la letra. ¡Corajudo Gardel! Decir que veinte
años no es nada. Y es una vida. Y ahí
está la cosa, el tiempo vuela, que es a
lo que el tango se refiere.
En el parque Las Américas, de San Germán,
provincia Holguín, hay personas que aseguran
que el tiempo no existe. Allí hay dos bancos
que pertenecen a un grupo de hombres mayores por
derecho de conquista.
Con más testículos que un berraco
viejo me acerqué y pedí permiso
para sentarme. Uno de ellos me miró y dirigiéndose
a los demás preguntó:
-¿De qué familia es?
-Es el nieto de Israel -le respondieron.
-Ah, bueno -dijo volviéndose a mí-.
¿Heredaste la llave entonces?
-Sí -le dije.
-Puedes quedarte, cierra los ojos que nos vamos
de viaje.
Sin dudas el viejo era un jodedor. Continuó
hablando y así comenzó un recorrido
por el recuerdo que me permitió vivir una
época que no conocí. Cuando abrí
los ojos el parque no era igual.
Los bancos tenían techo natural con flores
rojas. Lo construyó Don Miguel Cervera
Fallas de Gutiérrez, dueño de la
asociación que lleva su nombre. También
el central, que antes se llamaba Fidelidad, o
sea Fidelity Sugar Company.
Su casa está al lado de la de Alejandro
Sueros, un señor que tiene caimanes en
el patio de una propiedad que posee en La Habana.
Pero aquí lo que tiene, junto a Cervera,
es un jardín atendido por un japonés
que berrea como un chivo cuando le dicen que es
chino.
Salí del parque, subiendo por el crucero,
y en el Gallito, un restaurante de comida rápida,
conversé con Lorenzo Gelpi, periodista
y dueño del diario La Voz, quien dice que
Mir, propietario del periódico El Delirio,
a pesar de ser su competidor, es también
su amigo. Y que junto a Joaquín Rodríguez,
un ex vendedor de viandas y ahora representante
de Bacardí, se toma unas cervezas todos
los fines de semana en el bar del hotel Europa,
de Pancho Martín.
Dice, además, que la farmacia de Joaquín
sacó un nuevo preparado contra el catarro,
que engorda las piernas de las mujeres y les para
las nalgas. Y en las farmacias de Frías,
Muñiz, Cuco Luciano y la de la compañía,
aseguran que harán un preparado mejor y
más barato.
Cruzando la calle está la tienda El Danubio
Azul, del gallego Ricardo Gómez. Al frente
vemos el hotel de madera de dos plantas, propiedad
de Arturo García, y donde Crespe tiene
la dirección de su compañía
de ómnibus, que viaja a La Habana. Al lado
está la fonda donde se comen los mejores
bistecs del mundo. Dicen que son de cocodrilos.
Seguí caminando y llegué al comercio
de Miguel Fung, que vende maravillas para hacer
regalos. Quiere casar a su linda chinita María
(que no habla ni hablará nunca español)
con Rafael Chan, un coreano joven y bien parecido
que dentro de 50 años, o sea, allá
por el 2007, dará de qué hablar
por su vitalidad y ganas de vivir.
El cura Lence me saludó con la mano al
pasar en su pisicorre por la esquina del Oriental
(otro restaurante chino). De él se dice
que debajo de la sotana lleva un par de pantalones
tan bien puestos que definirán su vida
y la de toda su familia en el futuro.
Con el cura va José Manuel, negro y dueño
de la orquesta que ameniza las fiestas del Unión
Club, sociedad gallega cuyo recinto fue construido
por Amador Rodríguez, abuelo del que será
dentro de 20 años el Gran Maestro de ajedrez
más joven del mundo.
Pero bueno, terminemos por hoy, que el tiempo
vuela. Y aunque ustedes no lo crean, todo esto
me causa dolor en un lugar que no puedo decir.
Pero si me dejan, otro día les haré
la historia de estas personas y de muchas que
constituyen la memoria perdida de un pueblo fantasma
que un día volverá a existir.
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