PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 28, 2007

SOCIEDAD
Yoel no es un bicho raro

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Yoel vive hacinado en una pequeña casa de madera en el municipio Arroyo Naranjo, invadida por el comején, declarada inhabitable e irreparable.

Yoel dormía sobre una colchoneta en uno de los rincones de la casa. Recién se había divorciado. Un día decidió no tenerle miedo a la vida y declaró al mundo que era gay. Como altruista que era empezó a donar sangre voluntariamente.

Un día llegó a su casa la enfermera de la localidad para anunciarle que era portador del VIH. La noticia no lo sorprendió. Ya estaba preparado. Su pareja estaba contagiada hacía años.

Al día siguiente, al regresar del trabajo, en su barrio todos lo miraban como un bicho raro. Yoel se percató de que la noticia se había esparcido y se sintió diferente. Pero sólo le preocupaba el criterio de sus ancianos padres.

Fue atendido por la epidemióloga municipal, Bárbara Venegas, quien le comunicó que debía ingresar de inmediato en el sanatorio. Pasaron los días y Yoel se presentó solo en el hospital. La epidemióloga se sorprendió al verlo. Era uno de los pocos que iban por su propia voluntad. Yoel supo entonces que Bárbara se encontraba al frente del programa VIH/SIDA a nivel provincial.

A Yoel le prometieron una vivienda que reuniera las condiciones para vivir decentemente. Muchos funcionarios del gobierno pasaron por su hogar prometiendo sin cumplir, hasta que Yoel los expulsó.

Una tarde sintió un fuerte dolor en la garganta. Fue al hospital Miguel Enrique. El médico que lo atendió, cuando supo que el paciente era portador del virus del sida, se puso tres pares de guantes, el gorro, el naso buco y ropa aislante. Yoel preguntó si lo iban a operar. El doctor le respondió que debía trasladarlo al Instituto Pedro Curie.

En la camilla, el médico lo tapó con una sábana que en sus bordes tenía grabadas en letras negras las siglas del virus. Yoel no soportó la humillación. De un tirón se despojó de la sábana y esperó hasta el día siguiente la ambulancia que no llegó. No tuvo más opción que regresar a su hogar. Otra vez confirmaba que la sociedad lo rechazaba. Se volvió a sentir un bicho raro y en extinción. Aún así no se ha dejado abatir.

Yoel vive en la actualidad con Heiner, alguien que está sano, pero que no le teme a la enfermedad. En él ha encontrado el amor y comprensión que necesitaba para sonreírle a la vida.


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