|
SOCIEDAD
Yoel no es un bicho raro
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) -
Yoel vive hacinado en una pequeña casa
de madera en el municipio Arroyo Naranjo, invadida
por el comején, declarada inhabitable e
irreparable.
Yoel dormía sobre una colchoneta en uno
de los rincones de la casa. Recién se había
divorciado. Un día decidió no tenerle
miedo a la vida y declaró al mundo que
era gay. Como altruista que era empezó
a donar sangre voluntariamente.
Un día llegó a su casa la enfermera
de la localidad para anunciarle que era portador
del VIH. La noticia no lo sorprendió. Ya
estaba preparado. Su pareja estaba contagiada
hacía años.
Al día siguiente, al regresar del trabajo,
en su barrio todos lo miraban como un bicho raro.
Yoel se percató de que la noticia se había
esparcido y se sintió diferente. Pero sólo
le preocupaba el criterio de sus ancianos padres.
Fue atendido por la epidemióloga municipal,
Bárbara Venegas, quien le comunicó
que debía ingresar de inmediato en el sanatorio.
Pasaron los días y Yoel se presentó
solo en el hospital. La epidemióloga se
sorprendió al verlo. Era uno de los pocos
que iban por su propia voluntad. Yoel supo entonces
que Bárbara se encontraba al frente del
programa VIH/SIDA a nivel provincial.
A Yoel le prometieron una vivienda que reuniera
las condiciones para vivir decentemente. Muchos
funcionarios del gobierno pasaron por su hogar
prometiendo sin cumplir, hasta que Yoel los expulsó.
Una tarde sintió un fuerte dolor en la
garganta. Fue al hospital Miguel Enrique. El médico
que lo atendió, cuando supo que el paciente
era portador del virus del sida, se puso tres
pares de guantes, el gorro, el naso buco y ropa
aislante. Yoel preguntó si lo iban a operar.
El doctor le respondió que debía
trasladarlo al Instituto Pedro Curie.
En la camilla, el médico lo tapó
con una sábana que en sus bordes tenía
grabadas en letras negras las siglas del virus.
Yoel no soportó la humillación.
De un tirón se despojó de la sábana
y esperó hasta el día siguiente
la ambulancia que no llegó. No tuvo más
opción que regresar a su hogar. Otra vez
confirmaba que la sociedad lo rechazaba. Se volvió
a sentir un bicho raro y en extinción.
Aún así no se ha dejado abatir.
Yoel vive en la actualidad con Heiner, alguien
que está sano, pero que no le teme a la
enfermedad. En él ha encontrado el amor
y comprensión que necesitaba para sonreírle
a la vida.
|