PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 27, 2007

SALUD PUBLICA
Las tribulaciones de un tratamiento

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Cuando pretendemos aliviar un dolor, podemos provocarnos otros. Algo así experimentó Margarita, la esposa de Juan Domingo.

Margarita, con sus 60 años y un pico en las costillas, dedica las mejores horas de sus días a vender maní y varitas de caramelo de fabricación casera en una parada de ómnibus de la Calzada de 10 Octubre, sitio apropiado para vender su mercancía, pues el tiempo que los pasajeros deben esperar por el transporte, lo pasan chupando caramelos o mascando maní.

Pero lo que nos interesa es que la caminadera de Margarita con su mercancía a cuestas provocó un dolor persistente en sus piernas cansadas de ex obrera textil jubilada de Ariguanabo. A pesar de la molestia, Margarita continuó en su recorrido cotidiano, en contra de los consejos de Juan Domingo, y el asunto desembocó en la cola del consultorio del médico de la familia. Allí, echó buena parte de la mañana. Cuando salió de la consulta llevaba en la mano un montón de papelitos: las indicaciones para los análisis clínicos necesarios.

Justo antes del próximo amanecer, se levantó y marcó en la cola del laboratorio de la policlínica cercana. Dejó las muestras necesarias y extendió el brazo para la extracción de sangre. A los dos días pasó a recoger los resultados y volvió al tercero, a la cola del consultorio del médico de la familia con los resultados. Después que el galeno los revisó y la interrogó sobre la persistencia del dolor que la hacía cojear, escuchó el dictamen:

-Margarita, tienes una neuropatía. Eso es por falta de vitaminas B y te voy a mandar 4 sesiones de láser en las piernas para que desaparezca el dolor y te cures. Las vitaminas las encontrarás en la farmacia y en fisioterapia te darán el tratamiento con láser.

Márgara se despidió del médico renqueando, pero agradecida.

Al otro día marcó temprano en la cola de la sala de fisioterapia de la policlínica. Ahora esos centros cuentan con una flamante sala de fisioterapia con los aparatos necesarios. Luego de 40 minutos le tocó su turno y penetró en el pequeño gabinete de aplicaciones de láser. Una joven la acogió con dulzura:

-Mi vieja, se sienta aquí y me espera un ratico.

Esperó 30 minutos. Al regreso, la excusa fue tan tierna como la acogida:

-Perdone, pero fui a buscar la merienda.

Comenzó el tratamiento, sacó el aparato muy parecido a una pistola y dijo a la paciente "No mire la lucecita, por favor". A Margarita, como no sentía nada, solamente un calorcito sabroso, le dio por mirar (curiosidad unida a desconfianza, cosa de viejos) y se percató que la muchacha, con los ojos tapados con una mano, apuntaba hacia su cadera y no hacia la zona que le dolía realmente.

-Mi hijita, ¿y dónde tú me das las aplicaciones? Ahí no es donde me duele.

Sin destaparse los ojos, la enfermera respondió:

-No se preocupe que luego bajo hasta la zona adolorida.

Margarita entonces destacó el hecho de que con los ojos tapados no podía ver dónde daba las aplicaciones de láser. No obstante, la enfermera replicó como justificación, siempre sin perder la ternura:

-Mi vieja, el problema es que las caretas para evitar daño en la vista no han llegado, ¡y yo no quedaré con los ojos fastidiados cuando usted se cure de las piernas!

Avisaron a gritos a la enfermera de una llamada por teléfono, y apareció un joven a sustituirla. Minutos más tarde, una voz de mujer con tono ejecutivo, llamó al joven y entró otro para continuar el tratamiento. Cada vez que entraban los sustitutos de la enfermera todos se tapaban los ojos y apuntaban el aparatito hacia un lugar diferente. Margarita soportó todo con resignación cristiana.

Una vez terminado la sesión, la señora tuvo suficiente, pasó a ver a su comadre Cristina, que le regaló un poco de pomada para dolores Iodex, que le envió la hija de Miami. Ya resolvería Margarita lo de sus dolores, pero concluyó que padecimiento aumentaría si seguía en esos tratamientos con tan buenos aparatitos, pero con técnicos muy despreocupados.


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