| SALUD
PUBLICA
Epidemia a la vista
Jorge Olivera Castillo LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org)
- En apenas 400 metros de recorrido pude observar cuatro salideros de aguas limpias,
dos de residuos albañales y una docena de cráteres, en su mayor
parte convertidos en lagunas. No me atrevo a afirmar que sea el primero,
pero la Habana Vieja es uno de los municipios de la capital que más aporta
para el -muy posible-desencadenamiento de otra epidemia de dengue. Ya
se viene anunciando desde el oficialismo. El riesgo de una nueva invasión
de Aedes aegypti es alto, algo que se añade a la lógica de un país
en bancarrota y en franca involución hacia zonas donde la incivilidad riñe
con la apatía. Nadie obedece. La mayoría opta por poner
en la vanguardia los instintos. Razonar es un lujo que se mira con recelo, una
instancia perdida en el bosque de las necesidades. Encontrar un plomero con vistas
a reparar una avería hidráulica es lo mismo que empeñarse
en obtener manzanas de la corteza de un cactus. Si se espera por el servicio
estatal para resolver la situación, es recomendable alquilarle la paciencia
a un chino. Lo más probable es que el cliente termine en manos de la ansiedad,
y si carece del debido control, ¡a consumirse en las llamas de la ira!
Al final aparece un adalid del multioficio que apenas da cobertura a una
transacción aceptable. No pocas veces con el anuncio del precio se acaban
las esperanzas de una reparación que puede llevarse a la práctica
con piezas sustraídas fraudulentamente de algún almacén.
Y la disposición de ejercer el oficio al margen de las rígidas leyes
laborales. Esto es sólo la muestra de una cotidianidad que lleva
de montura el azar, de riendas la zozobra y el aura gris de la tormenta como telón
de fondo. ¿Qué le puede importar a un ser humano que no cuenta con
transporte ni para ir al trabajo, le exigen puntualidad y le pagan como promedio
12 ó 13 dólares al mes? Nada, no le importa nada. ¿Es
normal divertirse con saber que los productos de la libreta de racionamiento solo
cubren un tercio de las necesidades del mes? ¿Le es posible conservar la
ecuanimidad a alguien que aún mira la televisión en blanco y negro,
en un aparato ruso de hace más de 30 años, y habita en una pocilga
a punto de transformarse en escombros? El cubano, sin proponérselo,
se defiende de un sistema que le exige una enorme cuota de sacrificios a cambio
de nada o muy poco. Una de las armas es la indiferencia. Si hay salideros, no
es su problema. Si el basural en la esquina adquiere dimensiones de escándalo,
pues que siga creciendo. Si falta el agua en la casa, no importa, la orina de
la familia se recolecta en una envase y se vierte, con discreción, en algún
sitio del barrio. Para las defecaciones basta un pedazo de la prensa escrita,
una bolsa de nylon, y a la basura. Así se les garantiza el liderazgo
a mosquitos, moscas, chinches, guasazas, pulgas, ladillas y cuantos insectos existan
sobre la tierra. Éste verano se pronostica más tórrido que
el precedente, un detalle de mal agüero que vendría a ser el detonador
de un brote epidémico. De la higiene, ni asomos. De la toma de
conciencia ciudadana para evitar un mayor resquebrajamiento del medio ambiente,
ni hablar. Una buena parte de los más de 2 millones de capitalinos continúan
entrampados en las redes de la sobre vivencia y no encuentran tiempo para atender
las lecciones de urbanidad ofrecidas por los medios de difusión y las organizaciones
sociales. El aviso ha llegado- con premura- justo al lado de una primavera
que arde sin contención. El Aedes aegypti, desde charcos y basurales, planea
sus ataques. Ya lo hace en pequeña escala. Dentro de pocos meses saldrán
en legiones a poner en entredicho la potencialidad de la salud pública
en Cuba. Todo parece indicar que tendremos dengue el próximo verano.
¿Cuándo vendrá a picarnos la democracia?
|