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REPRESION
Un poeta comprometido
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) -
Raúl Rivero (Morón, 1945) era un
poeta consagrado por premios y ediciones cuando
firmó en 1991 la Carta de los Diez,
junto a María Elena Cruz Varela, Manuel
Díaz Martínez y otros escritores
que decidieron escribir sin censura, lo cual fue
tomado como un desafío por las instituciones
culturales del régimen cubano. Desde entonces
integró la nómina de los intelectuales
perseguidos por la policía política.
En la primavera de 2003 lo condenaron a 20 años
de cárcel por su labor como periodista
independiente.
Rivero había sido redactor del semanario
cultural El Caimán Barbudo y de
la revista Cuba Internacional. Ejerció
varios años en Moscú como corresponsal
de la agencia Prensa Latina. Sus poemarios Papel
de hombre (1969), Poesía sobre la
tierra (1972) y Cierta poesía
(1982) fueron distinguidos por los premios David,
Julián del Casal y 26 de Julio, respectivamente.
Su aval poético y periodístico favorecieron
la edición de otras obras suyas que aún
permanecen en la Biblioteca Nacional y en la bicentenaria
Biblioteca de la Sociedad Económica Amigos
del País, sede del Instituto de Literatura
y Lingüística, donde localicé
recientemente 9 de sus libros, todos anteriores
a 1991.
Conocí a Raúl Rivero en marzo
de 2001 en el Barrio Chino de La Habana. Nos presentó
un amigo común que colaboraba con él
en la agencia de noticias Cuba Press, fundada
en 1995 por Raúl para que el mundo conociera
la patética realidad insular y contribuir
al nacimiento de pequeñas agencias informativas
al margen del control estatal. El poeta y periodista
me pareció un hombre sabio y sencillo,
con un humor desbordado y un espíritu satírico
que confirmé luego en su libro de crónicas
Lesiones de historia. No volví a
ver al verlo. Ahora lo evoco desde su Puente
de Guitarra (México, 2002) y Recuerdos
olvidados (Madrid, 2003), poemarios de madurez
que avalan su compromiso con la poesía
cubana y con las circunstancias vitales y sociales
que inspiran su pluma.
En Puente de guitarra -como advierte
José Prat Sariol desde México- Rivero
"fortalece la paradoja entre la filosa herejía
y la suave ternura que siempre ha caracterizado
su timbre. Frente a confinamientos y proscripciones,
los reales y virtuales versos de su puente atemperan
el tono lírico y épico. Duelen porque
le duele, encantan porque le encanta, sugieren
una autenticidad porque son auténticos
acordes de un hombre honrado, cuyo talento suena
bien porque siempre ha sido independiente".
La melodía cercana de estos versos es
una especie de catarsis personal sin euforia ni
verborrea. Evocan el amor y las frustraciones,
la soledad, el miedo y la incertidumbre, los sueños
y las técnicas de acoso de esos policías
que "se infiltran en mis redes afectivas".
En ellos, el poeta renuncia "al suplicio
de una máscara" porque "el ardor
va en la memoria / y la llaga no es un punto en
el cuerpo / sino un país donde se ha prohibido
la armonía".
En tono coloquial, mesurado y expresivo que
nos recuerda los versos medulares de Virgilio
Piñera y Heberto Padilla, Raúl Rivero
nos regala poemas de gran valor ético y
estético. Es el caso de "Orden de
registro", "Regreso a Tiananmen",
"Recomendaciones" y "Acta de destrucción".
El poeta satiriza la servidumbre, reniega de sus
viejas máscaras y de las medallas de amanuense,
pues le asusta "la alegría programada"
por un dictador que "trajo el circo".
El otro poemario, Recuerdos olvidados,
cuenta con un excelente prólogo del también
poeta insular Manuel Díaz Martínez.
Los recuerdos de Raúl Rivero recrean la
fugaz música de su propia existencia a
través de versos alusivos, irónicos
y satíricos, que reviven los fantasmas
y espejismos del sobresalto cotidiano.
La denuncia social sin estridencia es un valor
añadido a estos versos sorpresivos y sugerentes.
En esa cuerda lírica se inscriben "Murallas",
"Trámite de júbilo", "Elogio
de la apertura" y "Sin censura".
En "Muralla" evoca uno de los actos
de repudio de los que fuera víctima en
su casa de Centro Habana. El poeta grafica el
"horrendo albedrío del cimarrón:
las antorchas, las catapultas, los perros y los
pastores (oficiales de la policía política).
Quieren que me maten el miedo y el dolor /
pero Blanca y yo / tenemos compromisos con otras
agonías.
En "Elogio de la apertura", las metáforas
contextualizan la situación cubana: "Cerrar
una puerta no es un acto inocente / Hay mucha
maldad en esa coreografía. / El pecado
es mayor si se ponen los cerrojos / los enemigos
están dentro."
El poeta y periodista Raúl Rivero, exiliado
en Madrid desde su excarcelación, ha recibido
el reconocimiento internacional por su obra y
por su voluntad de escribir sin mandato. Sus crónicas
y poemas circulan por el mundo en una decena de
lenguas antiguas y modernas. Sus versos aparecen
en diversas antologías de poesía
cubana. Difundir en intramuros su legado artístico
y humano es apostar por la libertad de expresión.
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